Jueves, 6 de agosto de 2020

Que falta hacía

Con la opinión de César García completamos la crónica del Salamanca UDS 3 – Barakaldo 0, que vuelve a aproximar a los charros a los puestos de promoción de ascenso, tras la 11ª jornada

Once del Salamanca UDS ante el Barakaldo. Foto de Lydia González

Después de una semana tan convulsa, por la salida de Cortés y otras cuestiones, era importante sumar los tres puntos con el fin de calmar los ánimos y dar más tranquilidad a la familia blanquinegra, a la espera del nuevo técnico. Estos son mis apuntes del Salamanca UDS 3 - Barakaldo 0, que aproxima a los charros a los puestos de promoción de ascenso.

No es normal

Antes del partido de este sábado, un aficionado de Preferencia decía que en esta temporada el equipo sólo gustó en la primera jornada, cuando se debutaba sin técnico en el banquillo. Y al final del encuentro, otro seguidor de la misma zona, afirmaba: “Se ve que juegan mejor cuando no hay entrenador”.

Casualidades o ironías de este loco mundo del fútbol, pero el caso es que el partido más intenso de los blanquinegros fue el Salamanca 3-Arenas 1 y la mayor goleada este 3 a 0 ante el Barakaldo, aunque esta vez se tiró de oficio, efectividad y, todo hay que decirlo, un poco de suerte.

La cara y la cruz

La llegada de Sergio Molina ha coincidido con la mejoría del equipo y es que su labor en el centro del campo le da más sentido al fútbol del Salamanca. Sin embargo, me hubiera gustado verlo con Antonio Amaro al lado desde el principio y no con Jehu Chiapas, que no está en su mejor momento y aunque nadie le discute su entrega, los numerosos errores que comete lo alejan del rendimiento al que nos tenía acostumbrados.

En el plano negativo es obvio que tampoco fue el día de One, que dejó al equipo con 10 por una falta innecesaria. Y en el polo opuesto destacaría el buen trabajo de Carpio y de Borja en la zaga, el sacrificio y la ambición de Tirlea o el oportunismo de Gio que, una vez más, volvía a rentabilizar sus minutos, provocando un penalti que sirvió para redondear la cuenta de los locales.

Finalmente, me quedé con ganas de ver algo más de De Lucio, aunque está claro que tiene hambre de éxito y esa es la mejor tarjeta de presentación.

Fiesta y algo más en la grada

Teniendo en cuenta que el partido se encarriló pronto, con el 1-0 de Carpio a los 17 minutos y el segundo, en propia puerta, a los 23, el ambiente en la grada fue más relajado y festivo, con saludos entre las distintas zonas, cánticos para recordar a Pablo Cortés e incluso un llamativo montaje con la luces de los móviles por todo el estadio.

Sin embargo, pude comprobar que la paciencia de parte de la hinchada se agota con el exceso de toques entre los defensas y con las numerosas cesiones al portero, que supongo que serán por orden de Rafa Dueñas, pero que también generan errores graves que, afortunadamente, en este encuentro no se transformaron en goles del rival.

Esto me recuerda una frase de Juanma Lillo que decía “a veces hay que tocar el violín, pero otras el trombón”. Es decir, lo del toque y salir con la pelota jugada está muy bien, pero cuando no es posible, hay que buscar otra alternativa y si hay que lanzar el balón largo, se hace y no pasa nada. Al contrario, tener ambas alternativas te hace menos previsible para el adversario.

La incógnita

Llegados a este punto, habrá que ver si con la llegada del nuevo técnico, que está buscando el club del Helmántico, se mantiene ese estilo o se matiza. También será interesante comprobar que pasa con Chiapas, si se siguen dando oportunidades a los del filial y si se mantendrá el equipo técnico mexicano.

Sea como sea, que después de 11 jornadas, el Salamanca UDS vaya a tener cuatro entrenadores es de récord. Preguntaremos a los del Libro Guinness.

Por esto y por los antecedentes que todos conocemos, invito a Manuel Lovato a reflexionar sobre esto: si un equipo con tanta inestabilidad (tras 11 partidos contará con 4 técnicos) está cerca de la promoción de ascenso, ¿qué será de capaz de hacer cuando la propiedad genera un ambiente propicio?.

César García Hernández / Fotos de Lydia González