Jueves, 14 de noviembre de 2019

Emoción, emoción, emoción 

Se ha convertido en tradición celebrar cada decena de artículos con mis lectores, y estamos ya rozando los ochenta.

Parece mentira. El tiempo vuela y es difícil de envasar. Pero nos da momentos de encuentro imposibles de olvidar.

Ayer, Jueves, 17 de Octubre, a las 7 de la tarde, se inauguraba en el Salón de Actos de la Biblioteca Municipal “José Hierro” de Talavera de la Reina un Rincón que se habilita a la entrada para ir recogiendo mis relatos. Un espacio que propuso crear Dori, su Directora, a raíz de la lectura que realicé en ese mismo lugar el 13 de Marzo.

Aquella propuesta me llenó de sorpresa y de mucha, mucha emoción. Y este sentimiento, lejos de atenuarse, se ha ido incrementando con el paso del tiempo.

Ayer está tan próximo… y todavía mantengo fresco el olor y el calor de los abrazos de las personas conocidas que se acercaron a acompañarme, y las caras de quienes, a partir de ese día empezarán a serlo. Ya imagino los saludos por la calle, y veo sus ojos recorriendo mis escritos. ¡Dicen que se enganchan al leerme!

Un día para la emoción. Algo tan intenso que a veces hace quebrar la voz porque, cuando lo que se siente es fuerte, es muy difícil de ocultar en algún rincón del alma. Y, aunque no se quiera, salta a la superficie, a los poros de la piel que habitamos, y tiñe nuestras palabras.

También, un día para agradecer. Porque nos van construyendo las personas y los lugares que recorren nuestra vida. Porque, cada uno de nosotros, somos el resultado de un proceso.

Recodar a mis queridos padres, por su amor generoso y eterno, y por poner en nuestras manos porciones de cultura. Entre otros, fueron dos libros de mi infancia los que delimitaron, uno, mi amada profesión; el otro, este deseo de escribir. Nunca estaré suficientemente agradecida a todo lo que hicieron por mí.

También a mi compañero de vida, de viaje, a mi marido. Nadie salvo él sabe las horas de más entregadas a mi vocación, que fueron esperadas muy pacientemente. Así mismo, le doy las gracias por saber convivir con tantos pájaros que este oficio, la escritura, hace revolotear en mi cabeza. Sin amar, sin ser amada, yo no escribiría como escribo. Sin amor, no hay creatividad.

Citaré a mi querido hijo, con quien aprendí a poner alas para enseñar a volar. Estoy llena de gratitud a la vida por este regalo que me ha hecho crecer en tantas direcciones. No hay amor más generoso que el que se tiene a un hijo, nadie nos enseña más.

Un recuerdo también para mis hermanos, cómplices de juegos y fantasías de infancia.

A mis amigos, que saben estar siempre ahí… Un lujo, su fidelidad.

A todos mis queridos compañeros de formación y de trabajo, ellos y ellas. Para quien, como a mí, le apasiona trabajar en equipo, es un placer la oportunidad de hacerlo a su lado.

También mi cariño y gratitud a todos los padres y niños con los que he tenido la suerte de compartir, porque me ha hecho crecer inmensamente. Me ha permitido vivir muy de cerca muchas vidas, muchas problemáticas, intentando encontrar el equilibrio y sembrar un mundo de valores. Nadie nos enseña como los niños. Ellos siempre nos muestran el camino si queremos, si estamos dispuestos a aprenderlo.

No hay aprendizaje más importante y más complejo que la lectoescritura. Aprender a leer supone activar tal cantidad de mecanismos complicados, a nivel cerebral, cognitivo, de procesamiento, de conexiones neuronales… Actúan tantas cosas a la vez… Y se realiza en nuestra más tierna infancia. Nunca este aprendizaje debería hacerse con estrés, con temor, con miedo, con tensión. Sí con esfuerzo y constancia, pero con mucho disfrute. Porque la lectura nos acompañará durante el resto de nuestra vida, será amiga fiel, amable compañera. Nos acerca información, nos aporta conocimiento, saber, nos ayuda a vivir la vida de otros, a soñar mundos de fantasía… Mantiene en forma nuestro cerebro. Sin olvidar, como dice el escritor Luis Alberto de Cuenca, leer, por el puro placer de leer.

Mi gratitud a alguien invisible que me regaló una preciosa caja. Dentro había un lapicero y un cuaderno, rodeados de unas cuantas chucherías que traían aroma de infancia. Además, muchos aviones de papel de distintos colores. Y en cada uno de ellos, estaba escrita la misma frase, en distintos idiomas: “Persigue tu sueño”. Pues bien. Ese lapicero y ese cuaderno, que están sin estrenar, no hacen más que escribir y escribir historias. Los aviones de papel cobran vida y llevan esos escritos por Europa, EE UU, Canadá, Alaska, Emiratos Árabes, Latinoamérica… Esa caja mágica no para de trabajar. (Siempre cumplo mis promesas).

También me siento muy agradecida a ese inglés nativo, Máster de Traducción por una prestigiosa Universidad de Reino Unido, que empezará a traducir algunos de mis escritos a mi amada lengua inglesa. Estoy tan emocionada que no tengo palabras.

Un recuerdo para Miguel Corral, y este periódico, Salamanca rtv al día, por dar esa oportunidad a dos artículos que envié poniendo a mi disposición este espacio, esta columna semanal de los viernes que me hace reencontrar con la vida.

A todas las personas que me leéis, aquí y en cualquier lugar del mundo. Sin vosotros escribir no tendría sentido. Quien escribe, siente, e intenta transmitir con intensidad. Pero sois los lectores quienes al leer ponéis de vuestra cosecha, de vuestra experiencia, haciendo de los relatos algo único.

Mi amada Salamanca, dorada y culta, me vio nacer, me dio raíces firmes y un tronco fuerte de formación. Talavera, ciudad de barro, caolín, horno, historia (no hay que olvidar que Fernando de Rojas fue uno de sus alcaldes), lugar de cerámica y manos artesanas, hace crecer mi copa, la moldea, llenándola de ramas, de hojas, de frutos…

Para mí es un honor estar en ese lugar con nombre de un gran poeta, José Hierro, Premio Iberoamericano de Poesía entre otros galardones (y a mí me encanta la poesía), en esa Casa (un hogar de todos, de participación) de Cultura, en ese sentido amplio que tanto me gusta. La Cultura nos hace libres. Saber, conocer, nos acerca a otros mundos, nos hace más tolerantes, abre nuestra mente, nos da perspectiva, nos hace más cercanos, más comprensivos, nos ayuda a amar.

Quiero dar las gracias a Dori, su directora y a quienes trabajan allí. Tener un rincón para mis relatos en ese lugar me llena de emoción. En la primera planta están los libros de todos aquellos autores que admiramos tanto, que nos acompañan a lo largo de nuestras vidas, que nos forjan como personas. Justo encima de ese techo de entrada, juntos, lomo con lomo, tomo con tomo, están todos ellos, españoles e internacionales, clásicos y actuales, esperando a que los elijamos y hacernos disfrutar. No se me ocurre mejor firmamento, tan lleno de estrellas de la literatura, para dar cobijo al pequeño rincón de mis relatos. Espero, algún día, con mi escritura, ser digna merecedora de este enorme honor, de este privilegio.