Martes, 12 de noviembre de 2019

Breve historia del ‘Día de Difuntos’

Día de Difuntos, se celebró el día 2 de noviembre, su objetivo es orar por quienes han terminado su peregrinar  terrenal. Como ocurre con otras fiestas católicas este día se vincula con tradiciones paganas que poco a poco fueron incorporándose a rituales cristianos.

 El Día de Todos los Santos se remonta a una ceremonia druídica de tiempos precristianos. Los celtas hacían festejo a dos dioses principales. El dios solar (Belenus) conocido como dios del Sol, del fuego y de la luz; y un dios de los muertos (Samhain) cuya fiesta es el 1 de noviembre. Día del comienzo del año celta. Celebraban el final de las cosechas y la llegada de la estación oscura, “el invierno” asociado a la temporada lúgubre y fría. El descanso de la Naturaleza.

Daba comienzo cuarenta días después del equinoccio de otoño (22 de septiembre), haciéndolo coincidir con el Día de Todos los Santos, 1 de noviembre.

 

La muerte, en la mitología celta, como bien dice François Mauriac, no nos roba los seres amados, muy al contrario los guarda e inmortaliza en el recuerdo. La vida, solo la vida, nos roba demasiadas veces a los seres amados.

Con frecuencia, olvidamos, que no siempre fuimos cristianos. Esto,  en apariencia insignificante, conlleva descuidos muy interesantes. El destino del alma, no siempre estuvo marcado por el cielo y el infierno. Para los celtas, no había castigos de ningún tipo. El acto de morir estaba libre de cualquier consecuencia moral independientemente de la conducta que se hubiera tenido en vida, el alma del difunto podía reencarnar o retirarse a Annan el mundo de los muertos.

 En los inicios del siglo XI d.C. la Orden Cluniacense se encontraba en plena expansión, uno de los abades más influyentes de la orden “Odilon”, decide instaurar una jornada dedicada exclusivamente a orar por la salvación eterna: fue el día 2 de noviembre. Estaba dirigida solamente a los monjes fallecidos de Cluny, luego la Iglesia generalizó el rito, y lo hizo extensible a todos los difuntos de la comunidad cristiana universal.

La jornada de fieles difuntos tiene en realidad raíces mucho más oscuras: en Galicia, las fuentes se remontan a épocas anteriores al nacimiento de Cristo. Cedeira, celebra por estas fechas una original fiesta de origen celta denominada Samaín, origen de las tradiciones asociadas a los muertos, desde la festividad cristiana hasta Halloween. Se creía, que los difuntos visitaban por estas fechas las iglesias y ermitas donde se celebraban misas por su alma, era costumbre en las casas preparar alimentos, colocados en un altar, como forma de honrar a los predecesores. Las ánimas, volvían por un día a sus viejas moradas, para calentarse junto a la chimenea, comer en compañía de sus familiares, alejando la tristeza del Camposanto. El Galicia el muerto hasta que es olvidado por los vivos, no se va.

 Herencia ancestral es prender una hoguera comunal, con ramas de serbal o de tejo, consideradas sagradas, para después utilizar este fuego en el encendido de todos los hogares de la comunidad. También llevar a la tumba una rama de  “tejo”  que le ayudará a hacer felizmente el viaje a otra dimensión. Durante el día de difuntos estaba absolutamente desaconsejado alejarse de la aldea, la vida social debería hacerse únicamente entre ellos y sus antepasados.

El cementerio gallego está cerca del pueblo, resulta habitual que los vecinos se acerquen para pasear y disfrutar recordando a los ausentes. Haciendo un poco de historia, es conveniente recordar la festividad —más antigua— del Samaín, las aldeas celtas utilizaban los cráneos de los enemigos vencidos en batalla para iluminarlos y colocarlos en los muros de los castros. De este rito, procede la tradición posterior de los cruceiros, cruces de piedra  levantadas en las encrucijadas, bosques y despoblados. Los cruceiros se rodeaban de amontonamientos de piedras —llamados milladouros— con finalidad similar a la de las calaveras, aún hoy existe entre caminantes la costumbre de depositar una piedra y solicitar un deseo a los espíritus que pueblan la zona.

Los celtas tenían una casa —tipo retiro—  llamada “Annan” Podía estar ubicada sobre la tierra o bajo el mar, siempre orientada hacia el Oeste de donde había venido el pueblo de los Tuatha de Dannan, conocidos más tarde como Sidhe. Fue retratado como un gran castillo giratorio en medio del vasto mar y protegido por islas fortificadas; en su interior rodeadas de música suave y bebiendo de una fuente, cuyas aguas, eran más dulces que la miel, los espíritus encontraban el descanso ya que la vejez y enfermedad no existían en el Annwn. Había almas que por causas pendientes permanecían entre los vivos, apoderándose de los cuerpos de bebés o niños. Eran los reencarnados asociados siempre con el mal.

El pueblo celta, había adoptado la doctrina pitagórica, “trasmigración de las almas” no pasa la esencia de unos cuerpos a otros, entre razas superiores, sino que lo hace entre todo ser vivo”.

 Existe  la leyenda de Tuann Mac Carell encontrada en un manuscrito perteneciente al volumen conocido como “Book of the Dun Cow”.

A petición de San Finnen, Tuann, accede a contar su historia. Una vez, en tiempos muy lejanos él había sido hermano de Partholan, el primer hombre que llegó a Irlanda. Vio como se poblaba la  isla hasta entonces vacía. Había contemplado la muerte de todos los primeros pobladores a causa de una epidemia de la que sólo él había sobrevivido.

Cuando Tuann llegó a una edad muy avanzada se quedó dormido. A la mañana siguiente, despertó, en el cuerpo de un joven ciervo.

De nuevo transcurrió su vida, y cuando alcanzó la decrepitud, otra vez volvió a dormir. Al despertar, se encontró con que era un jabalí  pletórico de vitalidad.

Tuann fue un águila, un salmón. Como salmón fue pescado y comido por Carell, la esposa del jefe de Irlanda, quien tiempo después lo dio a luz. Un proceso semejante sufrió el bardo Taliesin, a ello debía su talento y su inmensa sapiencia.

Druidas en la cultura celta

Aquellos sacerdotes vestidos de blanco impoluto, eran médicos, magos, adivinos, historiadores, científicos y teólogos, tenían prohibido poner por escrito sus conocimientos. El conocimiento de los druidas era transmitido oralmente y sólo…  a quienes probaban ser dignos discípulos. Para tal fin existían escuelas Druidas, en ellas se enseñaba todo tipo de arte y ciencia, el saber pasaba de generación a generación, conservada  en la memoria. Al morir el último druida, desapareció con él todo el conocimiento de su pueblo.

El Día de Todos los Santos fue instaurado por la iglesia Católica a principios del siglo IV por la Gran Persecución del emperador Diocleciano. Fueron tantos los mártires causados por el poder romano que la iglesia decidió marcar un día para ellos. Aunque durante los primeros siglos no hubo fecha fija, el papa Gregorio III  se decidió por el 1 de noviembre. El Santo Padre Gregorio IV en el siglo IX extendió la celebración a toda la iglesia.

En el mes de Ánimas conviene recordar:  “La muerte es tan cierta como incierta la hora”

Fotos tomadas por Isaura Díaz de Figueiredo

“La muerte no es el ultimo sueño, es el primer despertar”.