Lunes, 14 de octubre de 2019
Las Villas al día

Inaugurado el centro de espiritualidad Sor Eusebia Palomino

El centro cuenta con locales para alojamiento y vida pastoral, además de una capilla
Capilla del centro de espiritualidad | Blanca Dueñas

Este domingo ha tenido lugar en Cantalpino la inauguración del centro de espiritualidad Sor Eusebia Palomino. Devotos de la beata han participado masivamente en los actos, que comenzaron con una eucaristía en la iglesia.

Tras la misa, los asistentes se dirigieron a la plaza dedicada a Sor Eusebia, donde se ubica la casa en la que nació y vivió. El pregón de Francisco López Celador y la bendición del centro de espiritualidad completaron los actos. 

Además de la vivienda original de Sor Eusebia Palomino, el centro de espiritualidad cuenta con locales para alojamiento y vida pastoral y una capilla.

Sor Eusebia Palomino fue beatificada por Juan Pablo II en 2004. Numerosos devotos acuden a su casa a pedir ayuda o dar las gracias y ahora, con el centro de espiritualidad, se espera que se cree un nuevo camino de peregrinación.

PREGÓN

Por impedírselo sus obligaciones, tanto la Madre Provincial de las salesianas como el Inspector de los salesianos, sienten no poder estar con nosotros y, conscientes de la importancia de este acto, se unen a nuestra alegría y nos tienen presentes en sus oraciones.

Así pues, quiero comenzar dando la bienvenida a Sor Isabel Pérez y a don Samuel Segura, Vicarios de sus respectivas Inspectorías; a las salesianas y salesianos venidos de distintos lugares de nuestra geografía; a Don Eugenio Alburquerque, que ha querido celebrar la Eucaristía por haber vivido en persona los favores de nuestra paisana; a los miembros de las muy diversas ramas que forman ese gran árbol que es la Familia Salesiana; a los paisanos de Cantalpino, y a todos los amigos de Sor Eusebia que hoy habéis querido acompañarnos:

Como sabéis, Jesús procuró realizar alrededor de una mesa los hechos más transcendentes de su vida terrenal, por eso también hemos querido comenzar este alegre día alrededor de la suya, en la Eucaristía, para darle gracias por habernos permitido vivir la inauguración de esta obra; para agradecerle que se haya hecho realidad un viejo deseo de la Congregación Salesiana: levantar en esta plaza que ya lleva su nombre un lugar de afirmación salesiana que mantenga vivo el recuerdo de nuestra paisana y, a la vez, para que se convierta en faro que ilumine un nuevo  camino de peregrinación: el que conduce al Centro de Espiritualidad “Sor Eusebia Palomino”, en Cantalpino. En estas tierras castellanas, se hablará del Camino de Santiago, también de las rutas de la santa andariega de Ávila y, desde hoy, del camino que lleva a la casita donde nació esa salesiana de la que tanto se habla, porque vivió y murió como una santa. Al final de ese camino, desde hoy, habrá una nueva casa salesiana. Además de esa “choza”, que vio nacer a Sor Eusebia, habrá locales de alojamiento y pastoral, con una capilla para que, quien lo desee, pueda hablar de tú a tú con el Señor, con María Auxiliadora y con Sor Eusebia.

En nombre de la Congregación de Hijas de María Auxiliadora quiero expresar su profundo agradecimiento a cuantas personas y organismos han prestado su ayuda desinteresada a esta obra: al Ayuntamiento de Cantalpino, que tan magnánimo se ha mostrado con la licencia de obras y los distintos trámites oficiales; al arquitecto, D.Juan Carlos García Fraile y al Aparejador D. David Alfaraz,  por el interés y cariño con que la han dirigido; a D.Manuel Marín, gran colaborador; a la empresa de construcción CONSTEC, por el esmero puesto en su realización; y a todas las entidades y particulares que ya han colaborado con sus donativos. Y porque ellas nunca lo harían, no sería justo que yo no citara aquí a toda la Comunidad de Salesianas del colegio de Salamanca, conducidas por esa tenaz directora Sor Feli Ruano, que tanto han batallado para hacer realidad este día. Muchas gracias, de corazón, a todas y a todos.

Siempre que se comienza una obra, los gastos desbordan toda previsión. En ésta también ha sucedido y se necesitan más fondos. Por eso la Congregación acude y confía en todos nosotros, en nuestra generosidad. Somos nosotros los beneficiarios directos de esta obra y en ella debemos depositar nuestro granito de arena, porque, de Sor Eusebia, Cantalpino no puede esperar más que beneficios y favores ¿Vamos a ser menos desprendidos que ella? Como hijo del pueblo, estoy convencido de que Cantalpino se volcará con Sor Eusebia, y ella con nosotros.

Cuando alguien le preguntada a San Juan Bosco cómo había conseguido hacer realidad tantos de sus numerosos sueños, mirando a María Auxiliadora, respondía: “Todo la ha hecho Ella”. Yo también estoy convencido de que, detrás de este Centro, también está el deseo de nuestra querida Sor Eusebia. Por ello le damos las gracias. Y, a partir de este momento, me vais a permitir que, por tratarse de un alma privilegiada que ya goza de la presencia de Jesús, lo que debería ser un pregón, se convierta en una oración de todos nosotros:

Querida Sor Eusebia, todas las personas que estamos aquí, las que hubieran querido venir y no han podido hacerlo y las muchas que de hoy en adelante vendrán a visitarte desde todo el mundo, nunca podremos devolverte todo lo que ya has hecho por nosotros. Tocada por la gracia de Dios, y ya desde muy pequeñita, fuiste un ejemplo viviente de entrega a los demás. Tú no escogiste voluntariamente la pobreza, pero, nacida en medio de ella, nunca la usaste como una forma más de resignación o sacrificio. No, tú abrazaste la pobreza para hacer el bien a los demás y para hacerte santa. No en vano otra alma privilegiada como fue San Juan Pablo II, el día de tu beatificación pronunció aquella frase que te acompañará siempre: “Siendo pobre, enriqueció a muchos”.

Siempre me han llamado la atención tus sublimes pensamientos, y no puedo olvidar uno que expresaste en una carta dirigida a la Madre General en Roma; “Dios ha puesto en cada una de nuestras almas un tesoro, que podemos aumentar con nuestras buenas obras. Pero, en su infinita delicadeza y bondad, nos ha dado libertad para que lo guardemos o lo cedamos a los demás”. Esto lo decías casi al final de tu vida, pero sabemos que ya lo pensabas cuando, siendo niña, dabas tus primeros pasos por esta plaza.

Hoy podemos asegurar que, a pesar de esa pobreza, nadie recibió en Cantalpino mejor herencia que tú, ni fue más feliz que tú. Todo lo que en tu casa escaseaba para nutrir debidamente tu cuerpo, lo recibiste con largueza para alimentar tu alma ¡Qué poco necesitaste para hacerte querer! ¡Y qué claro tenías para qué hemos venido a este mundo! Con una modesta pizarra en aquella escuela en la que apenas aprendiste a mal juntar las letras, sin estudios superiores, y te atreviste a desarrollar elevados temas teológicos, como si hubieras salido de la famosa “Escuela de Salamanca”. Desde niña aprendiste a separar el grano de la paja y nada ni nadie pudo apartarte de tu empeño.

Conociéndote, sabemos que nunca abandonarás a los tuyos. Tus paisanos valoramos en su justa medida todo lo que se te quiere en Valverde del Camino, y lo mucho que ha contribuido a propagar tu vida y obras. Se lo agradecemos de corazón y nos sentimos hermanados con ellos. Cantalpino, a partir de hoy, no quiere ser menos. Conscientes de que nunca has dejado de estar a nuestro lado, queremos saldar las deudas de tibieza o frialdad que hayamos podido tener contigo. Estamos dispuestos a colaborar, en la medida de nuestras fuerzas, a la supervivencia de este Centro de Espiritualidad, que tanto bien va acarrear a este pueblo.

Por último, queremos darte las gracias por habernos dejado el mensaje tan claro y sencillo que guió tu vida: “Hemos venido a este mundo para hacer el bien y, sencillamente por eso, poder gozar de la presencia de Dios en el otro” A pesar de que ofreciste tu vida para ahorrar sufrimientos a los demás, a nosotros nos estás diciendo que basta con ayudar a los más necesitados y ser buenas personas. Un poco lo que decía Don Bosco: buenos cristianos y honrados ciudadanos. Prometemos seguir tus consejos conscientes de que siempre te tendremos como abogada nuestra en el momento que más lo necesitemos. Somos tan felices a tu lado que no estamos dispuestos a perder este regalo. Danos fuerzas para no decaer y para que quienes visiten este Centro de Espiritualidad de ahora en adelante, vean en nuestra acogida la misma disposición que siempre demostraste con todos los que acudieron a ti.

Antes de que se me olvide, si no es mucho pedir, échanos una manita concediéndonos la gracia de poder asistir a tu canonización. ¡Qué bonito será escuchar: “¡Sor Eusebia Palomino, la Santa de Cantalpino!” Te queremos, sor Eusebia, te queremos y nos encomendamos a ti.