Viernes, 10 de abril de 2020

Por qué siempre feliz

 

 

 

¿Por qué siempre feliz?, me dice Sydney. A veces no es fácil responder a las preguntas de los estudiantes y una siente la tentación de contestar con otra pregunta, una pregunta que lance la pelota a otro tejado o el socorrido y desenfadado ¿Y por qué no? o simplemente sonreír, que es lo que acabamos haciendo tantas veces cuando no sabemos qué decir o no comprendemos la pregunta.

Que enseñar es aprender es algo que sabemos todos los que nos dedicamos a enseñar (o a aprender). Y si todas las clases son espacios de aprendizaje, la clase de español para extranjeros es un regalo constante de aprendizaje intercultural, intenso, completo, siempre diferente y siempre único, que ofrece al profesor la oportunidad de ser representante de una lengua y una cultura, con toda la responsabilidad que esto implica, puesto que, como dice mi compañera Lula (Mª Dolores Iriarte Vañó, en el recomendable libro ¡Cuidado con el femenino de pollo! Pensamientos de una profesora de español para extranjeros), “Para nuestros estudiantes, España somos nosotros”. En mi mapamundi cada país tiene los nombres, las caras y los recuerdos de las personas que he conocido, la mayoría de ellos en este contexto en el que todos enseñamos y todos aprendemos.

Cómo no ser feliz, Sydney, con un trabajo tan excepcionalmente enriquecedor e inspirador. Cómo no ser feliz cada vez que llega el viernes y el lunes está tan cerca, cómo no ser feliz si en este trabajo podemos ser profesores, psicólogos y cómicos al mismo tiempo, cómo no ser feliz con un trabajo que es tantos trabajos, como bien supo reflejar el siempre acertado Forges, y la clase es un organismo heterogéneo, un organismo en crecimiento que se conoce y se reconoce cada día en la palabra y en todo lo que no es la palabra y, sobre todo, un organismo vivo, muy vivo. Porque no hay muchos espacios tan vivos como esta clase, tan llenos de vidas y de vida compartida, con tantas atmósferas distintas que en la magia de este momento son una sola, una atmósfera tan diversa y tan plural como un planeta o un idioma, tan diversa y tan plural como tú, como nosotros.

Porque enseñar es aprender y conocer y disfrutar y porque, aunque sea siempre tan triste despedirse de alumnos a los que sabes que probablemente no vas a volver a ver nunca más, como sucederá mañana cuando cierre la puerta de esa clase que nunca será la misma por última vez, esa tristeza solo es una evidencia de la increíble y extraordinaria suerte de haberlos conocido, de haberos conocido, de habernos conocido, de haber coincidido en este preciso instante en este pequeño rincón del mundo. Por eso, Sydney. Sí, por eso. Por eso siempre feliz.