Viernes, 21 de febrero de 2020

Para las mujeres no hay verano

         Yo quisiera escribir sobre veranos blancos, morunos, plenos de flores y de luces que tamiza mi sombrero de paja, mi ropa larga de marroquí, mi amor extremeño por el calor que no cesa, el té helado, la calma, el azul de la piscina donde no me meto. Escribir sobre el norte que añoro, la humedad relativa del deseo, las tempranas mañanas de lo fresco y los niños, mis niños, crujientes de verano, resbaladizos de cloro, mis sobrinos casi gemelos aprendiendo a ir al baño, desnudos, liberados, otra vez al agua, otra vez al sol que no cesa y nosotros, los mayores, acarreando comida, bebida, cremas solares, toallas secas… porque el verano es para los niños y nosotros a comprar helado, a enfriar cervezas, a decirle al abuelo que se ponga el sombrero, al niño la gorra y a pasarnos revistas y mensajes ¿Llevas tú el pan? Amor que salpica como el grifo que lava la torre de Babel de nuestros afectos… yo querría escribir de eso…

         Sin embargo se quema lo seco, las mujeres mueren a manos de quienes decían amarlas, los coches se salen de la carretera, se quema lo seco, se agolpan los rescatados del mar en la balsa de la Medussa, las mujeres siguen muriendo, estamos de vacaciones y hay luz, agua azul, y quienes merecen un descanso siguen trabajando mientras quienes no merecen ni un céntimo de lo que cobran se van de vacaciones ¿Hay algún gesto que nos recuerde la responsabilidad, la rabia, el trabajo bien hecho?

         Un gesto que no sea esta estupidez de ir a América en un barco y no en un avión, como si navegar no contaminara a no ser que vayas a puro remo y a pura vela… centrémonos en lo importante y lo importante es que alguien diga que ya basta. Que alguien se quede en el despacho hasta resolver lo que nos falta, lo que duele, lo que es urgente de a de veras, y basta ya de acusar tras años de silencio, basta ya de matar mujeres, basta ya de ahogamientos, de coches que se salen de una carretera que no queremos pagar porque para eso pagamos impuestos, para que a Exremadura la crucen las autovías que se merece. Un gesto que nos devuelva la humanidad y la humildad del trabajo bien hecho, un gesto de grandeza, de ética: quedarse sin vacaciones, sí, quedarse en el despacho, quedarse a gestionar la crisis migratoria, la crisis de seguridad, la crisis de aquello que debería legislarse y tratarse, y resolverse. Un pequeño gesto que nos sitúe en la cordura, nos vista de humanos con los jirones de lo que hemos perdido por el camino. Porque hemos perdido el norte y arrecian los gritos en torno a nosotros, los malos modos, el ruido, la violencia, el escarnio del vecino, del otro, del cercano… y crece la ola y nos arrastra y por qué será que las mujeres y los niños primero en este naufragio de verano que nos convierte en víctimas de todas las violaciones, de todas las muertes… y sin remedio, sin remedio, sin remedio…

         Yo quería escribir sobre niños y flores, sobre este mundo azul donde ríen mis pequeños feroces, hambrientos de merienda, de siesta, de juegos. Acaban el baño y se van al camino polvoriento a montar en bicicleta y es eso sobre lo que escribir quiero. Dos niños en bici, el sol que se pone… y el verano que es para ellos y no para fuegos y muertos, para barcos hundidos de gente y árboles secos..  

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.