Sábado, 14 de diciembre de 2019

Faenas de campo

Es tiempo de herraderos y tientas y del test de selección que haga el ganadero salen los productos que años después veremos en las plazas
Una faena campera

En prácticamente todas las ganaderías de bravo han comenzado herraderos y tientas, esas labores primitivas que, como bien saben, consisten en primer lugar en grabar con hierro y fuego números y marca de la casa quedistinguirán al animal mientras viva. Hembras y machos tendrán nombre en un bautismo de dolor imprescindible.

La tienta es la prueba o ensayo a la que anualmente se somete a las vacas jóvenes, para poder juzgar casta, nobleza, resistencia, mansedumbre, etcétera, con el fin de destinarlas a la reproducción. Del test de selección que haga el ganadero salen los productos que años después veremos en las plazas. ¡Y, esa es la cuestión! Porque según qué ganaderos, su forma y criterios de entender el proceso de selección, sus exigencias, sus asesores, sus caprichos, incluso, su tozudez u otros intereses, pueden llevarle a dejar en su finca lo menos granado e interesante que esa seleccionada vaca puede parir.

Tengo entendido que, años atrás, se enviaban al matadero hasta el 60% de animales probados; hoy no se consiente sacrificar más del 10%. ¿Qué ocurre? Pues que vale casi todo, y que un gran porcentaje (salvo excepciones, que las hay) se selecciona y se escoge al revés. La vaca que repite, tiene picante, está encastada y aprieta, se va al matadero. Porque hoy la vaca debe hacer otras cosas, ha de ser suave, dulce, buena para el torero, con poca fiereza y genio, para que sus días no estén contados, sobre todo si en la ganadería tienta la figura de turno.

Para muchos estaré equivocado al exponer tales argumentos y es posible que así sea. No pocos ganaderos han advertido de este peligro, será difícil retornar a los orígenes más puros. Otros seguirán pasando por el rodillo  abusivo para satisfacer intereses comerciales de “taurinos” y virtuosas figuras que quieren hacer o han hecho ya, una fiesta a su antojo. Ahora las plazas, se encuentran sin vida, la vida se ha trasladado al campo.

Prácticamente están cerradas todas las plazas de toros. La campaña taurina terminó en España y muchos de nuestros matadores marcharán para proseguir toreando en las plazas de las ferias americanas, compartiendo cartel con aquellos toreros y estoqueando toros nativos de aquellas tierras lejanas de habla hispana. Se trata de ferias cortas, donde realmente, salvo algunas plazas de relieve como la del toreo en México,  no cabe esperar novedad importante, ya que los carteles se forman con diestros ya valorizados, que alternan con toreros de aquellas tierras, donde algunos adquirieron más o menos nombradía en los ruedos españoles.

Comienza el parón taurino propio de la estación invernal. Son fechas en las que dan comienzo las tareas propias del campo, tanto herraderos como tientas están en todo su apogeo en las fincas. Todos nos apartamos un poco del mundillo alborotador que traen consigo las ferias. Así, ahora también nos ocuparemos de repartir los  premios de la campaña torera, en uno y otro punto del territorio ferial taurino.

Pocas, muy pocas cosas cambian en este conglomerado taurino, donde los comentarios que tienen algún saliente son de poca monta, de pequeño vuelo, de conjeturas, de baja responsabilidad y trascendencia, donde se ponen de manifiesto todos nuestros desencantos, el ninguneo, el ya lo dije yo, y otros etcéteras del mismo estilo.

Llega este paréntesis de la actividad taurina, propio de la estación invernal (que se nos antoja más que prolongada, sobre todo por estas tierras). Se dice que es tiempo de reflexión, de poner orden, sosiego, descanso y recogimiento, de vivir y respirar sin la incertidumbre de la espera. ¿Y será verdad?