Lunes, 16 de septiembre de 2019

Arapiles se vuelca con el grupo Lazarillo de Tormes y su obra sobre Santa Teresa

La iglesia parroquial se llenaba de espectadores que se emocionaron y, en pie, al final, ovacionaron a los artistas

"Teresa, la jardinera de la luz" hace visible la historia de una mujer única y ejemplar

            Una mujer que bien podríamos situar en cualquier momento de cualquier época o tiempo supo, hace más de cinco siglos, plantar cara a una sociedad nada armónica y justa en lo tocante a la libertad e igualdad de sus componentes. Cuando se trata de ganar poder el poderoso se erige en adalid de sus propios intereses y los valores trascendentales quedan al margen. Pero sorprende comprobar la solidez que Teresa de Jesús manifestó ante lo que parecía irremediable, y con una voluntad férrea, una inteligencia brillante y un alma conmovida ante la fragilidad humana, enarboló la bandera de la libertad, la igualdad y la fraternidad entre aquellos con los que convivió.

            Con estas pinceladas bien nos podríamos encontrar ante el cuadro sublevador que a principios del siglo XIX supuso la Revolución francesa. Los mismos valores, las mismas ganas de cambiar el mundo y aquella sociedad francesa opresiva. Pero los instigadores a la cabeza olvidaron al resto de los humanos y conquistar otros feudos pareció convertirse en imprescindible para el país. La misma historia de siempre, que en aquellos momentos tanto afectó a nuestra hispánica patria, que también se sublevó ante la injusticia del extranjero.

            Uno de los escenarios emblemáticos y clave para la lucha española ante la invasión de los franceses, se ubica a muy pocos kilómetros de Salamanca. Dos pequeños cerros mesetarios, el Arapil Grande y el Arapil Chico, se levantan indiferentes ante lo acaecido hace doscientos años, y ven extenderse ante sus pies una planicie, que nada dice tampoco de la “carnicería” que tuvo lugar entre galos y aliados de los españoles en su titánico empeño en que los primeros abandonaran nuestras sometidas tierras. Mucha sangre derramada, pero el comienzo del fin. Como “Teresa, la jardinera de la luz” no parece tenerlo acudió en el primer día de septiembre, domingo del año del Señor de 2019, a la localidad de Arapiles donde la austeridad de sus calles y su histórico entorno la recibieron con la complicidad de compartir tantas cosas, tan importantes y sin embargo, tan desconocidas.

            Procedente de la cercanísima población de Las Torres, en la que la víspera fue puesta en escena su singular obra de teatro, el grupo ‘Lazarillo de Tormes’, siempre de camino y con el beneplácito de la Diputación charra, llega al pueblo vecino para contar también de manera única su especial historia. Es la de aquella monja del XVI, cuya faceta de ser humano, de mujer con los pies en la tierra que le tocó habitar, ha conquistado a tantos espectadores, absortos en lo visto y transformados y transportados a otra época por la especial batalla que la figura de Teresa de Jesús entabla a través de su único ejército de hermanas carmelitas para rebelarse ante el opresor, y con tan sólo el uniforme de sus pesados hábitos de estameña.

Hasta la parroquia de san Fabián y san Sebastián de Arapiles, los componentes de este grupo de aficionados al teatro trasladan el material necesario para que la Capilla Mayor que conserva vestigios mozárabes como su precioso artesonado, vea transformado su Altar Mayor en el escenario idóneo donde nuevamente la batalladora y revolucionaria vida de aquella monja vuelva a ser contada. Unos diálogos tan conocidos para algunos y siempre nuevos para todos suenan como cañonazos que alertan de cómo tan sólo una mujer creó un entorno propicio para dar lugar a un nuevo mundo, y tuvo la capacidad de dejarlo reflejado para la Historia de tiempos futuros gracias a su incontenible y lúcida pluma, aliada de una estrategia nacida de su formidable capacidad intelectual. Desde el baluarte de su púlpito, la castrante Inquisición no logra conquistar su objetivo, pero la música renacentista que nace del órgano de Salinas recuerda al público que el arte y magistralidad de algunas mentes conquistan el territorio de la Historia, que es universal.

Dicen que si cada mes de julio no hubiera una recreación de lo sucedido en aquella batalla de los Arapiles, donde todos los vecinos del pueblo se caracterizan y ponen en escena aquel cruento y decisivo combate, nadie diría que en estos parajes tuvo lugar semejante evento. Sólo los estudiosos podrían dar fe de ello. “Teresa, la jardinera de la luz” parece haber sido también la manera de hacer visible la historia de una mujer que sólo los entendidos y eruditos iban a buscar en archivos académicos o eclesiales, en claustros, conventos o iglesias, y que sin embargo con ‘Lazarillo de Tormes’ ha conseguido bajar al campo de batalla más cierto y evidente, hasta para una santa, el de los hombres, el de la vida. Otra conquista para el teatro.

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