Lunes, 3 de agosto de 2020

Un gran salto... hacia la nada

 

Sí, nos acordamos del alunizaje del Apolo XI, hace ahora cincuenta años, como recordamos otros sucesos llamativos, los primeros que se podían ver por televisión en la España de los años sesenta: la muerte del papa Juan XXIII, la crisis de los misiles de Cuba o el asesinato de John F. Kennedy (también los de su hermano Robert, Martin Luther King y Malcolm X). Había pocos televisores entonces en España, pero, como ocurrió en los años treinta con la radio, los bares y comercios multiplicaban las audiencias.

Las cosas que dejan fuerte impronta en la memoria nos aportan también el registro de las circunstancias: vimos el alunizaje en una taberna de Barcelona, cerca del paseo de Maragall, en una tele blanco y negro de 21 pulgadas. Un blanco y negro que filtró la visión que este país tenía de sí mismo durante décadas. Estaba entre la concurrencia un policía fuera de servicio, un poco voceras y falto, que ridiculizó a los presentes por dar credibilidad a la noticia. (No fue el único: a uno de mis abuelos, que murió por entonces sin haber usado jamás un teléfono, tampoco le cabía en la cabeza). Por si fuera poco, en 2001 se hizo circular un supuesto documental donde se sostenía que las imágenes del alunizaje habían sido grabadas en un estudio por Stanley Kubrick, que quiso colaborar así con la administración Nixon. Todo fake. Pero se asocia a ello el recuerdo de 2001, Odisea en el espacio, que salió a las pantallas el mismo año del alubizaje: 1969.

La carrera espacial se puede ver desde varios puntos de vista, pero me parece que el más pertinente es el de la Guerra fría, cuyo origen es el miedo ante los avances, reales o supuestos, del adversario. En 1957 los soviéticos habían lanzado el satélite Sputnik, el primero que orbitó la Tierra, demostrando la superioridad tecnológica de la Unión Soviética en ese aspecto, luego confirmada con el primer viaje espacial tripulado por el comandante Yuri Gagarin en 1961. Todo esto provocó un fuerte complejo de inseguridad y de temor entre los dirigentes norteamericanos (presidencias de Ike Eisenhower, J. F. Kennedy y Lyndon Johnson), de manera que aceleraron los programas espaciales de la NASA bajo la dirección técnica del exnazi Werner von Braun. El eslogan America first no es de ahora. Visto el asunto en perspectiva –la única ventaja que tiene usar los aniversarios– la llegada a la Luna no tuvo más trascendencia que mostrar el poderío científico-técnico norteamericano, por demás evidente en la escalada armamentística.

Stephen King, mago del terror literario, captó bien ese ambiente de miedo ante el “peligro rojo“ en el cine y la sociedad de su infancia.  Las películas estaban inspiradas muchas veces en la idea de “antes muertos que rojos“. Narra que, con diez años, estaba viendo en el cine una de las pelis más características de la SF de Guerra fría: “La invasión de los ladrones de cuerpos“, de Don Siegel. El mensaje era «¡ya vienen!, ¡ya vienen!, ¡¡Ya están aquí!!”. Y de repente se cortó la película, se encendieron las luces y apareció en el escenario el propietario de la sala para anunciar con alarma que los rusos habían puesto en el espacio una nave llamada Spootnik. ¿No queríais terror?...

  • - “Los rusos nos han echado al espacio”,  pensó entonces King, el rey del misterio.