Viernes, 20 de septiembre de 2019

Muchos novillos, mucho frío y poca emoción

Los ejemplares de Casasola han dado todo un curso de empalagosa nobleza, junto a los aditivos de la mansedumbre y la flojera
¿Quién dijo que no hay quinto malo? Pues hasta tres hubo de parar Diosleguarde. Foto: Miguel Hernández

Hay una ansiedad de triunfo que a veces se frustra porque no halló su cauce adecuado o porque la vida fue adversa a la ambición. Pero, en ocasiones, la vocación elegida va felizmente por el cauce propicio y desemboca en la cima de la fama con una admirable sencillez aparente. Todos hemos oído decir, en actividades diversas, que el afán es de quien se considera fuerte para la lucha y el éxito. La frase "yo me empeñado en ser triunfador y he de conseguirlo" es la máxima que no pocos de los que ayer y hoy  (hablando de toros) se aferran a ella. Pero ¡ay! que en muchas ocasiones el propósito aguerrido no alcanza así como así gracia de realidad, y es frecuente su derrota y larga por consecuencia la teoría del dolor y el desencanto.

Por eso, en el querer ser famoso, rico, reconocido, no basta la decisión de serlo sino acertar con la vocación exacta y el cultivar ésta con ilusión, con perseverancia y con entusiasmo. La consagración final de un torero, así como su valor artístico, hay que buscarla en su capacidad, en sus aptitudes, en su intuición, en su temperamento, en todo cuanto lo que hay en él de innato.

La novillada que abría la Feria de Salamanca no pasará a la historia de La Glorieta. Los ejemplares de Casasola han dado todo un curso de empalagosa nobleza, junto a los aditivos de la mansedumbre y la flojera, con el agravante de que algunos se iban al suelo. ¿Quién dijo que no hay quinto malo? Pues verán ustedes hasta tres hubo de parar  Diosleguarde. Una novillada desdibujada para una tarde desapacible, fría y un aire muy molesto para todos. Los de coleta poco pudieron hacer con estos ejemplares. Este espectáculo que ha sobrevivido a los tiempos por la emoción, esta ha quedado palidecida, como hemos dicho por un ganado que nada puso de su parte.

Cortó una oreja nuestro paisano que toreó en medio de dos mexicanos, uno de ellos San Román, que está listo para otras calendas; el otro, Miguel Aguilar, que es todo bullicio y disposición y ambos con un valor demostrado. Diosleguarde, al que pesó la responsabilidad, no terminó de acoplarse con su primero, excesivamente académico y sin arrebatarse, dejó buenas series y remates con exquisito gusto, con reposo al natural, pero la faena no cobró altura y además mató de aquella manera, o sea mal. Aviso y, aún así, se le aplaudió. En su segundo animal cosechó una faena con muletazos sueltos, bien argumentados, de uno en uno. El novillo no permitía más, y tirando de su agalbanada embestida y matando de entera trasera, se le concedió la oreja.

Nada en su primero, si acaso un par de volteretas se llevó Román ante su parado y enemigo. Mejoró la cosa en el que hizo cuarto, se metió en el terreno del toro con mucha disposición y entrega, le fue sacando y exprimiendo por ambos lados lo que tenía el animal, siempre aguerrido y con férrea voluntad, este torero, dicho queda, está para la alternativa, mató a recibir, entera tendida, y fue ovacionado con fuerza.

El tercero de la partida Miguel Aguilar se ganó la inclusión en la Feria el año anterior, en las novilladas sin caballos, y lo cierto es que gustó mucho, atesora valor, lo intenta todo, se pasa cerca los novillos y sus faenas han tenido mucha entrega y ánimo. No se arredra ni se aburre, se embraguetó con su primero, que mantuvo buen tono en el tramo final, y queriendo siempre con desparpajo; luego, como en otras ocasiones, se apoderó de él un inusitado frenesí y se amontonó tirando lo conseguido con buenas formas, pero aún equivocado él lo intenta todo.

Su segundo volvió a mostrar su buenas cualidades, se mostró en novillero, y con mucha fibra consintió una faena metido en el sitio del astado, remató por bernadinas, mató muy defectuoso y, tras aviso, le aplaudieron.