Los "sans-culottes".

Con los años he aprendido que nunca debes fiarte de los “creyentes”. De aquellos que prescinden de la razón y se fían de las creencias. Más pronto que tarde, algunos listillos se aprovechan de su ignorancia. En el colegio religioso en el que estudié, el padre catequista nos decía: “La Fe en lo que no se ve sólo se siente en el corazón”.

Ese buen señor tenía algo de razón. La mayoría de las “cosas” no las vemos y, sin embargo, sabemos que existen con la cabeza. Que yo sepa el corazón se dedica, por ahora, a bombear sangre.  El conocimiento fue desplazando a la creencia. En la actualidad, los milagros se han refugiado en algún proceso estocástico. “¡Milagro, me tocó el gordo!

Cerca del Corte Inglés, en Raimundo Fernández Villaverde, tres o cuatro Testigos de Jehová, pretenden explicar el mundo a través de las narraciones bíblicas. Admiro su militancia. Escribía Bonhoeffer, pastor protestante ejecutado por el nazismo: “¿Qué pasará cuando el mundo se explique por si mismo?” Hemos llegado a ese punto. Atrás quedaron los mitos.

Bonhoeffer añade: “lo único que justifica son las obras”. ¿Qué obras? Las obras pasaron, pasan y pasarán por reconocer la otredad. Lo más inteligente y científico reside en tal actitud ética. Hace días un viejo compañero de cárcel me escribía: “al final, la solidaridad es lo único que permanece”. Él, siempre, se consideró un “ateo”.

Hoy en Occidente, dicen los expertos, pasamos por una seria, grave, crisis de identidad. Cuando hablan de “identidad” no se bien a qué se refieren. ¿Quizás, a la judeo-cristiana? No lo comparto. Si fuera así, esa crisis empezó en el siglo tercero con el emperador Constantino. Opino, más bien, que la tal “identidad” hace referencia a una forma de convivencia llamada “democracia”. En efecto, la democracia está en crisis.

Democracia: “sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes”. ¿Acaso tal forma de gobierno se da en Occidente? ¿En el llamado “mundo libre”?  Respuesta: El 0.7% de la población mundial, la cual representa cerca de 34 millones de personas, posee el 45.2% de la riqueza global, mientras que 71% de la población cuenta solo con 3% de la riqueza mundial. Esto quiere decir que el 1% más rico tiene tanto patrimonio como todo el resto del mundo junto. En España: el 1% de la población más rica concentra una cuarta parte de la riqueza (25,1%), casi lo mismo que el 70% de la población (32,1%). Pregunta: ¿Quién manda? ¿Esa minoría nos representa, defiende nuestras demandas? ¿Se puede controlarlos? Por citar algo de bibliografía: lean a Chomsky.

En efecto, la democracia está en crisis. Las gentes han dejado de “creer” en las instituciones. Muchos factores provocan tal desencanto. Las gentes se sienten confusas. Nos sentimos confusos. Algunos se refugian en la convicción y prescinden del ejercicio de la sana crítica. Los eslóganes les seducen. Ha llegado el momento de las perversas ideologías. A más autoritarismo, menos dudas. Cuanta más emoción, menos conocimiento. Los que están arriba lo saben y les manipulan. Les tratan como a los “hinchas” de un equipo de futbol. Banderas de cien metros de largo se despliegan en la Plaza de Colón al grito de: “¡soy español, español”, “! a por ellos ¡” o soy “el novio de la muerte”.

Vuelven los viejos tiempos casposos. Los llenos de ignominia. La “Patria” ha dejado de ser una casa común. Afuera, quedan la inteligencia, la disidencia, la cultura y el menesteroso. Adentro, el privilegio y la certeza. Medrarán un tiempo. Traerán mucho sufrimiento. No pasarán, quedarán por el camino. Hasta ahora, la historia siempre la han escrito los sans-culottes. Sin duda, perdieron infinidad de batallas, pero nunca la guerra.