Miércoles, 16 de octubre de 2019

Punto de salida desde el área de silencio

Los abundantes y estridentes ruidos externos nos mueven a la búsqueda de lugares silenciosos y cargados de fuertes espacios de espiritualidad

El día uno de octubre inaugurábamos la salida del Mes Misionero Extraordinario al que nos ha convocado el Papa Francisco para este octubre de 2019. Y lo hacíamos, por cierto con gran éxito y concurrencia, desde el Convento de San José de las madres Carmelitas Descalzas del Arenal del Ángel en Cabrerizos.

La iglesia estuvo abarrotada con numeroso público de pie, con asistencia quizá de cerca de ciento cincuenta personas. Los que habíamos programado el acto pensábamos que podíamos quedarnos en cuadro, o con la asistencia de un reducido número de personas, dadas las dificultades para acceder al monasterio, incluso aunque se había previsto poner a disposición uno o más autobuses. Autobuses que tendrían además la dificultad de acceder a la casa religiosa a no ser a través de la huerta de las monjas.

Pues aun así se superaron todas las dificultades y predicciones. Hubo que alquilar un par de autobuses, que completaban ochenta plazas. Y otro gran grupo de personas llegarían a lomos de su propio coche particular.

¿A qué se debió este gran éxito de asistencia? Es verdad que podía tener su atractivo el saber, y no se sabía con seguridad, que presidiría la ceremonia el obispo de la diócesis don Carlos López. También es verdad que se había hecho mucha y muy buena propaganda, y que el tema misionero tiene siempre su atractivo. En efecto se inauguraba el mes misionero extraordinario convocado por el Papa Francisco.

Además, se celebraba la fiesta de la gran carmelita, Patrona de las Misiones, Santa Teresa del Niño Jesús. Pero otros años también habíamos celebrado dicha fiesta en diversas parroquias de la ciudad y no habíamos logrado tanta asistencia. Asistencia que, además, esta vez era procedente de diferentes parroquias y arciprestazgos de la diócesis.

Supuesto todo lo cual, a mí se me ocurre pensar si no colaboraba a tal atractivo el hecho de que la celebración tuviera lugar en un convento de clausura, en un lugar de profunda y continua espiritualidad, y también de un largo y significativo silencio. ¿Será que los abundantes y estridentes ruidos externos nos mueven a la búsqueda de lugares silenciosos y cargados de fuertes espacios espirituales y de abundancia de oración con espíritu de recogimiento?

Se trata de veinticinco mujeres, seis de ellas avocadas a la enfermería de la federación de conventos carmelitas, que han consagrado toda su vida a la oración y a una vida de silencio y entrega total de su persona al Dios que las ha seducido, como sedujo a su fundadora y reformadora la madre Santa Teresa de Jesús.

El lugar mismo donde se encuentra enclavado el monasterio, en las laderas del pueblo de Cabrerizos, frente al hermoso valle del río Tormes, supone una gran atracción para cualquiera que viva en el lugar o que quiera pasar unas horas o incluso algunos días gozando de la afabilidad y acogida de las hermanas. Es seguro que, si hicieran la experiencia incluso algunos de los jóvenes de nuestro tiempo, se sentirían atraídos por la placidez del lugar y la convivencia fraternal de las hermanas religiosas. Esta situación nos evoca los versos que inspiraron en estos lugares al teólogo y poeta Fray Luis de León: “Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido…”

El silencio, la oración y la aspiración a una vivencia espiritual y humana superior a las vidas corrientes del mundo desaforado en el que vivimos, se salen de lo habitual y ofrecen un estado de vida más alto y compensador de todas las renuncias, locales, familiares o de amistad que se hayan podido hacer.

El silencio y la amabilidad de las carmelitas de Cabrerizos nos han ofrecido un precioso y estimulante momento como punto de salida del Mes Misionero Extraordinario, y nos aseguran y garantizan conseguir los frutos que se pretenden con la puesta en práctica de la experiencia de un mes que nos convoca una vez más a la atractiva experiencia y efectivo compromiso de participar en el gran proyecto misionero de la Iglesia de Jesucristo y de todos los bautizados.