Lunes, 21 de octubre de 2019
Alba de Tormes al día

Los vínculos Carmelitas de la familia ganadera Flores Albarrán de Navales

La emigración a Jaén no se explica del todo sin la intervención de un fraile carmelita de la familia que debió tener la parte más importante en el tomar aquella decisión
Calle de la casa paterna de la familia Flores Albarrán

Leyendo en este periódico digital (24.9.2019) la noticia de los 100 años de la llegada a Jaén de la familia Flores Albarrán de Navales, enseguida me vinieron a la mente los vínculos directos de aquellos dos hermanos con el Carmelo Teresiano, y más en concreto, con los frailes y monjas carmelitas de Alba de Tormes, cosa que no se ponía de relieve en dicho artículo.

Una familia de Navales muy religiosa y carmelitana

Los hermanos Pedro Antonio y Francisco Flores Albarrán (uno soltero y otro casado) eran hijos del matrimonio Juan Antonio Flores Delgado y Mercedes Albarrán Gutiérrez, en cuyo hogar, además de los 2 hermanos ya citados, nacieron otros hijos que optaron por la vida religiosa. Tal es el caso del primer varón, Luís G. (n. 21.6.1865) y que en torno a los 25 años optó por hacerse carmelita descalzo y tomaría en la Orden el nombre religioso de Luís María del Sagrado Corazón; otro, Antonio (n. 6.12.1872) sería religioso sacerdote jesuita, durante mucho tiempo residente en Salamanca y es allí donde murió (oct. 1952); y había también una mujer, María Candelas (n. 1868), la única y mayor de todos los hijos, que entraría religiosa carmelita descalza en el convento teresiano de Alba de Tormes, que es el lugar donde murió y está el sepulcro de santa Teresa. Los tres religiosos son naturales de Navales. Por lo tanto, se trata de una familia levítica y desde luego muy cristiana, a juzgar también por lo que sabemos del padre, que murió en Navales, pocos años antes de la partida para Andújar (Jaén) de los dos hijos, los cuales vinieron a quedarse como dueños y administradores de la fortuna familiar. Eran unos labradores fuertes de Navales y todo les venía de los abuelos paternos (por ambas partes), aunque la abuela Francisca Delgado García, natural de Santiago de la Puebla (+15.12.1874), tenía bastante hacienda por haber estado casada 3 veces, y sólo del último marido tuvo descendencia, es decir, de Antonio Flores Martín, natural de Navales (+ 28.3.1872), del que habían nacidos 3 hijos, José Manuel, Justo y Juan Antonio, los 3 casados y el último padre de la saga de los Flores Albarrán de los que aquí hablamos. Para darse cuenta de la fortuna familiar, se puede ver el testamento e inventario de los bienes de la abuela en la historia reciente de Navales escrita y publicada por Cipriano Carabias el pasado 2017 (pp. 349-355).

A lo dicho, añadir que por parte de su padre y de la familia de la abuela paterna en el cercano pueblo de Santiago de la Puebla tenían también parentesco. Y de allí les viene a los 2 hermanos y a los 3 dichos religiosos Flores Albarrán el contar con otro primo carmelita descalzo contemporáneo a ellos, Florencio del Niño Jesús (1877-1939), de nombre civil Joaquín Bautista Delgado y nacido en Santiago de la Puebla (Salamanca), con parentesco muy directo, pues el padre de los Flores Albarrán y la madre de Florencio eran familia; de ahí que entre ellos se trataran con mucho cariño, como primos carnales. Pero estaban además de por medio los lazos de la familia religiosa, ya que eran 2 frailes y una monja, todos carmelitas descalzos. Toda la familia, el padre y los hijos Flores Albarrán, sentían verdadero orgullo por la carrera del sobrino y primo Florencio en el extranjero (Cuba, USA, Roma, Monte Carmelo de Israel…), como también admiración por sus dotes literarias de poeta e investigador, ya que llegó incluso a ostentar el cargo de archivero general de los Carmelitas Descalzos en Roma. Todos ellos estaban al corriente de las últimas publicaciones de su primo y seguían con verdadero interés los trabajos que publicaba en las diversas revistas carmelitanas (era la pluma carmelitana más solicitada y de mas categoría que existía en España en las primeras décadas del siglo XX), con una producción inmensa y tan amplia que, seguramente por modestia, a menudo lo tapaba firmando con pseudónimos, tales como Florián del Carmelo, Mínimo del Carmelo, Cantor del Carmelo, El Salmantino viejo, Fr. Theresius y otros. A todos esos méritos, añadir que Florencio en los últimos años de su vida y ya en España fue el confesor y director espiritual de Santa Maravillas de Jesús (1891-1974), la fundadora del Carmelo del Cerro de los Ángeles, Madrid. Un servidor publicó hace años sobre Florencio del Niño Jesús, hijo ilustre de Santiago de la Puebla, una bio-bibliografía (“Archivum Bibliographicum Carmeli Teresiani”, Roma, 1995, nº30, pp. 7-145). Creo merece la pena ahondar en otra ocasión sobre el trato y relación de estos 3 primos carmelitas descalzos, porque ayuda tanto a entender el entorno familiar de los Flores-Albarrán.

Este amplio árbol carmelitano de esta familia, no se entiende si se olvida además que Navales y Santiago de la Pueblo, pertenecen a la tierra de Alba de Tormes son lugares muy cercanos a la villa ducal y teresiana, y así mantienen una relación cordial y espiritual muy fuerte con este lugar a causa de la común devoción a santa Teresa que marcaba la vida y religiosidad de todos los pueblos del entorno. Lo carmelitano en la familia pasaba necesariamente por esa doble devoción hacia la Virgen del Carmen y a Santa Teresa de Jesús.

Los dos hermanos carmelitas descalzos

Luis G. Flores Albarrán era el hijo varón mayor de la estirpe y había nacido en Navales (21.6.1865), y no sabemos el porqué de su vocación religiosa, pero la cuestión es que pide entrar en la Orden carmelita en el 1889 a sus 24 años de edad, lo cual debió ser un gesto que conmocionó no sólo a la familia, sino también todo el pueblo, pues no dejaba de ser el hijo llamado un día a tomar las riendas de toda la hacienda agrícola familiar, que no era poca. De hecho su padre figuraba en la lista de los mayores contribuyentes del pueblo. Por lo que fuera, y seguramente a partir del contacto con los frailes carmelitas de Alba (tendría también su influjo el hecho de que se hermana Candelas se hiciera carmelita descalzas algunos años antes, también en Alba), decide hacerse carmelita y, dada su elemental formación escolar, los superiores deciden llevarlo a Ávila para que estudie humanidades en el colegio preparatorio que allí tiene la provincia carmelitana de Castilla para niños y adolescentes antes de pasar al noviciado. Imaginarse a todo un mozo, de ascendiente labrador, estudiando y conviviendo entre muchachos de 10 a 14 años de edad. Debió ser una prueba dura, pero necesaria para poder aspirar luego a los estudios de la carrera sacerdotal. De Ávila pasó al Desierto de las Palmas (Benicasim, Castellón), entonces lugar de noviciado también para aspirantes de Castilla, donde tomó el hábito (3.11.1891) e hizo la primera profesión religiosa (3.11.1892); y de allí pasó a Ávila para cumplir los estudios de Filosofía (1892-1895) y luego a Alba de Tormes para los estudios de Teología y Cánones (1895-1898), lugar en que hizo su profesión solemne junto al sepulcro de santa Teresa (3.11.1895), claro está, esto fue delante de toda su familia en ese día venida expresamente del cercano Navales para el acontecimiento y, sobre todo, ante la presencia emocionada desde la clausura carmelita, de su hermana Candelas que era miembro del Carmelo femenino de Alba desde el 1880. Desde luego que debió ser aquella una jornada familiar y carmelitana muy intensa y completa. Días antes (31.10.1895) había hecho renuncia de todos sus bienes a favor de los dos hermanos, con esta declaración escrita: “Renuncio absolutamente, en favor de mis hermanos Pedro y Francisco Flores, el derecho que me pudiera caber a los bienes paternos y maternos, a excepción de la limosna para cien misas, con la asignación de cinco pesetas por cada una, en sufragio de mis obligaciones. Lo dicho se ha de entender siempre que los dos o uno de mis hermanos contraigan matrimonio o queden en el mundo; pero si siguen carrera religiosa, entonces no pierdo ni cedo dicho derecho… La referida limosna se entregará al Superior del Convento de Alba de Tormes, para que las celebre [las 100 misas] en el sepulcro de nuestra santa Madre Teresa”.

Mientras que la hermana carmelita, María Candelas (n. Navales, 1868) había ingresado en el Carmelo de Alba en el 1880 con el nombre de María Candelas de San Elías y allí mismo tomó el hábito (31.3.1880) y profesó (18.4.1881). Fue priora de la comunidad el trienio 1915-1918 y murió en el mismo monasterio de Alba ejerciendo este cargo (4.8.1918). Imposible no imaginarse las visitas frecuentes de esta familia de Navales a Alba de Tormes, y no solo por negocios, o devoción a santa Teresa, sino por la presencia de la única hija y hermana en este convento carmelita, que debió ser un referente durante muchos años para toda la familia Flores Albarrán. No sabemos el porqué el historiador Cipriano Carabias no incluye dato alguno acerca de esta carmelita descalza de Alba (y sí de otras) en su reciente historia de Navales (2017) que era la única mujer dentro del clan familiar.

Luis María Flores Albarrán como fraile carmelita

Luis Maria del S. Corazón de Jesús (1865-1932El ya fraile y teólogo carmelita fue ordenado sacerdote en Ávila (25.9.1898) y, también esta vez, vino a Alba de Tormes a cantar su primera Misa, naturalmente en el altar mayor del sepulcro de santa Teresa para que pudiera asistir su hermana monja carmelita de clausura. El hecho no pasó inadvertido, tuvo repercusión social, y así la recién fundada revista La Basílica Teresiana, nos trae esta breve crónica: “En el altar del sepulcro de Santa Teresa de Jesús celebro por vez primera el Santo sacrificio de la Misa, el domingo 3 del actual [octubre], festividad del Rosario de la Santísima Virgen, el joven / Carmelita Fr. Luís Mª del Corazón de Jesús, habiendo ejercido de presbítero asistente el M.R.P. Ignacio, exprior del Convento de Alba, y padrinos seculares D. Anibal Sánchez y su esposa Dª Guadalupe Sánchez. El elocuente sermón predicado por el P. Gonzalo, Carmelita, aplicando al sacerdote las palabras Ego sum via, veritas et vita, fue escuchado con devoto cariño por el conmovido y numeroso concurso de fieles, que tanto de la villa ducal, como de los pueblos limítrofes, acudió a la solemne ceremonia religiosa para dar testimonio de amable simpatía hacia el nuevo presbítero y su piadosa familia. De la mano del celebrante tuvieron la dicha de recibir la sagrada comunión sus hermanos y su anciano [y] respetable padre D. Juan Antonio Flores, de Navales, que además del nuevo presbítero, ha dado al claustro otros dos hijos; la reverenda madre María de las Candelas, religiosa carmelita, y el P. Antonio Flores, de la Compañía de Jesús”. (1 [1897-98] pp. 418-419). Es de suponer que en estas fechas también celebrara algina misa solemne en Navales, su pueblo natal. Y así Luís María empieza desde ahora su tarea sacerdotal que, por lo que dicen los catálogos de la provincia castellana, estuvo destinado en Cádiz, y algún tiempo como Vicario de aquella casa, situación en que le sorprende la desmembración de Andalucía de la provincia carmelitana de Castilla como una semiprovincia en el año 1905.

Efectivamente, por decreto del Definitorio General de la Orden (27.5.1905), todos los conventos de la zona de Andalucía quedaron separados de Castilla restaurándose así la antigua provincia carmelitana bética, aunque todavía en la forma jurídica de Semiprovincia, y a la cual quedó adscrito, seguramente por haber transcurrido su ministerio sacerdotal hasta entonces en las casas del sur de España. Y es aquí donde transcurre ya toda su vida (Úbeda, Zafra y Sevilla), dedicándose sobre todo al ejercicio de la predicación, a un tipo de misión evangelizadora entre los trabajadores del campo por fincas y cortijos de Andalucía. Nunca estuvo destinado fuera de España, ni siquiera en Argentina, nación que tenía encomendada la provincia carmelita andaluza. Precisamente debido a esta vinculación con esta tierra, podemos pensar se debe el hecho de que, una vez muerto el padre en 1914 y la hermana carmelita en 1918, sus dos hermanos Francisco y Pedro (uno casado y con hijos, el otro soltero) emigren hasta allá en el año 1919, vendiendo todas las posesiones y trasladándose a la finca de Cabezas Pardas en Andújar, provincia de Jaén. El historiador del pueblo de Navales, Cipriano Carabias García, recientemente ha descrito así la decisión histórica de le emigración a Andújar de los dos hermanos:

“Mientras tanto este religioso de Navales [Luís María], era confesor de una Marquesa de la burguesía del señorío sevillano; que fuera del confesionario debió coger amistad y por mediación de la misma, para evitar que un hijo de ella perdiera la finca de “Cabezas Pardas” de Andújar (Jaén) en los juegos de azar; el religioso de nuestro pueblo medió y sus hermanos, Pedro Antonio Pío y Francisco Eloy Flores Albarrán, terminaron arrendándola y posteriormente comprándola, y prosiguiendo en ella la ganadería de reses bravas, cambiando la divisa que ya tenían, denominándola de nuevo “Herederos de Flores Albarrán”; por citada denominación perdieron la antigüedad de dicha ganadería siendo entonces una de las más antiguas de este país” (Navales, 2017, pp. 267-268).

También hubo razones de salud por ambas partes, pues cuando la muerte de la hermana carmelita (4.8.1918), la monja de Alba encargada de transmitir la triste noticia a su primo Florencio en Roma es la madre Nemesia, la cual conocía de sobra (como toda la comunidad carmelita de Alba) a los hermanos Flores Albarrán, y narra así, después de referir el inesperado fallecimiento de Candelas, el dolor y la situación en que ha quedado ambos hermanos de Navales: “Paco está admirable de resignación; hace poco estuvo muy mal, pero ya mejoró. Pedro sigue con alternativas, pero ya en su casa. ¡Cuánto les prueba Nuestro Señor! ¡Bendito sea por todo!” (9.8.1918). O sea, que el hermano fraile, desde Andalucía, miraría también por la salud de sus dos hermanos bastante quebrantada y que podría mejorar más con el clima andaluz.

Con estos datos tan escuetos entendemos mejor y contextualizamos lo inesperado de un cambio tan radical en sus vidas, y que les debió costar no poco, pues era alejarse considerablemente de las raíces familiares. Sin embargo, la cercanía del hermano mayor, el fraile carmelita, el único que quedaba (más el jesuita) de la familia directa, podía ser también un consuelo y un apoyo seguro. No iban con él a lo desconocido.

La historia posterior de la casta ganadera la cuenta Paco Cañamero, y también esa exposición en Jaén (septiembre-octubre 2019) de los 100 años transcurridos en Andalucía. A mí me interesaba dar a conocer la parte importante que tuvo el hermano carmelita Descalzo, Luis María del Sagrado Corazón, el primogénito de esta dinastía, en ese traslado de la familia Flores Albarrán a Andalucía, adonde él ya vivía y estaba bien asentado. Se ve que tenía  mucho ascendiente entre los hermanos. El mismo fraile carmelita, a la muerte del padre en Navales (1914), cuenta su papel y puesto dentro de la saga familiar a su primo carmelita, Florencio del Niño Jesús, aunque no tuvo parte en la herencia paterna: “A mi regreso [de Galicia] me detendré en Alba y Navales respectivamente, pues como mi padre no dejó albacea, hay que arreglar todas las cosas. Yo para mí renunciaré a favor de Pedro y Paco, y [así] quedo desligado de lo terreno. Se han portado muy bien con mi padre y hay que remunerarlos” (23.7.1914). Seguramente que fue la muerte del padre (1914) y la de su hermana carmelita (1918), al quedar ambos hermanos ya libres y dueños de todo, más el ambiente de emigración que invade Castilla (sobre todo hacia América), lo que les impulsa a tomar la decisión de venderlo todo y abandonar el pueblo paterno de Navales. Pero podemos estar seguros de que el que realmente lo propició e hizo posible fue Luís María, el hermano Carmelita. Era el momento adecuado en el que tantos motivos favorables se conjuntaron para dar aquel grave paso, y que luego la posteridad ha demostrado fue muy acertado.    

Como broche de este repaso, recordar también que el final de los días del vástago mayor, el fraile carmelita, ocurrió en la magnífica finca de sus hermanos, Cabeza Parda – Medianerías, adonde se trasladó debido a los sucesos políticos de mayo 1932; allí murió el 23 de julo de 1932, asistido por su prior de Sevilla, y así también reposan sus restos entre los suyos en el panteón familiar de Andújar. Fue algo providencial. El historiador oficial de la Orden, Silverio de santa Teresa, que lo conoció bien y sabía de su trayectoria última en el convento del Santo Ángel de Sevilla, a cuya reconstrucción y mejora tanto ayudó, le dedica varias páginas de su obra y resume así su personalidad: “Sin exageración, ha sido el P. Luís María uno de los religiosos más laboriosos y ejemplares que ha tenido esta Provincia [de Andalucía] desde su restauración” (Historia del Carmen Descalzo, Burgos 1946, vol. 13, p. 707).