Sábado, 21 de septiembre de 2019

Rompiendo los moldes

Ha venido a la parcela el señor Manuel muy pronto. Lo hace sofocado por esta llegada de sumo calor que nos invadió estos días y que a los que vamos siendo mayores, nos causa estragos y nos agota sobremanera. Por ello le apremio a que se sosiegue y tome el primer sorbo de nuestro vermú habitual, pero con la mala noticia para él… de que de ahora en adelante; ¡ya no habrá anchoas de las redondas! Sí, ya que la tienda que me las suministraba ha cerrado y por más que he buscado en-Grandes Superficies- y tiendas menores, no las encontré… ¿Qué le parece señor Manuel?

Silencio premeditado (el señor Manuel es muy “teatral” en sus reacciones)… ¡Pues que nos ha “matao”!

Bueno hombre; sin tener que acudir al señor Revilla (el de Cantabria y sus anchoas) en busca de ayuda, creo que nos tendremos que arreglar con anchoas de las alargadas, que también están ricas, ricas. Y la moraleja es: “Que todo lo bueno se termina”. Y como para muestra, bien vale un botón, tengo que insinuarle, por si no lo sabe usted, que: Hasta el incombustible y genial actor Arturo Fernández, ha muerto y mire que ¡parecía imposible!

Reacciona el señor Manuel y responde; lo escuché a las 7 de la mañana cuando puse la radio y puedo asegurarte que bien lo sentí y sobre todo por lo que añadieron después en forma de pregunta: ¿Por qué razón no se ha valorado al gran Arturo Fernández, todo lo que se merecía?... Y alguien que debía de conocerle bien añadió: “Él no deseaba otra cosa que vivir para su público”. Y contó además que Arturo siempre repetía: “Soy un hombre que estoy bien conmigo mismo y también soy agradecido. Pero jamás, jamás le he pedido un duro de ayuda a ningún Gobierno, ni a Franco, ni a Suárez, ni a González, ni a Aznar, ni a Zapatero, ni ha Rajoy, ni a Sánchez… yo nunca he recibido un duro. ¡Con dos co… ¡ (apostilla el señor Manuel).

Pues eso. Y ahora señor Manuel vamos a cambiar de tema; pues días pasado (ver foto), estuvo usted con mis amigos de la-Peña- “Los Magníficos”. Vicente, José Ignacio, Ingelmo, Ángel, Tomás Y Nico. También nos acompañó, el vecino de la parcela, José María que vive habitualmente en Ourense. Y que es quien me “trae” ese orujo, que más de una vez hemos degustado agradecidos con nuestros amigos, usted y yo. ¿Qué le pareció la reunión?

Pues hombre. No te voy a responder con palabras, sino con pensamientos: “Uno de los elementos definitorios de lo que es ser humano, es nuestra capacidad de preocuparnos por los otros; no sólo decir que nos preocupan, sino vivir esa preocupación”. Y te puedo asegurar que “eso” es lo que yo sentí en esa reunión con tus amigos, que ya lo son míos. Ello fue para mí extraordinario de poder vivirlo en el momento justo y te añadiré aún más: “Cuando quienes nos rodean, como en este caso, son personas que sienten emociones positivas y todos nos unimos en esa fiesta emocional, ello nos hace felices. Creo que, en la época actual, a esto se le llama-empatía-. Pero yo estoy seguro; que viene desde que existe el hombre y la mujer, por supuesto. Esto es lo que yo pienso.

Cuando termina la perorata sentida del señor Manuel… ¡ha pasado un ángel! Y nos hemos quedado sin palabras. Nos reponemos con un buen sorbo de vermú y un par de anchoas. Después aprovecho para sugerirle que si le apetece que le cuente una pequeña anécdota que “encaja” perfectamente en lo sucedido hoy en la reunión ya mencionada. No sin antes aclarar y decir que: “Cada uno de los amigos de la –Peña- que estuvieron en la cita (ver foto otra vez), aportó a ella su colaboración en forma de ricas vianda, pan y vino, empanadas, langostinos y un postre de “dulce” (como diría Nico que es muy taurino) y más”. Sin olvidar a los protagonistas del evento… ¡los cangrejos! Que pescados y cocinados por José Ignacio, no tuvimos ningún reparo en chuparnos los dedos por lo ricos y sabrosos, con ligero picante y la cola llena… ¡una delicia veraniega!

¿Le Cuento la anécdota?

Cuenta, cuenta.

Pues verá: Erase una vez: Que un grupo de seis amigos iniciaron una jornada der caza (cuando la había), muy tempano. A eso del mediodía cansados del duro bregar y ya sentados en un vallado limítrofe con los pinares se apresuraron para reponer fuerzas degustando las viandas que cada uno había llevado y de paso contar las incidencias de  la mañana cinegética.

Como es natural, todos ofrecieron el probar los guisos que llevaban al resto de la cuadrilla y fue un intercambio aceptado… excepto cuando Juan ofreció del suyo; unas setas estupendas que al destaparlas el olor a algo rico se expandió por el entorno. Pero ninguno de los demás, alegando disculpas inverisímiles, quiso degustar y solamente Juan comió de ellas.

Por la tarde, ya en otro alto en el camino antes de que se pusiera el sol, apuraron las viandas que les quedaban y Juan volvió a ofrecer de ellas y para sorpresa de los presentes, esta vez Fidel, se puso “morao” comiendo de ellas. Después ya camino del pueblo en un aparte los de grupo preguntaron intrigados a Fidel… vaya hombre… por la mañana te niegas a comer setas y por la tarde te has puesto bien de ellas… ¿Por qué?

Y Fidel con cara de satisfacción, remató filosófico: “Pues veréis… Si Juan desde esta mañana que las comió, no se ha muerto; yo tampoco me voy a morir ahora, y las setas estaban ¡divinas!

MOLDE (entre otras cosas). “Persona que, por llegar al sumo grado en una cosa, puede servir de regla o norma en ella”. (Arturo Fernández y Fidel… por ejemplo). Pues eso.

Dedicado hoy, a mis amigos de la –Peña- “LOS MAGNÍFICOS”. ¡GRACIAS! Por todo.