Domingo, 9 de agosto de 2020

El Ying y el Yang

A menudo digo que soy de Morante "manque pierda", pero cuando pierde la vergüenza torera me cuesta mucho defender ante quien se gasta un pastizal en una entrada que los toreros de arte son así
Yo, que soy de Morante manque pierda, estoy a sus pies, don Julián. Foto: Pablo Angular

A menudo digo que soy de Morante "manque pierda", pero cuando pierde la vergüenza torera me cuesta mucho defender ante quien se gasta un pastizal en una entrada que los toreros de arte son así, que son tan geniales, tan intensos en los días de gloria como en las broncas. Entiendo la sensación amarga de la estafa, como espero siempre que ocurra el milagro. Ese milagro que no ha brotado en La Glorieta, con unos santos tendidos encabronados coreando "tongo" y lanzando almohadillas en la despedida al de La Puebla.

No era el lote soñado, pero con ganas nos quedamos de ver algo más en el cuarto, que pienso que lo tenía y, por no querer, ni ponerlo en el caballo quiso Morante. Y piensas en lo duro que es esto cuando hace dos días veías a dos toreros de la tierra, Damián Castaño y Alejandro Marcos, hechos dos tíos con los toracos de Adelaida, todo ganas, sin volver la cara, y cómo las ilusiones de miles de personas se estrellan cuando Morante se estrella o no quiere ni ver a sus toros. Manque pierda, sí, pero qué difícil es defenderlo en tardes así.

La versión opuesta, el Ying y el Yang, la ofrecía Julián López ‘El Juli’, que sale siempre como si fuese un novillero, como si tuviese que ganarse cada tarde a mordiscos, sin guardarse y sin dejarse nada. De su primero, con buen tranco, clase y humillación, aprovechó su viaje largo por el pitón derecho, firmando después naturales con hondura. 

Con el quinto tiró de su cabeza privilegiada, donde caben todos los toros, en una faena técnica, tirando mucho del toro, noble y sosón, pero con fondo, aunque le faltó transmisión, por ambos pitones, que fue a más. Y eso, la actitud, esa ambición, ese querer ser en contraposición con el petardo de Morante (ay, lo que duele cantar el petardo de quien es capaz de sublimar el toreo), es lo que probablemente cayese en el lote de la segunda oreja del segundo de su lote. Yo, que soy de Morante manque pierda, estoy a sus pies, don Julián.

La corrida de Garcigrande reservaba lo mejor para el final. Si Cayetano con el primero nunca terminó de acoplarse, al sexto, que acudía con alegría a la muleta derrochando clase, humillación, fijeza y codicia por ambos pitones, protagonizó los mejores pasajes en el tramo final de la faena, con torería y enjudia, disfrutando, en una faena que iba a más y llegó con emoción a los tendidos. 

Barquito se llamaba y es el toro de la feria a la espera de lo que mañana ocurra, y La Glorieta se puso en pie para despedirlo y ovacionado cuando el presidente otorgó la vuelta al ruedo. Toro de nota muy alta, toro de emoción y el milagro de la bravura. 

Barquito se llamaba, del hierro de Domingo Hernández. Gloria a los buenos ganaderos y a quienes perpetúan su labor en la tierra.

Fotos de Pablo Angular