Viernes, 22 de noviembre de 2019

Divagación

En los años treinta, bastante abiertos y liberales, tal vez desde los veinte -con esa libertad, loca e ingenua-, probablemente se fueron gestando los años cuarenta.

Confieso que descubrí tarde a Marlene Dietrich… Sí, es un mito, un icono, pero no había visto muchas de sus películas… O no me acordaba. Sin embargo, hace no tanto tiempo vi Morocco (Marruecos), una película de 1930, y me di cuenta de que fue una señora muy sensual, tremendamente atractiva y muy, pero que muy moderna.

Para empezar, es una película en los inicios del cine sonoro: tuvo que ser “muy moderna” para atreverse a salir vestida de hombre y besando a una mujer, aunque sea casi de refilón.

Esa película me hizo recordar otras de esa época, por ejemplo, las de Tarzán de Johnny Weissmuller. En una de ellas aparece Jane desnuda, porque al lanzarse al agua a nadar, el vestido que le han regalado unas “visitas” que buscan que regrese a la “civilización” se queda enganchado… Sí, leyeron bien, desnuda; verla así, en versión original, de sonido y de imagen, me hizo darme cuenta de que nos censuraban las pelis en Sesión de tarde, claro… La tele de nuestra infancia y adolescencia era así.

O sea, que ya mayorcito vengo a saber que en los años treinta eran bastante abiertos y liberales, parece, porque estamos hablando de productos de consumo no precisamente marginales.

Pero claro, en esos años treinta, tal vez desde los veinte -con esa libertad, loca e ingenua-, probablemente se fueron gestando los años cuarenta, incluso el final de los propios treinta, al menos en España.

Porque siempre ha habido, siempre habrá, gente a la que eso de la libertad no le gusta; y creen que la libertad es obligación de hacer cosas que no quieren, cuando la única obligación que hay con la verdadera libertad es ejercer esta. Pero no, no lo van a permitir… Esas personas son las que ven la libertad de los otros como un mal ejemplo y no entienden la diferencia entre ley y reglamento… Siempre será más fácil prohibir que convencer. Siempre será más fácil imponer la moral que convencer desde la ética.

La libertad de los años treinta terminó con Franco y Hitler, dice la Historia.

De nuevo, los ultras están ahí al acecho: el tira y afloja entre los que creen que cuantos menos derechos haya, mejor y los que quieren derechos sin deberes nos tiene a la mayoría en medio…

¿Cómo terminé aquí si empecé hablando de una película de Marlene Dietrich?  

Es agosto.

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