Martes, 17 de septiembre de 2019

Extrañas criaturas IV: el lobo Fenrir

De la extraña criatura que hoy nos ocuparemos muchos no habrán oído hablar,  otros sí porque la mitología nórdica está de nuevo de actualidad gracias a los universos creados por la empresa estadounidense Marvel Entertainment, cuyos comics algunos ya leíamos en la década de los 60 y 70 del siglo pasado.

En 1941 apareció el primer superhéroe, el Capitán América, pero la puesta de largo de Marvel Comic (nombre anterior de la empresa) vino de la mano de un primo político de su creador, el recientemente fallecido Stan Lee, y lo hizo de la mano de los 4 Fantásticos y el asombroso Hombre Hormiga, Ant-man para los más modernos.

El terrible lobo Fenrir, es un gigantesco animal hijo de Loki, el astuto, el engañador, el timador; y las profecías dicen que matará al dios Odín cuando se produzca el Ragnarök, término que les sonara a los aficionados a Marvel por la película Thor: Ragnarök, de 2017 protagonizada por Chris Hemsworth en el papel de Thor, pero ¿saben que “Ragnarök” significa “destino de los dioses” o “batalla del fin del mundo”?. Vayamos por partes.

Loki, engendro junto a Angrboda, tres espantosos seres, Hela, la diosa del reino de los muertos, Jörmundgander, una descomunal serpiente capaz de rodear toda la tierra y el aterrador lobo Fenrir. Los tres son responsables de poner fin a la existencia del mundo[1]. Los dos primeros fueron desterrados por los dioses del reino de Asgard (el Olimpo nórdico). Hela, gobierna sobre las Tinieblas y la serpiente, las profundidades del mar[2]. El lobo, aún cachorro, quedo al cuidado del único capaz de alimentarle Tyr, el dios de la guerra.      

Pero Fenrir creía demasiado rápido y de día en día se hacía más fuerte, todos corrían peligro de ser devorados así que decidieron fabricar una poderosa cadena que le mantuviera  sujeto. Y así fue hasta el día del Ragnarök en que logró liberarse y pelear junto a sus hijos Hati y Sköll, su padre Loki, los gigantes y su hermana Hela que regresó del infierno. Sköll destrozó la Luna, su hermano Hati el Sol, y toda la tierra se oscureció, Jörmungander, la gran serpiente emergió de las profundidade y envenenó todo el cielo con su letal aliento.

La lucha que se entabló entre los dos bandos fue salvaje y feroz, es la batalla del fin del mundo, el Apocalipsis de los dioses y en ella una generación desapareció para dejar paso a una nueva “raza” divina. Vidar, hijo de Odín y dios del silencio, la venganza y la justicia, logrará rescatar a su padre de las mandíbulas de Fenrir y dará muerte al animal. Thor, también hijo de Odín, acabara con la vida de la serpiente Jörmungander pero moría en el empeño.

Unos pocos dioses sobrevivirán a la cruel guerra, Odín, y sus hijos Vidar y Vali, también Modi y Magni, hijos de Thor del que heredarán el martillo mágico, y un hijo Sol remplazará a su padre en los cielos.

Sólo dos seres humanos salvarán la vida, Lif y Lifthaisir, que al comenzar la batalla encontraron refugio en Yggdrasil, el árbol consagrado, ellos serán los encargados de repoblar el mundo dando origen a una nueva humanidad.

Para las sociedades vikingas la muerte en batalla era la más honrosa, la única que abría las puertas del Valhalla, lugar en el que los guerreros se reunirían con sus seres queridos y donde ocupaban un lugar junto a los dioses.

Acontecimientos como el Ragnarök podemos encontrarlos en otras muchas mitologías como la griega (Titanomaquia), la hebrea (Armagedón), la cristiana (Apocalipsis), la hindú (Kali Yuga) o la azteca (el quinto sol); todos ellos son relatos de muerte, pero también de renacimiento del cosmos y la humanidad.

El filósofo alemán Immanuel Kant escribió: Sólo hay una religión verdadera, pero puede haber muchas especies de fe. Amén.

 

[1] A igual que en la mitología griega, y otras, los dioses no son inmortales y se dan varias generaciones.

[2] Las similitudes con Hades, que gobierna el inframundo griego y Poseidón dios del mar son muy claras