Sábado, 8 de agosto de 2020

Perú

Hoy se celebran las Fiestas Patrias de mi país primero, de mi Perú indeleble.

 

Alfredo Pérez Alencart junto al tronco de un árbol de lupuna (2014, Puerto Maldonado. Foto de Jacqueline Alencar)

 

Yo he bebido esa leche verde que va nutriendo el goce

tras comer y dormir

en los pezones de árboles susurrantes

guardando el fruto que a diario perfumaron

el delta de mi desamparo

cuando fui puesto en la costa más agria

mostrándome su pesado cortinaje de garúas

y de vaso en vaso

quebré el extravío sin quemar consuelos

por el hervidero Capital

donde hasta el aire me acosaba

como bestia sedienta restregando su sobaco

en mi nariz.

Pero avancé por el desierto

del ardor

con mis raíces y fastidios,

tan caracol para llegar seguro, lleno de ecos

cargando chispas o mareas y semillas de la noche

por el témpano azul de los Andes

que desde niño divisaba

horizonte al fondo de mi calurosa Tierra,

región fiel y delirante

en las aguas que repetían su imagen ceremonial

a vuelo de águila danzante del cielo

mientras yo abría códigos

de chirriantes exorcismos que a veces

adivinaba

con las plumas de la libertad.

 

Carné de extranjería de Alfredo Pérez, emigrante asturiano y abuelo de A. P. Alencart

 

Mi lengua saborea

una porción del Perú que fue amansada

por mis ancestros,

secretas selvas con diez mil años de recuerdos

y cálidos hechizos

y pequeños proyectos tramitándose

sin renegar de la leyenda.

Por eso no lavo mi amor

en esta tarde que me filtra el Puerto

de mi desembarco. Por eso

atravieso el río sin parpadear de golpe:

así brillan los besos

que recubren la piel de tanta ausencia,

pétalos que pastoreaba por el barranco tan hondo,

anterior a mi mirada

que ya encontraron los Pérez y los Troncosos

con los Mendozas surcando el Manu

o el Inambari

sin orden jerárquico por la subsistencia

de la que no salieron ilesos.

 

Alencart con sus padres Alfredo y Rosa, en Salamanca (Verano de 2008. Foto de Jacqueline Alencar)

 

Luz y sueño.

Luz y pronto deseo

para mezclarse con las amazonas, como el errante

Alencar que a los cincuenta y tantos

buscó pareja de veinte para ahuyentar a la máscara

de la muerte.

Soy un peruano con muchas patrias:

por eso nunca me ha lacerado la soledad

ni me hace lagrimear el humo

del desarraigo.

Soy un peruano de única Tierra:

la de mi soplo original, la de mi labio vivo

moviéndose hacia la selva

con su abundante rumor de mundo.

 

Alfredo con su esposa Jacqueline, su hijo José Alfredo y su sobrino José Luis (Río Madre de Dios)

Soy un peruano:

pasen hasta mi corazón y vean,

vean que no hay genuflexiones ni frases delebles

falseando méritos de peruanidad,

himnos van e himnos vienen

los días conmemorativos hechos nada

a la mañana siguiente.

 

Mi Perú es mío y sólo lo comparto

con quienes hallan en mi voz su tremenda

identidad mestiza

por los cuatro costados.

 

En adelante

bajaré a beber del pezón más fresco

de esa Tierra que dejó su gracia

en mí.

Río Madre de Dios o Amarumayo (río de la serpiente)

 

(*) Poema publicado en el libro cartografía de las revelaciones (Verbum, Madrid, 2012)

 

Acto de reencuentro con algunos de sus compañeros de la promoción Eduardo Rodríguez Torres,

del Colegio Nacional Guillermo Billinghurst

 

Con Jacqueline Alencar, por el Río Tambopata (Foto de Pachala Salhuana)