Jueves, 14 de noviembre de 2019

De bandas, de botines y de chiringuitos

Profesor de Derecho Penal de la Usal
Isabel Díaz Ayuso. Foto: Europa Press

A finales de julio en las sesiones de la investidura fallida de Pedro Sánchez, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, insistía en calificar al partido ganador en los 4 procesos electorales (generales, autonómicas, locales y europeas), el PSOE, como “una banda” que se iba a repartir el “botín” con las formaciones políticas con las que teóricamente iba a pactar la formación del gobierno en aquél momento. Una terminología más propia de organizaciones criminales que de partidos políticos que, como bien establece el artículo 6 de la CE son un “instrumento fundamental para la participación política”.

Pues bien, durante la presente semana hemos asistido al esperpéntico episodio de la investidura de la nueva y flamante presidente de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, del PP, con el apoyo de los diputados de su grupo, de  Ciudadanos y de Vox. En su discurso leído, con un contenido que deja mucho que desear y que demuestra una solvencia técnica y de gestión más que dudosa, ha defendido la creación de una consejería de víctimas del terrorismo porque, según su indigente discurso, “hay que plantar cara a quienes pretenden tergiversar la historia y manchar su recuerdo”, prosiguiendo en su “elocuente” disertación que “no se puede consentir que, en un Estado de Derecho, el verdugo tenga más reconocimiento que las víctimas”.

Escuchar esto me produce urticaria tan sólo días después de que los líderes de Vox, -quienes han apoyado sin fisuras a la presidente Ayuso-, hayan traicionado a víctimas de la represión franquista, concretamente a las denominadas “13 rosas” (la mitad de ellas menores de 21 años), de las que el pasado 5 de agosto se cumplieron 80 años de las ejecuciones. El 5 agosto de 1939, ya finalizada la contienda y, presuntamente, en “tiempo de paz”, esas 13 mujeres junto a 50 hombres (uno de ellos de 14 años de edad), todos pertenecientes a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) fueron fusilados en la tapia del cementerio de la Almudena de Madrid, después de un Consejo de Guerra que duró una jornada y que se celebró el 4 de agosto. Días más tarde, en aquél fatídico agosto, fueron ejecutados vilmente otros 21 jóvenes más y seguirían así las ejecuciones sumarísimas y asesinatos que, ya en tiempos de paz, a partir de 1939 se calculan en aproximadamente 50.000. Ciertamente, durante los años de la Guerra Civil, con independencia de los muertos en combate, hubo miles de asesinados por ambos bandos (los historiadores cifran en 50.000 los ejecutados por el bando republicano y 100. 000 por el bando franquista, todos ellos condenables, por supuesto), pero una vez acabada la contienda, todas las ejecuciones y asesinatos fueron cometidos por el mismo bando, el franquista, como es lógico, sin ningún tipo de indulgencia y con todo el terror, premeditación, alevosía y ensañamiento posibles.

Volvamos al contenido del discurso de la nueva presidente Díaz Ayuso, porque me surgieren algunas cuestiones. Según esto, ¿estará dispuesta la señora presidente a considerar que aquéllos verdugos del bando franquista que asesinaron, -en tiempo de paz insisto- a miles de presos políticos tengan menos reconocimiento que sus víctimas, entre las que estuvieron las 13 rosas? ¿apoyará sin fisuras la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos, puesto que éste fue el “verdugo supremo” y según la señora Ayuso “no se puede consentir que en un Estado de Derecho el verdugo tenga más reconocimiento que las víctimas”?

Retomando el hilo argumental del primer párrafo de este relato, los correligionarios del señor Rivera en Madrid encabezados por el señor Aguado, ya se están repartiendo “el botín”, porque antes de que la presidente haya tomado posesión ya se sabe quién va a ser el consejero de Transportes; será Ángel Garrido, que abandonó el PP para integrarse en Ciudadanos poco antes de las elecciones generales. Ante esta decisión, la entonces candidata del PP, hoy presidente de la Comunidad, Díaz Ayuso, dijo que era “una puñalada de Albert Rivera a Pablo Casado”.  Si fue una puñalada, señora Ayuso y, según su discurso, ¿va a tener más reconocimiento quién dio la puñalada, es decir, “el verdugo”, que la víctima? Creo que es una distorsión pedagógica bastante evidente y que los niños no lo entenderán, como tampoco lo entendemos los adultos.

Amén del discernimiento anterior, hay que recordar que la nueva presidente de la Comunidad está incluida en la radiografía de corrupción que ha quedado nítidamente plasmada en la trayectoria de los últimos 24 años de gobiernos del PP en Madrid. Los gobiernos de Gallardón, Aguirre, Ignacio González, Cifuentes y Garrido han estado implicados en graves y turbios asuntos de corrupción política y económica y Díaz Ayuso ha formado parte, de una u otra forma, en alguno de esos gobiernos; incluso profesionalmente su trabajo dependía de la Comunidad de Madrid formando parte de lo que ellos llaman “chiringuitos”, cuando esos puestos los ocupan los adversarios. La nueva presidente no ha aclarado las sospechas que sobre ella hay de implicación en la “Púnica” o lo más reciente del préstamo recibido por su padre (ya fallecido) de la empresa semipública Avalmadrid y el presunto alzamiento de bienes cometido por la propia Díaz Ayuso al haber recibido dos inmuebles de su padre cuando éste era moroso. De todo esto la presidente debería dar explicaciones y sus socios (fundamentalmente Ciudadanos porque ha venido pregonando siempre una política contra la corrupción y a favor de la transparencia) tendrían que exigírselo, por el bien de la democracia y del Estado de Derecho.