Sábado, 23 de noviembre de 2019

Mentiras, manipulaciones y corruptelas

Profesor de Derecho Penal de la Usal

La campaña electoral para las elecciones generales del 10-N no ha hecho más que empezar y ya se vislumbran maniobras de embarrado del campo de juego, de manipulaciones, mentiras y corruptelas en algunas formaciones políticas que lo único que pretenden es derribar al contrario, pero no con lealtad a los principios éticos, sino con el juego sucio, golpeando en la espinilla al contrario para, en argot futbolístico, quitarle la pelota; algo que ha sabido utilizar muy bien el PP en las dos últimas décadas, concretamente desde 2003 hasta 2011, periodo en el que ha quedado acreditado por los tribunales de justicia que –en términos coloquiales- el PP ha ido “dopado” a las confrontaciones electorales, con dinero extra y fuera del control de la Hacienda Pública proveniente de comisiones ilegales cobradas a empresas por adjudicación de contratos públicos, es decir, lo que comúnmente se conoce como la “caja B”.

Y según se ha conocido en las últimas declaraciones como investigada de Esperanza Aguirre, las pesquisas judiciales, en una de las piezas separadas del Caso Púnica, han acreditado que durante la presidencia  de Aguirre, el PP de Madrid no declaró al Tribunal de Cuentas todos los gastos electorales que efectuó  y que se financió ilegalmente con aportaciones de empresarios nunca declaradas a Hacienda y que falseó los gastos de la fundación FUNDESCAM para distintas campañas electorales.

Digo esto porque en los últimos días se ha conocido que varias personas conectadas con el PP por su militancia y desempeño de labores de asesoramiento en esta formación política (gurús políticos), han inundado las redes sociales con noticias engañosas para perjudicar al resto de partidos políticos, sobre todo a los de la izquierda, intentando desmovilizar a sus electores para que no acudan a votar el 10-N, con lo que se incrementaría la abstención en la izquierda política y se beneficiaría al PP. Han utilizado, al parecer, las mismas técnicas que usaron en la campaña de las elecciones autonómicas andaluzas de diciembre de 2018, en las que, efectivamente y a pesar de que el PP cosechó los peores resultados de la historia en esa Comunidad, hubo abstención elevada de electores que tradicionalmente daban su apoyo a las formaciones políticas de izquierda (PSOE ó Adelante Andalucía). También se han usado estas maniobras fraudulentas en las elecciones de USA que dieron la victoria, contra todo pronóstico, a Donald Trump y en las de Brasil que auparon al poder a Bolsonaro.

Llueve sobre mojado en el PP. Y lo peor de todo es que estos políticos piensan que los ciudadanos somos imbéciles. El sistema democrático, en lugar de ser transparente y leal con las reglas del juego, el respeto a la pluralidad, la divergencia y los derechos de los demás, es utilizado únicamente como trampolín para acceder al poder, cueste lo que cueste. Los argumentos se estiran y se encogen a la medida interesada de quién los esgrime. Se forjan políticos ahormados en una determinada forma de ser, pensar y actuar: “…Tú entra aquí, que yo tengo poder para influir en decisiones que te afecten, matricúlate en esto, que te aprobarán, subirás escalones, te auparemos para que seas el jefe y todos te obedezcan, y del pueblo no te preocupes, que los atraeremos con migajas, los engañaremos para que nos elijan y luego haremos lo que nos convenga…”

Y el mensaje político distorsionado y manipulado, también interesa enviarlo a la opinión pública con un doble sentido: positivo y negativo. En el primero de los casos, los discursos van dirigidos a los incondicionales, a los que siempre apoyarán esa formación política, para que, una vez más, acudan y voten, y a los indecisos para que se unan. En el segundo, a los disidentes, a los que votan a otros partidos, a los que reflexionan serenamente y son críticos con los adversarios pero también con los suyos, intoxicándoles con mensajes negativos de esas formaciones que siempre han defendido, a sabiendas de que si acuden a las urnas no les apoyarán, pero si no van, no votarán al adversario y siempre será positivo para los intereses de la formación que lo promueve.

Por tal motivo y, en consecuencia, los ciudadanos, todos, debemos acudir a las urnas cada vez que nos convoquen para dar el apoyo a quienes consideremos más capaces para abordar los intereses generales de la colectividad, para que no nos engañen, para que nos gobiernen con transparencia y ética política. Sólo así, llenando las urnas de papeletas, quienes nos gobiernen estarán auténticamente legitimados para hacerlo; y las formaciones políticas que pierdan, apoyarlos o, al menos, permitirles que gobiernen, sin bloqueos interesados, no coger siempre la parte más ancha del recipiente para ti y la estrecha para el adversario.