Miércoles, 17 de julio de 2019

Meditaciones en el inicio de verano 

Acaso, según el tópico dicta, el verano no sea tiempo de meditar, sino de tomarse un merecido descanso, tras el extenuante curso. El nuestro es rural y, en la sierra, da tiempo a todo: a leer, caminar, charlar con el paisanaje, realizar viajes por la provincia y alrededores, llevar a cabo algún trabajo de campo de tipo etnográfico… y otras cosas por el estilo.

Hace unos días, acudían a vernos unos jubilados que forman parte de la junta directiva de una asociación leonesa de alumnos y antiguos alumnos de la universidad de la experiencia. Nos venían a pedir alguna charla para el próximo curso. Les hablábamos de nuestra ‘edad de plata’, como posible núcleo temático para desarrollar todo un ciclo de conferencias. Los españoles la hemos vivido y no tenemos clara conciencia de lo que es ni de cuáles han sido sus logros en todos los terrenos.

Antonio Colinas, en su reciente, lúcido y hondo libro ‘Sobre María Zambrano. Misterios encendidos’ (Siruela, Madrid, 2019), a través de nuestra gran pensadora contemporánea, da no pocos datos sobre nuestra ‘edad de plata’, uno de ellos el de la relación de María Zambrano con Antonio Machado, en el ámbito de Segovia, donde Machado sería amigo de su padre, el pedagogo Blas José Zambrano, y donde coincidiría, al tiempo, con María, su hija.

Ahora, ordenando y hojeando números de la antigua ‘Revista de Pedagogía’, una de las publicaciones escolares de nuestra llamada ‘edad de plata’, en la que la renovación pedagógica –a través de propuestas como la Institución Libre de Enseñanza, o, ya en la segunda república, las Misiones Pedagógicas, impulsadas por Manuel Bartolomé Cossío–, nos encontramos precisamente con un artículo de Antonio Machado en el que evoca la figura de Cossío, tras haberse cumplido, en el momento en que el poeta escribe, el segundo aniversario de su muerte, y en el que realiza esta lucidísima meditación sobre nuestro país, que sigue teniendo plena vigencia y que dejamos ahí, para los españoles conscientes y que creen en el valor de la concordia, camino por el que deberíamos todos transitar.

Habla el gran poeta andaluz de esas “dos Españas antagónicas e irreductibles: la vieja España, tantas veces infiel al verdadero sentido de la historia, a su mandato de vivir hacia el futuro, la España que tantas veces pretendió vivir a retrotiempo; y la España nueva que sabe y siente que la Historia, como la vida y como el tiempo mismo es por esencia irreversible, que no se puede vivir hacia el ayer sin renunciar a la vida misma, y que los pueblos desaparecen, no por carencia de glorias pretéritas sino por incapacidad o renuncia a sus hazañas futuras.”

Palabras que hoy tienen plena vigencia aún, como si Antonio Machado fuera capaz de seguir leyendo nuestro presente. Y que traemos, en este inicio del verano, como meditación, porque el mejor futuro para todos es edificar un país de la concordia y del entendimiento, mirando hacia el futuro, pero con clara memoria de nuestro pasado, respetando nuestras diferencias y peculiaridades.