No te vayas de Navarraaaa

Cuando el nefasto expresidente Zapatero se esforzaba en despreciar los negros presagios que se cernían sobre nuestra economía, los españoles -como ha sucedido en toda nuestra historia- volvimos a dividirnos en dos bandos: los que creyeron los fantasiosos cuentos de la lechera porque les iba muy bien esa circunstancia -o porque se dejaban llevar por la corriente de indolencia de la que somos aquí tan amigos- y los que nunca se lo creyeron. Bien es verdad que, para seguir fieles a nuestras tradiciones, en este último corrillo también había dos familias: los que tenían a mano herramientas para contrarrestar el intento de engaño, y no lo hicieron, y los que únicamente podían resignarse y echarse las manos a la cabeza. En aquella ocasión, la respuesta del gobierno a las críticas fue de desprecio olímpico, calificándolas de exageradas e indocumentadas Han tenido que pasar diez años para que el “Trío de los Panchos”, Zapatero, Solbes y MAFO, reconocieran su falsedad.

Confieso mis pobres conocimientos en materia de macroeconomía. Procuro, eso sí, estar al día de lo que se opina del tema, dentro y fuera de España. Todo parece indicar que el momento se presenta, como mínimo, muy delicado. Una serie de acontecimientos han confluido en el momento para salpicarnos a todos: la ausencia de gobierno y de presupuestos, el despertar de nacionalismos secesionistas, nuestro descomunal déficit, la continua tensión antiterrorista, el grave problema de la inmigración, el Brexit, el enfrentamiento Trump-China … Amasándolo todo nos encontramos con un ambiente muy peligroso. Ya sé que, como se consuela a los enfermos, siempre habrá alguien que pretenda engañarnos con la disculpa de que hay quien está peor. Cierto. Pero también lo es que aquí no estamos aplicando los tratamientos adecuados. Sánchez no ha sido capaz de mejorar ningún aspecto de nuestra economía, ni de facilitar la convivencia de todos.

Llevamos un año con un gobierno atado de pies y manos, que pretende prolongar la situación otros cuatro. La obsesión de Pedro Sánchez es gobernar a toda costa, al margen de la lógica, con certificado de inmunidad y, si fuera posible, la misma inviolabilidad que el Rey. En su delirio por permanecer en La Moncloa, enarbola argumentos que chocan frontalmente con su ejecutoria. Se le llena la boca de proclamar, una y otra vez, la necesidad de poner en marcha un gobierno de progreso. A ver si es posible que nos entendamos. ¿Qué entiende Ud. por gobierno de progreso? ¿Aumentar el déficit? ¿Frenar claramente la recuperación económica? ¿Ahuyentar la inversión externa? ¿O acaso se cree totalmente inocente del batacazo del IBEX 35? ¿Hacer oídos sordos a los continuos ataques que sufre el idioma oficial por parte de los gobiernos nacionalistas, muchas veces con el apoyo explícito de sus correligionarios? ¿Mirar continuamente para otro lado ante la provocación del independentismo catalán? ¿Permitir que se homenajee a terroristas humillando a sus víctimas? Si el progreso es eso, a mí que me borren de esa lista.

Lo que los españoles sabemos -incluidos no pocos socialistas que no se atreven a manifestarlo- es que tenemos un presidente con sobresaliente cum laude en la especialidad de la mentira. Después de los alcanzados ya con la tesis o su Manual de Resistencia, ahora se entrena a base de añadir “módulos” logrados proclamando una idea y llevando a cabo la contraria. Entre las razones apuntadas para justificar lo que llama gobierno de progreso, hace hincapié en “no tener que depender de ningún partido independentista” (sic). Y se queda tan pancho. ¿De quién dependió su victoria en la moción de censura? ¿A quién se ha dirigido, exclusivamente, cuando ha necesitado votos para su fallada investidura? ¿Y a quién dice que seguirá tendiendo la mano hasta el 23 de septiembre? Puro teatro.

Lo que el PSOE acaba de perpetrar en Navarra no sería de recibo en ninguna democracia occidental. Es más, esos compañeros de partido que conocieron épocas más dignas y que, o bien no quieren perder la nómina mensual, o han perdido toda capacidad de oposición, ya es hora de que se dejen oír.  Si fueron capaces de expulsar a Pedro Sánchez en aquel vergonzoso Comité Federal, ¿cómo es posible que permanezcan callados? La ética, la decencia y la democracia están por encima de los intereses partidistas, y mucho menos de los personales Que nadie quiera vendernos ahora la burra diciéndonos que la última decisión ha sido de la Sra. Chivite. Nada se mueve en la escena política sin el visto bueno de Ferraz. En este caso, aunque resulte doloroso reconocerlo, la última decisión la ha tomado Bildu -ya se ha vanagloriado públicamente de ello. Si no fuera así ¿a qué espera Pedro Sánchez para renegar abiertamente de ese apoyo? Toda la España democrática es un clamor contra semejante sacrilegio del socialismo.

El nuevo Adenauer de Ferraz está dispuesto a cargarse los logros alcanzados hasta hoy, una vez que ha saboreado las prebendas del cargo. Puestos a ser malpensados hay que suponer que Pedro Sánchez tiene hipotecado su futuro inmediato con el ultimatum de quienes han decidido sostenerlo. Ante políticos que han olvidado los valores que propugna nuestra Constitución, es fácil adivinar con qué herramientas le van a hipotecar. Con los secesionistas catalanes -que son los que ya gobiernan- no es preciso hacer elucubraciones, porque lo dicen a bombo y platillo: libertad para decidir -su independencia- y el compromiso, más o menos tácito, de la libertad sin cargos para los políticos presos y pendientes de sentencia. Todo lo demás, desengañémonos, ya lo han conseguido. Afeamos a Rajoy -con razón- la blandenguería con que trató el problema, pero al menos lo trató. Sánchez ya ha anticipado su intención de no molestar a los secesionistas -a base de olvidar a los otros catalanes. Esta táctica del dolce far niente está dando los primeros frutos en favor del independentismo. Cada vez nos llevaremos más sorpresas.

En Navarra, a partir de ahora, estamos abocados a comprobar cómo desaparecen de la escena cimientos que hasta hoy sustentaban la esencia de ese antiguo reino. El nacionalismo vasco, que siempre ha buscado perpetuarse en la prebenda, tiene en su credo sabiniano la anexión de Nafarroa e Iparralde. La firmeza de los franceses a la hora de defender su grandeur siempre frenó en seco esas ensoñaciones. De este lado de los Pirineos, después de derrotar a ETA, estamos permitiendo que los abertzales vuelvan a levantar cabeza y se permitan nuevas provocaciones. Conseguido su particular status económico a costa del resto de España, lo que pretenderán ahora será expulsar de su comunidad al Ejército, a las Fuerzas de Orden Público, perseguir el idioma español y manejar convenientemente el sistema educativo. En una palabra, hacer la vida imposible a quien se declare navarro, vasco y español. La historia será implacable con los políticos responsables de que las FAS, las FOP, la Bandera, nuestro idioma, nuestra Historia y nuestra democracia abandonen un día esa parte tan querida de España. Por eso me dan ganas de cantar aquella copla tan entusiasta: ¡No te vayas de Navarraaaa!