Miércoles, 16 de octubre de 2019

Mejor callado

El historiador inglés del siglo XVII Thomas Fuller escribió "El hombre sabio, incluso cuando calla, dice más que el necio cuando habla", pero la realidad parece ser que los necios son más habladores.

El casi recién estrenado alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, ha comenzado pronto a mostrar sus escondidos intereses egoistas y sus asombrosas dotes como maestro de futuras generaciones, todo ello unido a un preocupante no saber estar.

Invitado a un programa de SU televisión (que dicho sea de paso le hizo un flaco favor) con motivo del comienzo del curso escolar, cometió la insensatez[1] de pensar que a los niños se les puede decir cualquier cosa sin tener en cuenta (tal vez por falta de experiencia) de son pequeños pero no tontos. Así que, confiando en sus dotes de orador se prestó - ¡atrevida ignorancia! – a contestar las preguntas los chicos y chicas sobre todo tipo de cuestiones. ¿Qué pasó? Pues lo tenía que pasar, fue víctima de esos locos bajitos, que diría Joan Manuel Serrat.

En primer lugar lanzó algunos mensajes de precampaña electoral "Nosotros vamos a poner todos los medios para que seáis vosotros los que decidáis que queréis ser. La izquierda, sin embargo, va a querer decidir por vosotros" y añadió que su plan para reducir la contaminación y luchar contra el cambio climático era mucho mejor que el de Madrid Central puesto en marcha por su antecesora en el cargo. Resulta claramente observable que ambos mensajes no iban dirigidos a los presentes, que no votaran en los próximos comicios, y que ambos estaban fuera de momento y lugar. Además lo dijo hizo sin ponerse colorado, una habilidad muy cultivada por nuestros políticos.

Pero la cuestión clave se la formuló Daniela y en su respuesta el Señor Alcalde hizo alarde de toda su sinrazón. La inocente pregunta fue: “¿Si tuvieses que donar dinero a sólo sitio, ¿lo donarías a la catedral de Notre Dame o a replantar el Amazonas?".

Almeida no lo dudó: "A la catedral de Notre Dame". Ante tan impresentable respuesta los niños, como era de esperar, contraatacaron. Pero si en el Amazonas hay árboles y naturaleza que está ardiendo, si es un pulmón del mundo. A lo que el Señor Alcalde sólo se le ocurrió replicar: “Efectivamente, pero la catedral de Notre Dame es un símbolo de Europa, y nosotros vivimos en Europa”. ¡Vaya, ahora está todo más claro! Para el regidor de Madrid un símbolo es mucho más importante que la supervivencia del planeta. ¡Y esto lo dice en plena semana de lucha para frenar la emergencia climática, con la gente manifestándose a millones por todo el mundo y apenas a 10 días de haberse celebrado la Cumbre sobre el clima de Naciones Unidas!

Sus palabras Señor Almeida, lamentablemente no son una simple torpeza, son un exacto reflejo de su ignorancia, del absoluto desprecio del sentir general de muchos millones de personas y de la opinión de práctica la totalidad de la comunidad científica. Si cree que donar dinero para restauran un símbolo, por muy importante que este sea, es más importante que salvar un planeta, para más señas el nuestro, es usted un… (lo dejo en puntos suspensivos para que cada uno de ustedes coloque el calificativo que crea más adecuado al caso)

Yo añadiría que es usted estúpido[2], dicho sea sin acritud, pues parece confiar en que, una vez rehabilitado el símbolo europeo, podrá cobijarse bajo sus precisos arcos góticos y conteplar sus esplendidas vidrieras para ponerse a salvo de los efectos mientras el mundo desaparece a su alrededor.

Tengo entendido que los alumnos y alumnas del colegio, al finalizar su “brillante” intervención, le regalaron una varita mágica para que con ella pudiera cumplir los deseos de sus ciudadanos - ¿captó usted la indirecta? - y usted les prometió que la guardaría en su Palacio de Cibeles. No la guarde, por favor, úsela, porque le va a hacer mucha falta si no espabila.

Martin Luther King afirmaba que: Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda. Pues lo dicho Señor Almeida, usted mejor callado.

[1] Necedad, falta de sentido o de razón. RAE

[2] Necio, falto de inteligencia