Domingo, 20 de octubre de 2019

Acuerdo es la única salida

Sólo el acuerdo entre diversos grupos, que en principio parecen irreconciliables, puede permitir un gobierno real y eficaz

Después de las últimas elecciones, tanto generales como autonómicas y locales, los diversos partidos políticos en que ha quedado reflejada la realidad social y política de nuestro país están buscando cómo llegar a acuerdos para poder encontrar un gobierno que permita seguir adelante en la gobernabilidad de las diversas comunidades en los diferentes niveles.

Al haber resultado tan fragmentada la sociedad en multitud de partidos políticos, que alejan de las mayorías, en especial de las mayorías bipartidistas que habíamos tenido hasta ahora, es muy difícil encontrar grupos de gobierno con capacidad suficiente para soportar las resoluciones de un gobierno eficaz y duradero.

Sólo el acuerdo entre diversos grupos, que en principio parecen irreconciliables, puede permitir un gobierno real y eficaz. De donde aparece con claridad que el gobierno de nuestros grupos sociales, o sociedades locales o nacionales, sólo se hará posible mediante conciertos.

El concertar supone estar abiertos a las posturas o ideologías diferentes de los diversos grupos políticos y sociales. En realidad, el voto fragmentado de nuestros ciudadanos parece exigir a nuestros gobernantes o políticos que concierten entre si teniendo en cuenta la posibilidad de coincidir en algunos puntos básicos que habrán de ser necesariamente comunes.

Por el momento, y por lo que se ve, nuestros partidos, divididos en realidad en dos tendencias políticas bien señaladas, las derechas y las izquierdas, parece que no están muy dispuestos a unirse sin excesivas exigencias, teniendo en cuenta el bien común de nuestro país y las necesidades reales de nuestros conciudadanos.

Si contamos, además, con los pequeños grupos nacionalistas e independentistas, la cosa se agrava mucho más aún y aparece tanto más complicada, porque las exigencias para un posible acuerdo son más complicadas de acompasar con los intereses generales del país, en definitiva de España, incluido el valor de la unidad.

En definitiva, ni los partidos de izquierda ni los de derechas logran sumar las fuerzas suficientes para poder gobernar. Ni el partido socialista, aun cuando pudiera alcanzar algún acuerdo con podemos, suma las suficientes fuerzas para poder gobernar en España, ni el partido popular llega a suficientes acuerdos con ciudadanos y vox para llegar a gobernar en la comunidad de Madrid o en la autonomía de Murcia.

En otros países de Europa parece que sus partidos se han acostumbrado ya a hacer acuerdos entre unos y otros cuando no pueden conformar mayorías suficientes para un gobierno mayoritario. Algo podríamos aprender de ellos, nosotros que estamos en una situación nueva y desconocida. De no encontrar los acuerdos necesarios, no nos queda más remedio que recurrir una y otra vez a nuevas elecciones, que probablemente volverían a registrar los mismos resultados y no nos permitirían llegar a una solución adecuada.

Nosotros tendríamos que encontrar acuerdos sobre temas fundamentales como la unidad de España, la sucesión de la corona, la relación con la comunidad europea y las relaciones externas con otros países, un acuerdo común sobre la educación y quizá la reforma electoral para solucionar el problema multipartidista exagerado que inutiliza y hace imposibles o muy difíciles los acuerdos de gobierno.

Debemos aprender a respetarnos, a apreciar los valores del adversario político o ideológico, y a ceder de nuestras posiciones no esenciales para llegar a acuerdos prácticos de gobierno y de convivencia. Este nuevo estilo de acuerdos y concertaciones, imprescindibles para llevar a cabo una buena convivencia y el correspondiente gobierno, exigirá ensayos prácticos y un largo tiempo de conversión para encontrar los buenos oficios de concertación y vivencia de familia o de casa común.

Concertar, concertar… Si no logramos concertar, esto seguirá siendo un auténtico desconcierto que volverá la vida prácticamente imposible. Démonos al menos las manos, si no somos capaces de llagar a enlazarnos en un vibrante abrazo.