Jueves, 29 de octubre de 2020

El espíritu de Domingo

"La naturaleza de la Orden como sociedad religiosa deriva de su misión y de su comunión fraterna" (LCO VI).

 

Espero y rezo para que en los próximos años, la reestructuración de la Orden que comenzamos hace años, avance hacia un sentido más intencional y profundo de comunión.

Fr. Gerard Timoner

En los primeros días del mes de agosto, dedicamos una pequeña reflexión a Santo Domingo de Guzmán y a la Orden de Predicadores, es una forma de comunión con el carisma compartido. Su fiesta se celebra cada año el 8 de agosto, aunque la Bula “Fons Sanpientiae” dictada por Gregorio IX del año 1233 que estableció su santidad, quedó fijada el 5 de agosto. El Papa Pablo IV en el año 1588, quiso dar un carácter universal a la fiesta romana de Nuestra Señora de las Nieves, con lo que la fiesta se trasladó al 4 de agosto (en muchos pueblos se sigue celebrando en esta fecha). Con la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la fiesta quedó definitivamente fijada para el 8 de agosto.

La Orden de nueva creación en la primavera del año 1216, va consagrar su vida religiosa y su ministerio a la predicación de la palabra de Dios, servicio que sigue siendo su deber y su propia misión en la actualidad.  En el último capítulo celebrado en Vietnam desde 7 de julio al 4 de agosto, se ha insistido mucho en las diferentes comisiones de una “opción misionera por las periferias”. Quiere ser una respuesta al desafío de la intergeneración y la interculturalidad de nuestro mundo globalizado, subrayando aquellas áreas de vulnerabilidad, pasando de una cultura de la caridad a otra de la solidaridad.

Es muy importante en la predicación no separar vida y misión, para ellos se ha recalcado la importancia de la fraternidad como una de las más importantes expresiones del carisma de la Orden. La vida fraterna es propia de la identidad de los predicadores, no se entiendo un dominico sin comunidad, necesaria para armonizar la vida contemplativa con la misión apostólica. La misión no es solamente lo que hacemos, predicar, sino principalmente lo que somos, predicadores, afirmó el nuevo Maestro de la Orden Gerard Timoner, recientemente elegido. La comunión entre todos debe guiar la predicación. Es lógico que existan diferencias y diversidades en la Orden, pero es fundamental permanecer como hermanos y esa comunión, donde la diversidad puede ser un servicio profético a la Iglesia.

El 17 de mayo del año 1220, día de Pentecostés, Santo Domingo convoca el primer capítulo de la Orden, declarando su intención de proceder democráticamente a través de la representación y consulta. En ese primer capítulo entraron en acción dos elementos principales de gobierno: el Capítulo y el Maestro General (Santo Domingo). Domingo, junto a sus frailes, convinieron que mientras durase el Capítulo tuviera suprema autoridad, incluso sobre el Maestro de la Orden. También hoy es así, aunque el Maestro preside, es el primero entre iguales. Cada participante del Capítulo tiene la misma autoridad y un voto de igual valor. Ese espíritu de Domingo en el primer Capítulo aún hoy perdura.

En el 290º Capítulo General Electivo de la Orden de Predicadores en Biên Hoà (Vietnan), además de definir las grandes orientaciones de la vida de la Orden y revisar sus leyes, se ha elegido al nuevo Maestro. El filipino Gerard Timoner, ha sido nombrado el 88 sucesor de Santo Domingo y el primer fraile asiático en ocupar ese cargo para los próximos 9 años. Tiene 51 años y ha sido hasta ahora socio del Maestro para la región de Asia-Pacífico de la Orden de Predicadores. En 2014, el Papa Francisco lo nombró miembro de la Comisión Teológica Internacional del Vaticano, para cuestiones doctrinales de mayor importancia y actualidad, en particular de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En la opinión de los capitulares, un digno sucesor de Bruno Cadoré, buena persona, accesible, amable e inteligente y gran teólogo.

Gerard Timoner, en su primera intervención, citando a Santo Domingo afirmó “Misión no es lo que hacemos, misión es lo que somos” e invitaba “mirarnos a nosotros mismos, para reconocer cuál es nuestra identidad como predicadores del Evangelio. Porque somos predicadores incluso cuando no predicamos; somos predicadores incluso si no estamos ordenados; somos predicadores cuando estamos en la habitación en una investigación profunda; somos predicadores cuando ayudamos a los más desfavorecidos; somos predicadores en todo lo que hacemos…”

En un mundo tan cambiante y globalizado como el nuestro, los grandes desafíos para la Orden son muchos y variados. Teniendo como fondo la fraternidad y la predicación, los nuevos retos son como aprender a estar presente en las nuevas tecnologías disruptivas para el bien de la predicación. Vivir la sencillez como testimonio. La búsqueda de justicia para aquellos de nuestro mundo que son, dentro o fuera de su país de origen, refugiados o migrantes, que sufren rechazo, que carecen de necesidades básicas, que son vistos y tratados con falta de dignidad.  La continuidad en el estudio en el conocimiento desde el enfoque contemplativo que acompañe a una auténtica vida intelectual de educación permanente. Estar familiarizados con los signos de los tiempos y no sucumbir al impulso de ser “políticamente correctos” en la predicación. Fomentar la justicia y la paz en alta voz y con vehemencia contra las guerras y el cambio climático.

Santo Domingo quería hombres evangélicos en su Orden, para ello era necesario no solo el estudio, sino la oración. Era la condición indispensable para ser apóstoles. La palabra de Dios no puede ser captada solamente por un proceso intelectual, necesita ser saboreada en la oración, es lo que la convierte en amor. Domingo, en el segundo capítulo, incorporó los principios de colegialidad y subsidiaridad, respetando la libertad de sus hermanos, esperando que obrasen responsablemente con la ayuda del Espíritu Santo. En este aspecto el espíritu de Domingo late en el corazón de la Orden al mismo ritmo marcado en el siglo XIII, todos los conventos, fraternidades, organizaciones de caridad y universidades emplearán métodos de gobierno electivos y representativos. No está todo igual, está en evolución permanente. La Orden desde hace ocho siglos ha propuesto una democracia fraternal que constituye un “humanismo integral” en coherencia con un modo de ser y pensar desde la caridad y la verdad.