Miércoles, 23 de octubre de 2019

“Cuando ya me haya ido”

El padre siempre hacía planes con él para el próximo año, y aún sabiendo que ya no estaría entre ellos el próximo mes, le hizo reír hasta el último día

El otro día paré en un artículo en internet sobre unas cartas que escribió un padre de 27 años a su hijo de 8 años antes de morir. Para mí ha sido una lectura muy inspiradora, solo os contaré brevemente como comenzó todo y os pondré una de las cartas que a mí personalmente me ha llegado, os animo a que las busquéis en la red poniendo el nombre del hijo: Rafael Zohler, quien compartió esta historia.

Rafael expresa que nadie le dijo que su padre moriría pronto. Ni siquiera estando en la cama del hospital lleno de tubos por todo el cuerpo, su padre le habló en ningún momento de la muerte. El padre siempre hacía planes con él para el próximo año, y aún sabiendo que ya no estaría entre ellos el próximo mes, le hizo reír hasta el último día. Llegó el día, un día cualquiera, que como siempre llega de forma inesperada. Ese día avisan a su madre que tiene que ir urgente al hospital y lo primero que hace es ir a busca a Rafael a la escuela para ir juntos al hospital. El doctor le dio la triste noticia con toda la delicadeza que pudo. La madre se echó a llorar, le quedaba una pequeñísima esperanza. Rafael estaba en shock. Se preguntaba ¿Qué significaba eso? ¿Acaso no es una de esas enfermedades que los doctores curan? Se sintió traicionado y gritó lleno de ira hasta que entendió que su padre realmente ya no estaba entre ellos, de la impotencia terminó llorando.

Una enfermera se le acercó con una pequeña caja bajo su brazo. La caja estaba llena de sobres escritos con notas en lugar de direcciones. La enfermera le entregó una de ellas y le dijo “Tu padre me pidió darte esta cajita. Pasó toda la semana escribiendo estas cartas y quería que hoy leyeras la primera de ellas. Sé fuerte“.

En el sobre estaba escrito: ”Cuando ya me haya ido“. La abrió y decía:

Hijo, Si estás leyendo esto significa que estoy muerto, Lo siento, yo sabía que eso pasaría. No quería decírtelo, no quería que lloraras. Fue mi decisión. Creo que una persona que está tan cerca de la muerte tiene derecho a ser un poco egoísta.
Aún me queda mucho por enseñarte, al fin de cuentas no sabes prácticamente nada. Así que te escribí estas cartas. No las abras hasta que llegue el momento indicado ¿vale? Ese será nuestro trato.
Te amo. Cuida de mamá. Ahora eres tú el hombre de la casa.
Con amor, papá.

El niño se aprendió de memoria lo que estaba escrito en los sobres que quedaban por abrir. Era cuestión de esperar a que llegara el momento de cada una… Rafael va narrando cada situación que le ocurre en la vida y que está vinculada con alguna de las cartas de su padre. Yo os contaré el día que se enfadó con su madre. Una de las cartas el padre la había titulado “cuando tengas la peor pelea con tu madre”:   

Vé y pídele disculpas.
No sé qué causó la pelea y no sé quién tiene la razón, pero yo conozco bien a tu madre. Ve y discúlpate, eso es lo mejor que puedes hacer.
Ella es tu madre, te ama más que a cualquier cosa en el mundo. ¿Sabías que ella te dio a luz de forma natural porque alguien le dijo que así sería mejor para ti? ¿Alguna vez has visto cómo da a luz una mujer? ¿Necesitas alguna otra prueba de su amor?
Pídele perdón. Ella te perdonará.
Te ama, tu papá.

El padre no era un gran escritor, era un simple empleado de un banco, pero sus palabras tenían una gran influencia sobre él. Para el chico eran palabras llenas de sabiduría, mucha más que la que él hubiese podido tener a sus 15 años, la edad que tenía en el momento que leyó esta carta.

Rafael fue a la habitación de su madre con la carta en la mano y con los ojos humedecidos, cuando ella se dio la vuelta para verle, ambos se abrazaron en silencio. Se reconciliaron y hablaron un poco del tema, con la sensación de que su padre estaba allí, sentado junto a ellos. Su madre y él, y una pequeña parte de su padre, una parte que él les había dejado a ambos en una hoja de papel.