Viernes, 15 de noviembre de 2019

Dolor y gloria

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, cantó Serrat. Dolor y gloria nos muestra que la verdad conmueve, aunque sea una verdad “llena de mentiras”.

Siempre me ha atraído la meta-; no me refiero a llegar, que en eso soy buen discípulo de Cavafis y busco siempre que el camino sea largo, sino a esa meta- con guioncito: al “más allá de” que termina siendo un “dentro de”: hablo de la metaliteratura, que creo haber practicado con mejor o peor fortuna, pero también al arte dentro del arte, como lo que nos regala Velázquez en “las meninas” o al metacine.

En todo ello, es importante la autoficción -¿qué sabrá uno de la autoficción? [parafraseando, sin spoilers, la película de Almodóvar]-. También podríamos hablar de autorreferencia, pero como todos tenemos algo de ficción de nosotros mismos, o sea, todos, en mayor o menor grado nos montamos películas, me quedo con la primera.

Por esa querencia me encantó Dolor y gloria, hermosa película llena de lo que parecen autorreferencias y que, a mi entender, en realidad es, una vez más autoficción, de él y de todos, de un tiempo y de todos los tiempos.

Es una hermosa película llena de referencias intelectuales y frases para la posteridad que puede entender cualquiera, como pasa casi siempre con lo que está bien escrito y que, sobre todo, puede llegarle a cualquiera.

Todos, a lo largo de la vida, pasamos por el dolor y por la gloria: la gloria del éxito ante los demás, que también, y la gloria cotidiana, las pequeñas victorias que solo dan las grandes alegrías.

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, cantó Serrat. Y es que la verdad conmueve, algo que esta película nos demuestra. Ojo, que puede ser una verdad “llena de mentiras”, es decir, que las referencias también engañen, no aludan a un hecho o a una persona concreta; puede que esas “mentiras” estén puestas ahí para suavizar, para evitar dolor innecesario, porque lo importante es el fondo.

Tal vez es que con dolor y gloria volvemos a la cueva de Platón y el mito de la caverna nos pone ante nosotros mismos, nos hace dudar sobre si las sombras son una distorsión de la realidad.

O la realidad misma.

@ignacio_martins

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