Martes, 17 de septiembre de 2019

Bienvenido, agosto

Este mes de agosto quiero música, quiero crear mi propia canción, cantar, reír y porqué no, bailar

Este mes de agosto quiero música, quiero crear mi propia canción, cantar, reír y porqué no, bailar.  Comenzaré poniendo como director de orquesta a Neptuno y su tridente hará las veces de batuta, y dirigirá así el sonido de las olas para brindar los más originales y variados registros que nos pueda ofrecer el mar.

Ya imagino los paseos por la orilla sintiendo la arena, quizá cálida  y suave bajo mis pies, mientras el agua acaricia mis tobillos con mucha delicadeza, y al ritmo de la brisa. La mirada al frente, para contemplar el maravilloso y bien perfilado horizonte, observando cómo el reflejo del sol dibuja un camino en el mar y sintiendo como calienta de una manera delicada y acogedora todo mi cuerpo. Mi olfato se alimentará de los olores del mar, seguramente una mezcla entre salado, húmedo y fresco. Mi mente ya se traslada, en calma. Mi cuerpo empieza a disfrutar y viajan mis sentidos.

A esta canción también le pondré color, además de los tonos azules añadiré el verde de la montaña. Aquí los paisajes también suenan, entonan con el viento, con el agua de canales, fuentes y riachuelos, y cantan los solistas, todos aquellos inquilinos que allí viven.

Aquí el paseo debe ser lento, debe mirar sin prisas, éstas se mezclarán con el viento y serán absorbidas por la grandeza y los detalles de la naturaleza, y dejaré que se pierdan en la distancia.

Cada montaña y cada mar  tienen su propia banda sonora y aunque el viento siempre acompaña, con más o menos intensidad, siempre puro, recién cosechado, es el agua la gran escultora de este paisaje acústico.

Por ese motivo, quiero gritar fuerte: ¡qué empiece la función!, que se entere el mar, que retumbe mi eco en las montañas y que llegue, suave a tus oídos, a los de cada uno para disfrutar de este concierto ¡Qué no pare la música!