Viernes, 22 de noviembre de 2019

La búsqueda del libro definitivo

Por enésima vez, en esta ocasión motivados por la celebración en Salamanca de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, volvemos a hablar sobre el libro. Porque ese objeto, medio, amigo, ser, y otras definiciones que le queramos dar, ha sido y es el principal vehículo de la cultura y el entretenimiento.
Feria del Libro Antiguo y de Ocasión en la Plaza Mayor. Foto de Manuel Lamas

Desconozco quién dijo aquello –seguro que fue un viejo– sobre las apetencias que hacen agradable la vida: “leña vieja para quemar, vino viejo que beber, viejos amigos para charlar y viejos libros para leer”.

Y aunque la vida vaya cambiando y la cultura y el entretenimiento llegue a nuestras vidas de muchas otras formas, pasará mucho tiempo, o quizá nunca, para que el libro pierda su razón de ser o desaparezca.

Miras a los visitantes de la presente Feria o a mí mismo y la impresión que te damos, recorriendo con los dedos índice y corazón una hilera, es la de estar buscando el libro definitivo. Un libro que no existe o, si existe, sería la suma de todos ellos.

Pero nadie va a conseguir que desistamos de la búsqueda, y mientras esperamos ese libro, tomamos magníficos sucedáneos que se acercan al definitivo, libros que los perdimos cuando estuvieron de actualidad o incluso se publicaron cuando ni siquiera habíamos nacido.

Estas ferias son una segunda vida para el libro. Además, es conocido que cualquier ejemplar (¿servir de ejemplo?), por poco interesante que parezca, siempre encierra algo delicioso. Pero la realidad es que el libro es cosa inerte hasta que no llega el lector y lo abre. Este es el déficit que sufre un libro lleno de sabiduría respecto de la pintura o la fotografía expuesta. ¡Cuántos libros quedan condenados al olvido detrás del portarretrato de un familiar legionario! Con todo respeto a los Tercios.

Y con ello no queremos decir que la pintura o la fotografía no nos hablen, sino que el libro, cuando está cerrado, está en desventaja. Y a propósito de esto, de manera anecdótica, en uno de los puestos de la Plaza Mayor, ubicación de la Feria, encontramos a la venta, con todo su esplendor, una gran orla del curso de Derecho 1931-32 –presidida por Unamuno– que por las fotografías nos dice que entre los alumnos solo se halla una mujer. En su honor, se trataba de la alumna María Arias Camisón.

Pero aun así, sin dejar de valorar a la ilustración, desde los cuentos hasta la más juiciosa y sabia filosofía, pasando por la poesía, la historia y la interpretación de la antropología –aparte la observación innata–, todo nos llega y nos ha llegado a través de la escritura y de los libros.

Que la Feria nos visite por muchos años.