Martes, 17 de septiembre de 2019

Soliloquio compartido

 

“La Empatía es un maravilloso superpoder de los humanos. Nos permite trasportarnos a la mente de otra persona y sentir desde su perspectiva”.

En estos inicios del mes de septiembre y una vez que el mes de agosto dio sus últimos coletazos de tantas fiestas locales, me encuentro en la parcela gozando del sol mañanero que va siendo más tibio en su calor; pero que aún nos viene bien a los que andamos “fuertes” en años de edad y en franca decadencia. Le estaba contando al señor Manuel, que está conmigo, como por mí vida habían pasado y algunas hecho mella, muchas personas singulares y que, cada una con su forma de ser y saber estar, me cautivaron. Pudiendo asegurar que en todas ellas predominaba esa-Empatía- de la que os hablaba al principio.

Y señor Manuel, puedo también asegurarle que: “Aprendí muchas cosas de los entrevistados; desde sus cualidades personales, sentido del humor, modos de ser, oficios aficiones… ¡Incluso su manera de pensar y problemas familiares! Teniendo que resaltar que ellos eran (lamentablemente muchos ya desaparecieron) y otros son, hombres y mujeres de oficios varios y personajes que vivieron en ambientes muy, pero que muy contrapuestos… médicos, cantantes, cocineros, toreros, catedráticos, archiveros, artesanos, artistas y “gentes corrientes” que: “Me dan pie para pensar que la-Empatía- es un ¡maravilloso superpoder!

Ha escuchado este-Soliloquio Compartido- el señor Manuel con mucho respeto, pero apostilla incisivo… Se podría decir también, que son ¿Gente Maja?

Pues sí, señor Manuel: “Gente normal, que sin hacer ruido se portan como gente civilizada, humana, social, abierta, dispuesta, que lucha y deja luchar, a escuchar”.

¿Nace o se hace así?

Difícil contestación amigo. Sólo puedo contestarle… ¡Usted mismo!

Y de todos esos entrevistados, ¿Alguno te impresionaría más que otros?

Pues todos señor Manuel todos. Evidentemente siempre resalta alguno y que por diversas circunstancias sobresale. Recuerdo una entrevista a una persona muy significada, que al término de la misma me espeto sin miramiento: “Bueno, no me ha disgustado nada; pero me parece que me hace usted decir cosas en las que yo no había ni pensado”.

Y la moraleja es: “Que no hay entrevista que no nos enseñe algo”. Y que el mérito del entrevistador es dejar hablar al entrevistado y después recoger lo que le contaron. Pues eso.

Pero ya que usted me pide que le resalte, algunas de las más significada para mí; le traigo a colación un par de ellas, que bien por algún toque especial o por impacto personal, me afectaron. La primera “Nachi” que era el apodo del entrevistado, me impresionó agradablemente. Ya que él era (le perdí la pista hace ya tiempo) una persona singular: “Qué no olvidaba el pasado, paro que intentaba vivir el presente”. Cuando le hice la pregunta, y después ¿Qué?... me contestó: “Uy… después a los 13 años de edad, me tuve que ir al campo a cuidar “garrapos” a Avililla, en casa de un señor que era buena persona. Allí tenía que cuidar de los cerdos, cuidar de las vacas, echar agua al ganado, ordeñar a las vacas suizas… ¡la de Dios! Ganaba siete mil pesetas al año y mantenido. Estuve tres años. Más tarde cuide la bueyada del pueblo junto a Pepe “El Cabrero”. Y durante aquellos días me leí toda la colección de novelas del Oeste escritas por La Fuente Estefanía. Y luego me fui al norte: Mondragón, Beasaín, Lazcano. Y fíjate que contraste. Sembré muchos pinos y corté aún más. Por la noche a dormir encima de unos sacos de paja y las comidas nos las teníamos que hacer nosotros”.

Y la segunda fue totalmente desoladora; nos ocurrió cuando regresábamos de hacer una filmación con Mariano, cámara, y ya cerca de Florida de Liébana y a la salida de una curva nos encontramos con un espectáculo estremecedor. En el centro de la carretera una pequeña moto destrozada y cerca de ella, un chaval de dieciséis años de edad… muerto. ¡Terrible! En la charla posterior con uno de los Guardias Civiles, que cubrían el triste suceso le insinué: “Ustedes ya están acostumbrados”. Me miró tras breve pausa, y pienso que con atisbos de lágrima, me contestó: “A esto no se acostumbra nunca, y menos cuando la víctima es un niño de dieciséis años de edad”. Añadiendo a continuación: Se ha fijado que la moto marca en el cuentaquilómetros 00023… ¡Terrible!

Por ello, señor Manuel; tengo que volver a repetirle que: “No hay entrevista que al entrevistador, no nos haya enseñado algo”. Y por ello también, cuando Mariano y yo reanudamos la marcha; me preguntaba dolorido ¿Merece la pena? Y, tal vez, señor Manuel, la-Empatía- de la que tanto hemos hablado tenga que ver con la pregunta, dado que: “Nuestra capacidad para preocuparnos por los otros, aparece cuando estamos expuestos al sufrimiento”. De hecho, algunas veces, ello puede resultar demoledor.

Apure el vermú, que nos vamos ya y-Mañana será otro Día… ¿Sabe usted lo que significa-SOLILOQUIO?...

Pues: “Habla o discurso de una persona que no dirige a otra la palabra “.

O sea… ¡Qué habla para sí mismo!

Sí señor Manuel. Es decir; algo que yo pensaba únicamente para mí, pero que hoy he compartido también con usted. SOLILOQUIO COMPARTIDO. Pues eso.