Lunes, 16 de septiembre de 2019

La ciclista

¿Alguien sabe en qué artículo de qué código legal dice que ir al gimnasio en bicicleta da derecho a agredir?

Aquella mañana inició como cualquier otra. Llegué con tiempo al trabajo para dar un paseíto, tomar un café…

En el paseíto estaba cuando ella, montada en su brioso corcel de dos ruedas, subió con garbo feroz a la banqueta -acera- junto a su gimnasio. Banqueta, huelga decirlo, por la que yo osaba caminar.

Cuando me siento agredido por quienes abusan, tiendo a levantar la voz, incluso, lo confieso, a usar alguna que otra palabra soez e insultante… No esta vez, en la que, eso sí, le señalé con un tono fuerte -“¡esto es banqueta!”- qué era el suelo que ambos hollábamos.

“¿Qué quieres que haga, pendejo? Voy a estacionarme aquí”. Ese “pendejo” provocó, lo confieso, que mi respuesta: “bajarte de tu bici y caminar, porque es banqueta”, llevara aparejado un epíteto de similar categoría al que ella me había espetado. Bueno, el epíteto fue compañía de la segunda vez que lo dije porque la primera, lo prometo, solo proferí el entrecomillado anterior.

Yo es que con eso de la igualdad soy muy serio y la respeto.

Más insultos, gestos digitales (millennial, la joven dama)… Y un heteropatriarcal “no se insulta a una dama” por parte de un sano macho que estaba tomando un jugo en el puestito que ocupaba otro pedazo de banqueta, seguro que pagando los correspondientes impuestos y citadinos aranceles.

Seguían los espetos, sin sardinas, y uno que alcancé a distinguir (sí estaba un poco ofuscado, la verdad, aunque creo que la palabra técnica es “encabronadísimo”) fue: "chinga tu madre, pendejo, y mira cómo vas"; ahí se me bajó un poco la ofuscación porque me puse a pensar si se refería a caminando, por la banqueta o  a qué, porque ese día llevaba un saco (americana) verde oscuro que creo que no es feo y no tiene muchos años, o sea, es del armario, pero no del fondo.

Por mor de la igualdad, le devolví su epíteto con intereses. Ojalá me perdone la progenitora de la interfecta… Y la mía, claro, que salió raspada y eso que hay un océano de por medio.

Cuando se me bajó un poco el coraje -cabreo-, me senté a tomar un café -tal vez hubiera sido mejor una tila- y cavilé: Solo usé un tono de admonitoria queja... Y la pendeja me insultó a voz en grito… Sé que en ocasiones soy el que toma insultantes iniciativas, lo confieso, pero esta vez ni siquiera se me escapó un españolísimo: "¡coño, que vas por la banqueta!" ¿Me habré mexicanizado del todo?

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