Jueves, 21 de noviembre de 2019

El debate: ocurrencias, 'fakes' y propuestas

Protagonistas del debate electoral del pasado lunes
Uno espera que en un debate electoral los candidatos se dediquen sobre todo a exponer sus propuestas, a ser posible fundadas en datos verídicos o plausibles, y que, antes de interpelar o atacar a los adversarios, busquen puntos de consenso con ellos, pues se supone que comparten algún interés común, siendo conciudadanos. Algo especialmente conveniente después de tantos meses de bloqueo.
 
A la vista el debate a cinco del pasado lunes en TVE parece claro que los intervinientes no comparten mis criterios. La prensa ha denunciado no menos de 18 falsedades en él, junto a abundantes medias verdades o afirmaciones matizables, que serían casi todas. No es verdad que desde el tercer trimestre del 2008 se hayan creado 500.000 puestos de trabajo (Sánchez) o tres millones durante el último gobierno del PP (Casado); no es cierto que Ana Pastor pusiera en práctica la tarjeta sanitaria única (idem); no lo es que Abascal "trabajara" cuatro meses en un chiringuito inútil de la Comunidad de Madrid (estuvo nueve); es mentira que no se haya reducido –aunque no mucho– el número de mujeres asesinadas con la Ley contra la violencia de género o que el 70 % de los miembros de las manadas sea extranjero (Abascal)... No seguimos y nos quedamos con la duda de si estas falsedades se dicen por desconocimiento o de mala fe. Como lo de rectificar públicamente no reza por estas latitudes, ahí quedan los bulos, hasta la próxima dosis de ellos.
 

El capítulo de ocurrencias fue muy nutrido. Si las vemos como toda aquella propuesta con pocos o ningún viso de éxito, las hubo para dar y tomar y ahí podríamos incluir casi todo lo que planteó el neofranquista. Pero también caen del lado de Rivera, auténtico virtuoso del show mediático.

Lo de sacar el ladrillo roto, rollos de papel interminables o rótulos varios no pasan de ocurrencias y, por su exceso gestual, desvirtúan lo que pretende respaldar. En especial esto vale para el muestreo de fotos. Paradójicamente, éstas, a pesar de su aparente veracidad, mienten si con una de ellas se pretende desacreditar la gestión de otro. La imagen da cuenta de un solo momento, pero una obra es cosa de años y a una foto se pueden contraponer otras de contenido distinto o contrario.

Vi más propuestas saliendo del atril de UP. Puesto que buena parte del debate giró en torno al "desafío catalán" me quedé con la idea de que es un problema sólo superable con la negociación como método y dando marcha atrás en esta carrera divergencias e improperios mutuos. No es razonable pensar que solo con medidas policiales, penales o de recortes de autonomía vaya a invertirse este proceso. Es lo que se viene practicando desde hace años con el único resultado de agravar la situación.

Una vez más lo recuerdo y lo repito: el gobierno de la II República se encontró con una situación en Cataluña tan grave o más que la que hoy existe, pero supo encauzarla con grandes dosis de comprensión, que permitieron arbitrar soluciones consensuadas en una primera fase. Claro que por medio había políticos de la talla intelectual y moral de Azaña. Luego vino Franco y eliminó las autonomías, prohibió el uso oficial de idiomas no castellanos  e impuso por la fuerza la “unidad nacional”, algo de lo que no están muy lejos algunos ahora.

En todo caso, una campaña electoral induce a simular y disimular actitudes y propuestas políticas, que luego la fuerza de los votos obliga a replantear. El domingo saldremos de dudas.