Martes, 17 de septiembre de 2019

7 Gs, 6.000 ciudadanos y 20.000 policías

Decía un autor de ciencia ficción –quizás fuera Thomas Disch– que el mundo camina hacia una situación en la que sólo habrá tres grupos sociales: unas minorías que poseerán casi todo, unas mayorías que no tendrán casi nada y una masa de gente armada que protegerá a los primeros de los segundos.

Una vez más, la reciente cumbre del G-7 en Biarritz ha dejado precisamente esa imagen, si tenemos en cuenta que los Gs representan al grupo primero, los manifestantes, partidarios de una globalización alternativa, a los segundos y el tercer grupo, a los soldados y policías. Este fue el que estuvo mejor representado: 20.000 efectivos, franceses y españoles, en un despliegue espectacular por tierra mar y aire, con detenciones preventivas (ilegales), tropas de élite, drones, misiles y demás parafernalia, para demostrar que por encima de todo está la seguridad, sobre todo si hablamos de peces gordos. (Teniendo en cuenta que la proporción entre los gendarmes y la gente superó el 3 a 1, quizá ahí esté la futura solución al paro y a la miseria: hacer soldados, policías, vigilantes y seguratas a la mayoría de la población).

Según van pasando a los años aumenta la indignación por lo que estos mandatarios hacen –o, más bien, por lo que dejan de hacer– respecto a los grandes problemas que aquejan al mundo. Sin duda, en su agenda cabe todo: la paz y el desarme, la pobreza, la solución negociada de los conflictos, la mejora de los estándares de vida y de los salarios (supeditada, eso sí, al crecimiento económico, esto es, al beneficio empresarial), etc., etc. Pero todo ello queda en mero flatus vocis que, como los suspiros, son aire y van al aire. Por ejemplo: hace dos años, la cumbre tuvo lugar en Taormina (Sicilia), no muy lejos de las rutas de las pateras y de los barcos de salvamento de los refugiados que huyen de la miseria y del terror. Oportunamente, allí se planteó este problema que, según se decía, "exige esfuerzos coordinados a nivel nacional e internacional", para atender casos de emergencia y diseñar una política a largo plazo, ayudando a los países de origen y tal y tal. Se reconocían, sí, "los derechos humanos de los emigrantes y refugiados", pero, a la vez, "los derechos soberanos de los estados para controlar sus propias fronteras". (Anteriormente, la UE se había comprometido a admitir contingentes de inmigrantes). Ahorro comentarios respecto a lo que (no) se ha hecho luego y sólo diré como mi abuela: el hilo se rompe siempre por lo más delgado. Mientras, los mercados, la banca y las corporaciones siguen su marcha. No hacen falta reuniones para regularlos. Laissez faire.  Se contentan con que de vez en cuando se les inyecte una buena dosis de dinero público y con que bajen los impuestos, como han prometido los chicos estos que han entrado en Madrid.

Hay motivos de sobra para la indignación respecto de estas reuniones donde se da la espalda a los grandes problemas mundiales y se toman decisiones ignorando a la comunidad internacional en su conjunto. ¿Alguien se ha enterado de que Antonio Gutierres, secretario General de la ONU, ha estado en la reunión? Al parecer, pedía por enésima vez que se afrontara la problemática del cambio climático.

Trump ha propuesto que el grupo se reúna el año que viene en su campo de golf de Florida. Al final pasará la gorra para pagar los gastos, pues estos parties cuestan un pico al contribuyente y Trump ya se sabe que se preocupa mucho de su economía.

(Foto: Nuevo Diario)