Sábado, 21 de septiembre de 2019

El que no se consuela es porque no quiere

La semana pasada leí en Tribuna Universitaria de Salamanca ¡una gran noticia! ante la que no pude reprimir una  carcajada: “LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA ENTRE LAS 500 MEJORES DEL MUNDO” era el título, según el contenido basado en Webometrics. Seguía la noticia diciendo que el puesto era exactamente el 486, el puesto 14 en España, y el 189 en Europa.

¿Qué intencionalidad hay en dar una noticia tan humillante? ¿Decir que aún no somos los últimos? ¿O es que el redactor no sabe que esta universidad que ahora está en el puesto 486 ha sido hasta el Siglo XVI una de las tres mejores universidades del mundo? ¿Y este dato lo publican, sin ningún pudor, recién celebrados los 800 años de su fundación?

Para hacer un poco de humor diremos que esta “noticia” es similar a una que publicara una gran familia, rica y poderosa, pongamos por ejemplo los Duques de Alba, que se hubieran arruinado y que les quedaran dos yeguas y un burro como todo patrimonio y que proclamaran: “¡Poseemos aún la semilla de lo que será una gran ganadería!”. El que no se consuela es porque no quiere.

En la actitud actual ante las pérdidas y retrocesos la sociedad actual reacciona de todos los modos imaginables excepto con el único modo maduro, que podría ser el inicio de una futura solución: ACEPTAR LAS PÉRDIDAS Y LOS ERRORES Y PREGUNTARNOS QUÉ ES LO QUE HEMOS HECHO MAL. Mentir, negar la realidad, desvirtuarla, manipular la información, todo excepto sentirnos responsables de nuestros límites y carencias: lo que es normal en la conducta de un niño de tres o cuatro años, no lo es para los adultos, por más que esté generalizado el modo de proceder.

Los  pasados días también se ha dado la noticia de que los niños y jóvenes españoles están a la cabeza de obesidad mórbida, después de los norteamericanos. Ante la gravedad de esta noticia podríamos no reaccionar, no hacer nada y “consolarnos”. Decir, por ejemplo, “bueno, parece que nadie pasa hambre en España”. O los más ignorantes podrían decir: “claro, como en España no se come en ningún país del mundo”.

La tendencia a no querer saber es uno de los impulsos más potentes de los humanos, escribió Nietzsche. Y hay épocas históricas en las que este placer de la ignorancia aumenta peligrosamente. Como la época presente.

Quizás por eso los adolescentes pasan una media entre 4 y 6 horas diarias ocupados con el móvil. En el fondo no saben lo que buscan, no logran comunicar lo que desean, no encuentran a un interlocutor válido que les saque de la compulsión. Navegan de una web a otra, perdidos, sin brújula. También les ocurre a numerosos adultos.