Miércoles, 16 de octubre de 2019

La ocasión la pintan calva

Si existe alguien que le sobre el tiempo debería emplear este a la puesta al día de refranes, adagios, modismos o absurdismos que, aunque llegados de la noche de los tiempos, aún los entendemos y los utilizamos, pero ni Séneca que bajara podría decirnos el porqué de su existencia.

Pero ya que conocemos el origen de una de esas frases, “que nos vienen al pelo” para desentrañar lo que queremos moralizar en este artículo, no esperemos más y aprovechemos la ocasión antes de que nos asalte la desmemoria.

Nuestra frase hecha, como un dicho, la habrán oído ustedes cientos de veces y seguro conocen su aplicación en variados contextos. Pero para llegar a metáfora se queda muy escasa. Si no, díganme qué gracia o “etimología” como frase tienen estas cinco palabras: “La ocasión la pintan calva”. Ninguna.

Ahora vamos a señalar que en la Antigua Roma los romanos pintaban a la diosa Ocasión -he de ahí su procedencia- como mujer hermosa y con alas en la espalda para indicar que las buenas ocasiones pasan rápidamente.

Además, a la diosa se la representaba con abundante cabellera y por detrás completamente calva, con lo que se expresaba la imposibilidad de tomar por los pelos las ocasiones después de que éstas hubieran pasado.

Como la mayor parte de la Historia se ha escrito sobre reyes, nobles o gente de poder acomodada y ociosa, que inventaban guerras para entretenerse, en el escondrijo donde he hallado la versión referida de la diosa Ocasión se contaba la historia de un paseo entre una virtuosa dama de alta alcurnia y un condestable de Castilla ya mayor y achacoso, pero por lo propicio del lugar -entre corredores de alta vegetación-, esto le inspiró al señor innobles deseos de los que hizo partícipe a tan dulce dama: “Linda ocasión, señora, si no se tratase de vuestra merced”. A lo que ella contestó: “Ocasión linda, en efecto, si no se tratase, señor condestable, de la vuestra”. La ocasión se había esfumado, la pintaban calva.

Pero en esa maldita hemeroteca, que es la asociación de ideas, ¿no ven ustedes un parecido razonable con lo ocurrido entre los señores Iglesias y Sánchez? Esto dicho con el mayor de los respetos, pues si sus señorías no fueran diputados, es muy difícil imaginar que fueran amigos de esos de salir juntos los domingos para tomar unas copas. Aunque solo sea por el gusto dispar por la moda, tan antagónico uno de otro en el vestir y en el peinado.

Sin embargo, siempre se dijo que la política ha hecho extraños amigos de cama y, si no de cama, los señores Sánchez e Iglesias han estado a punto de confluir en un Gobierno. Un tris faltó, y una vez que ha pasado todo, el primero dice que esto le hubiera quitado el sueño. Es para creerle, puesto que mientras el señor Sánchez hubiera intentado echar la cabezadita, el señor iglesias hubiera estado despierto y urdiendo. (No piensen mal, despierto con sus tres criaturitas y maquinando cómo dormirlos).

Pero a lo que íbamos, a lo de “la ocasión la pintan calva”. ¿Recuerdan ustedes aquel ¡Ooooooooooh! del público en el “Un, dos tres…” de Chicho cuando abrían ventanas y enseñaban a los concursantes el premio que habían perdido? Pues el pasado mes de julio se jugó el “Un, dos, tres…” en el Congreso y una de las puertas ofrecía una vicepresidencia y tres ministerios, le tocaba jugar al señor Iglesias y este mandaba cerrar la casilla incrédulo de que fuera verdad. Después era cierto, y se escuchó un ¡Oooooooooh! silencioso desde todas las bancadas.

Más adelante, en septiembre, hubo otro programa, pero el señor Chicho, que en gloria esté, perfeccionó de tal manera el juego, que hizo que la ocasión la pintaran calva. ¡Qué pena, ya no había una segunda oportunidad! Aquella vice y aquellos minis eran como unos helados que se habían derretido.