Viernes, 4 de diciembre de 2020

La televisión de la sección 

Fue Hitler quien inventó Televisión Española. Mientras al otro lado del mar la bellísima actriz Hedy Lamarr inventaba el wiffi en 1940, Adolf anduvo avispado para recomendar a Franco la televisión que aún no existía. A un año del final de la guerra civil, en cuanto el Führer se dio cuenta de que su Legión Cóndor funcionaba exterminando pueblos y españoles, le envió mensajes para decirle a su cómplice que una dictadura, por muy militar y católica que sea, no se mantiene sin un aparato de propaganda. Franco lo entendió y se lo agradeció. Eso y tantas cosas que le habían llevado a la victoria. Por eso cambió en Salamanca el nombre de algunas calles, y el Paseo de los Carmelitas donde los estudiantes pobres robábamos  rosas para una mujer, pasó a llamarse Avenida de Alemania.

El funesto ministro Gabriel Arias Salgado se puso manos a la obra, y en 1956 comenzó a funcionar la cosa. En la primera emisión hubo Coros y Danzas de la Sección Femenina, claro. Luego, Televisión Española fue puesta en manos de gente de confianza. Y qué más confianza que un militar como Jesús Álvarez (padre del yerno del dueño de los chorizos Revilla).

Jesús Álvarez (parecía buena persona) hizo de todo, pero fundamentalmente lo que tenía que ver con la información. Las cosas importantes no se dejan en manos de cualquiera. Tantas cosas hizo Jesús Álvarez en Televisión Española que acabó pagándolo con una leucemia por culpa de una exagerada exposición a la radiación de las cámaras que no tenían la protección de ahora. Le trajeron una botella de agua de Lourdes a ver si se curaba, pero se nos fue a los 43 años.

Tiempos de una Televisión Española en la que Maruja Callaved hacía el programa Vamos a la mesa, predecesor de otros programas de cocina que triunfarían después como Con las manos en la masa de Elena Santonja o El menú de Karlos Arguiñano.

Eso que hacían Callaved y Santoja en Televisión Española lo hacían las chicas de la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera, Vicky Eiroa, Mercedes Sanz Bachiller, Marichu de la Mora, Lula de Lara, Mercedes Formica, Teresa Loring y Mónica Plaza.

Las chicas de la Sección Femenina  incluso vivían en los pueblos donde enseñaban a las mujeres cómo ser buenas esposas, estar siempre atentas a que el marido se encontrase cómodo y la mesa puesta al volver del trabajo, cumplir con el débito conyugal hubiese ganas o no, tener muchos hijos, coser, bordar, planchar y cocinar bien, hacer gimnasia con pololos, ser limpias y decentes de cuerpo y alma al servicio de su señor.

Bueno, también enseñaban otras cosas menos importantes como mantener viva la ideología del fascismo, inculcar el papel de la mujer como madre y su función procreadora, quitarles de la cabeza  el derecho a elegir y cerrarles las puertas del mercado laboral a la mujer  casada.

Pero sobre todo, cocinar bien. Porque el marido debía estar satisfecho en la mesa y satisfecho en la cama.

Como en los pueblos el tiempo daba mucho de sí, algunas veces las chicas de la Sección Femenina, después de enseñar a cocinar a las jóvenes que iban para mocitas casaderas, llamaban al gobernador civil para que les enviase a una embajada cultural. Y la embajada cultural  era un grupo de estudiantes que se presentaban en el pueblo con una obra de teatro o una tuna convertida en banda. Los estudiantes solían ser inquietos en todos los sentidos, políticamente incorrectos hasta el punto de que abundaban los comunistas y los anarquistas, pero los pueblos disfrutaban de la función y así las chicas de la Sección Femenina podían volver a la tarea más importante: la de enseñar a cocinar a las doncellas para que luego cuando se casasen, fuesen bien preparadas para el papel de esposas y madres.

Confieso que veo poco la televisión, soy más de leer y de campo. Quizás eso sea una tara que me tiene desinformado. Pero cada vez que la enciendo, echo de menos a Balbín. Y hasta a  Íñigo que una vez se enfadó mucho conmigo porque no quise ir a su programa donde había hostias por ir. Yo es que he sido  muy raro, lo dicen todas mis suegras. Estudié mucho para saber algo y nadie sabe lo que estudié. Recogí dos premios importantes de esos que te dan sin presentarte (por eso son importantes) y me volví a casa enseguida después de una faranduleo político en la entrega de no te menees. Tengo la discreción (o la soberbia que dicen) de los campesinos y  no sé dónde están los títulos, los premios, y hasta mi vida interior

Veo poco la televisión porque en los tiempos del hambre, pongo un canal y hay un programa de cocina. Paso a otro, y a otro, y a otro, y también hay un programa de cocina. A mí me gusta comer, viene de familia. Pero se me quita el apetito ante tanta saturación.

Y entre lo poco que veo y lo que leo (hasta en el periódico que fundó el hijo de Ortega y Gasset) veo que los programas de cocina no están hechos por Maruja Callaved ni por las chicas con pololos de la Sección Femenina. El arte de cocinar está militarizado por unos supuestos enseñantes que hacen llorar a los estudiantes si el sofrito no les sale bien. Qué broncas, madre. Y qué manera de estar vigilando y descalificando lo que la gente intenta hacer. Eso sin contar con el abuso de poder hacer publicidad de ellos mismos o de sus restaurantes. Con dinero público resulta obsceno. Pero digo como en mi pueblo, si la gente ve tantos programas de cocina que parecen salas de tortura, es por algo. Quizás por lo mismo que aceptan como natural el idioma de algunos políticos.

Ahora que pienso: si ha vuelto Franco para las elecciones ¿no habrá vuelto la Sección Femenina para enseñarnos a cocinar desde la televisión?

No hay que descartar nada, también la señora Francis era un señor.