Sábado, 21 de septiembre de 2019

El viaje solidario de Salamanca al Colegio Fe y Alegría Campo Mata de Venezuela

La religiosa teresiana María Teresa López, natural de Salamanca, relata lo que significa este centro educativo, el único en un radio de 50 kilómetros, para los 943 alumnos a los que se destinarán los fondos del Rastrillo Solidario a celebrar en los salones de La Purísima

Alumnos del Colegio Fe y Alegría Campo Mata, en Venezuela.

Más de 6.700 kilómetros separan Salamanca de Campo Mata, “en la inmensidad de los Llanos Orientales de Venezuela y a 60 kilómetros de la población más cercana, Cantaura”, tal y como explica la religiosa teresiana y maestra María Teresa López Gago, natural del municipio salmantino de Ahigal de los Aceiteros y que llegó hace 57 años a estas tierras. Aquí se encuentra el Colegio Fe y Alegría Campo Mata, perteneciente a la institución benéfico-educativa Fe y Alegría y siendo el único centro educativo en un radio de 50 kilómetros. Actualmente cuenta con casi un millar de alumnos, 943 niños y adolescentes para los que este colegio “significa el poder asegurar su futuro, el futuro de su vida, puesto que es el único colegio más cercano de sus humildes viviendas, aunque a muchos de ellos les queda a varios kilómetros de distancia e, incluso, en algunos casos a más de 30 kilómetros”.

Hasta el Colegio Fe y Alegría Campo Mata llegará la solidaridad de los salmantinos, a través del Rastrillo Solidario que, del 7 al 15 de septiembre, se celebra en los salones de La Purísima (en horario de 11 a 14 horas y de 18 a 21 horas). Un rastrillo organizado para recaudar fondos destinados a proporcionar material escolar y desayuno a los alumnos con menos recursos.

“Fe y Alegría es una institución católica fundada para crear escuelas, donde no hay, para niños de escasos recurso económicos. Concretamente, si nuestra escuela no existiera, estos niños no podrían estudiar, no tendrían medios para superarse”, apunta la religiosa Teresa López. Este centro educativo se fundó en 1974, en pleno campo, en un terreno llamado Campo Mata, “con la finalidad de atender a niños y adolescentes campesinos e indígenas que vivían, y viven, en ranchitos o casitas humildes, diseminadas por la gran extensión de estos llanos y que no tenían ninguna escuela donde estudiar”. 

El fundador de Fe y Alegría, el sacerdote jesuita chileno-español José María Vélaz, pidió a las religiosas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús que aceptaran hacerse cargo de la fundación y dirección de un colegio en esta zona. Y aceptaron. Cinco religiosas -cuatro españolas y una colombiana-, llegaron al que era un lugar desconocido, perdido en toda la extensión de la geografía venezolana. A lo largo de estas más de cuatro décadas el centro ha ido creciendo en alumnado y ampliando la oferta educativa (Educación Inicial, Educación Primaria, Educación Media General, Educación Media Técnica en Contabilidad y Ciencias Agrícolas). Además, la mayor parte de los docentes que colaboran con las religiosas teresianas son exalumnos.

Lo más gratificante de formar parte de este colegio es, en palabras de la religiosa salmantina Teresa López, es “poder ayudar a estos niños y adolescentes a formarse integralmente para tener un porvenir digno y llegar a ser los hombres y mujeres que nuestro país necesita, muy especialmente en la actualidad, en la que Venezuela -los venezolanos- está pasando por una grave situación sin precedentes. Y todo esto con un sentido cristiano, puesto que somos una escuela católica”.

Vivir en Campo Mata

Las familias de los alumnos del Colegio Fe y Alegría Campo Mata son mayoritariamente campesinas, pertenecientes a la etnia indígena Karina, y cuentan con precarios recursos económicos. En su gran mayoría, dependen para sobrevivir de un pequeño terreno llamado ‘conuco’, donde siembran algunas ‘matas’, como maíz y caraotas (alubias), aunque con frecuencia las cosechas no prosperan por falta de agua y de fertilizantes. Algunos pueden tener unas gallinas y, pocos, una vaca. Los alumnos suelen proceder de familias numerosas, y en la mayoría de las ocasiones o no tiene un trabajo fijo o los que pueden desempeñar son de baja remuneración u ocasionales. Tampoco disponen de transporte para llevar a sus hijos a la escuela. “Numerosos niños para llegar al colegio se quitan el único calzado que tienen y caminan descalzos, lo mismo cuando juegan”, relatan desde el centro educativo.

El Colegio Fe y Alegría Campo Mata abrió sus puertas hace 45 años para atender a los niños campesinos e indígenas olvidados por los gobiernos respectivos. ¿Esa situación con el paso del tiempo no ha cambiado?

“No solamente esta situación no ha cambiado sino que ha empeorado, en todos los sentidos, debido a orientaciones socioeconómicas absurdas que han llevado a la deriva a este hermoso y desgraciado país, que está tocando fondo”. “Es muy grave lo que está pasando”, añade la religiosa salmantina, “es muy triste y preocupante lo que sufre la gente, los pobres cada vez son más pobres, tienen menos recursos tanto en alimentación como en sanidad, transporte...”.

“Si nuestra escuela no existiera, estos niños no podrían estudiar”

“Si nuestra escuela no existiera, estos niños no podrían estudiar, no tendrían medios para superarse”. Es, en palabras de la religiosa teresiana María Teresa Gago, la realidad de muchos de los alumnos que acuden al Colegio Fe y Alegría Campo Mata. Los salmantinos van a tener oportunidad de conocer el proyecto y de aportar su ayuda en el Rastrillo Solidario del próximo mes de septiembre. 

¿Hasta qué punto puede cambiar el día al día de esos niños y adolescentes los recursos que se puedan destinar a desayunos y material escolar? “Muchos de nuestros alumnos llegan al Colegio sin desayunar porque en su casa no hay alimentos. Cuando en el Colegio tenemos algo para que coman lo agradecen muchísimo… En cuanto a material escolar, si con lo que colabore un salmantino se puede comprar un cuaderno y un lápiz, ya está ayudando a un niño. El mayor regalo que se les puede hacer es darles un lápiz, sus padres no pueden comprárselos, y menos los libros de texto: El sueldo mínimo equivale a 2 euros y cualquier producto está carísimo, debido a la elevada inflación. Además, la mayor parte de los padres de nuestros alumnos no tiene sueldo mínimo, ya que viven en el campo, lejos de cualquier fuente de trabajo”.

Desde Las Arribes a Venezuela

De Ahigal de los Aceiteros, “en las Arribes del Río Águeda”, a Campo Mata, “cerca del caudaloso río Orinoco”. Pregunta obligada, ¿qué llevó a María Teresa Gago a tantos miles de kilómetros? “Soy Religiosa Teresiana, de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, y nuestra misión, en palabras de nuestro Fundador San Enrique de Ossó, es ir “a donde más peligren los intereses de Jesús”, es decir, donde haya personas que nos necesiten”. Llegó a Venezuela hace 57 años, “y con un pequeño paréntesis en Ciudad Rodrigo y otro en Roma, desde entonces he vivido aquí. Aprecio a Venezuela tanto como a España”. Y “para mí es un privilegio estar acompañando a estos niños y a sus familias que tienen muchas carencias. Además de poder ser hoy voz de ellos que no tienen voz”.