Lunes, 16 de septiembre de 2019

Humano y divino

Tenía yo en mente hoy hablar con el señor Manuel de un tema que se queda sin calificativos y adjetivos para describirlo, debido a la gravedad que conlleva. Pues es triste leer: “Que la Comunidad de Castilla y León, está despoblada, envejecida y dispersa”. Ello adquiere calificativo de terrible cuando se añade: “No nacen niños y cada vez son más los fallecidos”… ¡Menudo panorama!

Y, las cifras estremecen; “El saldo vegetativo, fruto de restar los nacimientos menos las defunciones-es de 14.199. Las defunciones volvieron a crecer-hasta 29.230 fallecidos-.Hoy nacen un veintinueve por ciento, menos niños que hace diez años”. Lo peor es; que no hay que esperar que esto cambie a corto plazo. Ya que a un resultado menor… no se le ve ni se le espera tampoco.

Así que como le voy a preguntar su parecer al respecto al señor Manuel, cuando llega a la cita recién levantado y sin haber tomado aún el primer sorbo de nuestro vermú mañanero al sol con anchoas de las redondas. Me mandaría, dado su pronto, hasta algún lugar lejano. Además de que ya él me dio su opinión acertada y contundente sobre este asunto: “El tema de la despoblación, no es un fenómeno atmosférico, es consecuencia de una voluntad política, muy, pero que muy, prolongada en el tiempo”. Y me apostillo iracundo: “Primero la emigración, ahora también porque no nacen niños y ya para colmo… porque nos morimos los viejos que vamos quedando en las ciudades y los pueblos”. Además de que en los tiempos actuales, hay miedo, por todo lo que conlleva, a tener un hijo. Amén.

Por ello, ni mú, de este asunto-humano- de gran trascendencia. Por lo que si le voy a preguntar sobre algo-divino-, que él ha tenido la suerte de poder “saborear” durante muchos años en el medio rural, llamado pueblo…

Señor Manuel… ¿Sabe usted lo que me gustaría comer uno de estos días? ¡Tú dirás!

Pues un gallo de corral, de esos que usted cuida con esmero, y de los que yo conservo el sabor desde que era chico y los “preparaba” mi madre en receta magistral. Un gallo de corral de carnes prietas y que una vez bien guisado, adquiría tonalidades oscuras, con olor extraordinario. Después el comerlo ayudado con las manos era otro placer; donde irremediablemente tenías que chuparte los dedos pegajosos llenos de sabor…

Eso está hecho (me susurra el señor Manuel, sorprendido), pero quiero recordarte, pues lo viviste al igual que yo; que en nuestra época esperábamos con gran ilusión la llegada de la fiesta del pueblo en el mes de agosto. Y, no solamente por las corridas de toros y los encierros por las calles. Ni tampoco por los bailes en la plaza y por la noche en el Salón del señor Nano con dulzaina y tamboril. Ni siquiera por las actividades lúdicas y religiosas para niños (que entonces formábamos “mogollón” en el pueblo) y mayores. Y menos por escuchar como Manolo Escobar “perdió su carro”… Un rotundo ¡NÓ!... Nuestra mayor ilusión era el poder comer aquel gallo de corral de carnes prietas y sabrosas; que había sido criado para tal fin… ¡una vez al año!

A nosotros, que éramos niños y no señalo pero… uno de los dos cumplimos 85 años el próximo 12 de julio, nos hacía ilusión esta posibilidad y ¿sabes una cosa? Tiene hasta una reflexión pues: “Tal vez ahora alguien piense que vivo de recuerdos, y tal vez sea así, entre otras cosas porque estoy convencido, que será difícil recuperar todo lo que hemos perdido estos años”. Entre  otras cosas,  ¡el gallo de corral!

Muy bien amigo. Y en respuesta a su generosidad de invitarme a comer el gallo que usted está cebando, uno de estos días; si a usted le parece bien yo le invito en mutua correspondencia, a una “cangrejada”-que tenemos el día 4 de julio, si Dios quiere, los componentes de la Peña-“Los Magníficos”, aquí en la parcela. Y que no serán solamente cangrejos, habrá algo más de viandas y buen vino.

Acepto encantado. Y aún recuerdo otra que tuviste ya hace unos años con otros excelentes amigos que me parecieron también, buenas personas.

Así ocurrió seños Manuel y me alegro mucho que usted me lo recuerde, pues aquellas tres personas que vinieron desde Salamanca; el doctor Joaquín Vicente, Magín, Pariente y Gonzalo, de aquí  del pueblo… lamentablemente ya murieron. Quedamos de aquella reunión, Vicente, el Alcalde, usted y yo. ¡Una pena!

Y, todo ello surgió cuando en Salamanca me dijo un día Joaquín Vicente que: “Él cocinaba los mejores cangrejos de España”. Y yo solamente le dije ¡eso tendrás que demostrarlo!

Y tuvimos la cita, pues Joaquín era hombre de palabra. Vicente, el Alcalde, aportó unas estupendas sardinas para asar y el bueno de Gonzalo, unos salchichones y chorizos de “producción” casera. Y no recuerdo quien “preparó” una limonada sensacional. Todo ello deparó una jornada señera entre amigos. Y además y  cómo, por aquel entonces, yo estaba en-Televisión Salamanca-… ¡todo “aquello” salió en la Tele! Y puedo asegurar que hubo muchos, dimes y diretes, al respecto.

Recuerdo que al finalizar la jornada gastronómica, Gonzalo les regaló a Joaquín, Magín y Pariente, unos huevos de gallina de corral y que –Magín-, con su gran humor apostillo solemne: “Si hombre, de gallinas de las que comen cosas asquerosas”… ¡pero que sus huevos son  riquísimos!

El señor Manuel se ha quedad mudo; y cuando le miro extrañado veo, cómo dos lagrimones se deslizan desde sus ojos. Son lágrimas de pena que ha traído el recuerdo de aquellos amigos ya desaparecidos en el camino de la vida. Con los que compartimos, pan, vino y amistad. Además de muchas charlas sobre lo-HUMANO-y también lo-DIVINO-Pues eso.