Martes, 12 de noviembre de 2019

Con Gerardo Rodríguez, en Castelo Branco

 

El poeta mexicano Gerardo Rodríguez (Foto de Alexandre Pinto Lobo. Beira Baixa TV)

 

Satisfactoria experiencia el volver, una vez más, a la ciudad de Castelo Branco. Debía participar, entre el 17 y el 18 de octubre, en “ROIZ - Encontro de Música e Poesia Luso-Hispano- Americano”, junto a con unos quince poetas de Portugal, la América hispana y España. Pero también debía intervenir en la ceremonia de entrega del I Premio Internacional de Poesía António Salvado – Ciudad de Castelo Branco, un galardón que ayudé a crear y al que me siento entrañablemente unido. Allí estuvo el premiado en lengua castellana, el poeta mexicano Gerardo Rodríguez. Y allí recibió la bella edición de su libro ganador, publicado en edición bilingüe bajo el sello de Editora Labirinto, que desde Fafe dirige Joao Artur Pinto. Para este libro, ‘Poemas de almanaque para entretener marionetas’ escribí un pórtico que ahora reproduzco.

 

António Salvado y Gerardo Rodríguez, con el libro (foto de Jacqueline  Alencar)

 

La reconquista de Gerardo Rodríguez

El mexicano Gerardo Rodríguez, nacido en la capital de los aztecas el año 1960, ha emprendido una discreta travesía de ‘reconquista’ por territorios de Iberia y de la Italia con pasado español, pues su excelente dominio del idioma castellano y su genuina vocación poética le están permitiendo conquistar premios muy apetecidos en ambas orillas del idioma de Cervantes, que es el mismo que allí llevó Cortés. Una primera aproximación fue el accésit del I Premio Internacional ‘Francisco de Aldana’ de Poesía en Lengua Castellana, convocado en Nápoles y otorgado en 2016 por el libro Con los restos del violín / Con i resti del violino, el cual fue publicado en edición bilingüe con traducción al italiano realizada por la profesora y poeta Stefania Di Leo, ilustración de portada del artista cubano Luis Cabrera y poema-proemio de la poeta ecuatoriana Ana Cecilia Blum. Ya era un inmenso logro, pero faltaba lo mejor.

 

Este año, finalizando enero, se alzó con el I Premio Internacional de Poesía António Salvado-Ciudad de Castelo Branco, fallado en dicha ciudad lusitana. El premio correspondió al galardón en lengua castellana y se le concedió por el libro Poemas de almanaque para entretener marionetas. Ya en junio obtuvo, ex aequo, el IV Premio Internacional Francisco de Aldana de Poesía en Lengua Castellana por su libro La última marea borra la sombra de la higuera. A estos galardones se suma el haber quedado como finalista del prestigioso Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador, que se otorga en la Salamanca que es mi Luciérnaga de Piedra.

 

Con este poeta se repite, casi calcado lo que Lucas pone en boca de Jesús: “De cierto os digo, que ningún profeta es aceptado en su propia tierra”. Qué difícil resulta ser reconocido por los propios, bien sea en Ciudad de México o en Nazaret, donde sus paisanos reniegan de aquel que se había criado con ellos. Gerardo Rodríguez es poco o nada conocido (y menos reconocido) donde nació, un país con notables poetas como Nezahualcóyotl o José Gorostiza, pasando por Sor Juan Inés de la Cruz, Amado Nervo, Jaime Sabines, Juan Antonio Montes de Oca o José Emilio Pacheco, por citar algunos que solo están amparados por su Poesía y no por prestigios extraliterarios.

 

Y esto, que para otros podría restar aplausos en torno a un galardón, convierte en especial al premio que lleva el nombre de mi hermano mayor António Salvado junto con el de su ciudad de nacencia. En Castelo Branco, al conceder el premio a Gerardo Rodríguez, nos convertimos en ‘descubridores’ de un magnífico poeta que, como he señalado al principio, ha dedicado un lustro a labrarse una nombradía fuera de su propia tierra. Cuando abrimos la plica, mantenida en custodia por Leopoldo Rodrigues, buen amigo y presidente de la Junta de Freguesia de Castelo Branco, grata fue nuestra sorpresa al comprobar la identidad del ganador.

 

El premio en lengua portuguesa quedó en casa, aunque desde el jurado pensábamos que se trataba de un poeta brasileño, y el premio en lengua castellana hizo una travesía de extramares y fue a parar a manos de este ‘reconquistador’ que trae bien pulido el idioma allí trasvasado.

 

¿Y del libro qué? Nada de farragosas elucubraciones que alejen al lector del fruto a masticar. Sí al menos anotar cuatro versos, para abrir el apetito y para dejar constancia de su mestizaje, no sólo étnico sino también cultural:

 

Para saber quien fui, quien soy, quien nunca alcanzaré a ser,

hasta enrojecerme la voz estoy repitiendo

el verso que para siempre me acompaña:

y en seguida anochece.

 

Claro homenaje a Salvatore Quasimodo que hace nuestro poeta, quien también se pregunta en el libro:Dónde podría estar sin sentirme extraño”. La respuesta se la damos de inmediato: en Castelo Branco, Salamanca o Nápoles.

En Tejares (Salamanca), a 16 de septiembre de 2019.

Alfredo Pérez Alencart

Universidad de Salamanca

 

A​lfredo Pérez Alencart, António Salvado,  Leopoldo Rodrigues, Gerardo Rodríguez

y Luís Correia (foto de Jacqueline Alencar)