Martes, 16 de julio de 2019

El trío de Colón o la política de la infamia

Profesor de Derecho Penal de la Usal

El tren político en el que viaja “el trío de Colón”, discurre por los raíles de la infamia y cada día se vislumbra con más claridad que el descarrilamiento será inevitable, porque han optado por prescindir de uno de los principios y valores más importantes del Estado de Derecho: respetar la democracia como pilar fundamental sobre el que giran los estados contemporáneos que germinaron al amparo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948 y los pactos y convenios internacionales inspiradores de la libertad, la igualdad, la justicia, el pluralismo, la tolerancia y la solidaridad y que son los únicos que tejen los jirones de la convivencia pacífica de los miembros de las sociedades socialmente más avanzadas.

Al “trío de Colón” le ha sobrevenido una esquizofrenia política sin precedentes en nuestra reciente historia democrática. De repente, se alían, de forma obsesiva compulsiva, para acceder al poder en ayuntamientos y comunidades autónomas, sin haber sido, individualmente cada una de ellas, la fuerza política vencedora de las elecciones. No sólo desprecian el resultado de las urnas, sino que alcanzan diabólicos pactos ocultos que cuando salen a la luz ninguna de las partes lo defiende y se limitan a “echar balones fuera” . Resulta incomprensible y fuera de toda lógica política que el candidato de Ciudadanos a presidir la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, deje caer en una entrevista que los diputados elegidos por el PSOE en la Asamblea de Madrid (grupo mayoritario) debían abstenerse para que resultara elegida como presidente de la Comunidad Díaz Ayuso, del PP y así  no depender de los votos de los diputados de Vox. El señor Aguado debería saber que 37 diputados que ha conseguido el PSOE son más que los 30 que obtuvo el PP o los 26 de su formación (Ciudadanos).

¿Cuándo se ha visto que quién obtiene más diputados tenga que abstenerse para dejar gobernar a otra formación política con menos apoyos electorales? ¿dónde está el respeto a los valores democráticos? ¿Vería bien el señor Aguado que, por ejemplo, después de haber ganado 3 partidos de 5 posibles el Real Madrid de Baloncesto al Barcelona, éste último le pidiera al campeón que renunciara al título a favor de los perdedores? ¿Cómo vería el señor Aguado que de dos opositores que acceden a una plaza, el más apto, el más capacitado, el que ha sacado más puntuación en los exámenes y las entrevistas renunciara para que la plaza la ocupase el perdedor, el declarado menos capacitado para desempeñar el puesto?

El “trío de Colón” está despreciando sistemáticamente los principios y valores sobre los que se sustenta el Estado Social y Democrático de Derecho porque están asumiendo los postulados del viejo y rancio nacional catolicismo franquista: atacar la diversidad en relación a las fiestas del orgullo LGTBI (no sólo Vox, porque ni Ciudadanos ni PP han firmado el manifiesto que le ha entregado esta organización), revertir la legislación de sistema de plazos en la interrupción voluntaria del embarazo, acabar con la legislación sobre violencia machista reincorporando un modelo social patriarcal afortunadamente superado,  cerrar -como ha hecho el Ayuntamiento de Madrid- oficinas del tipo de la de Derechos Humanos y Memoria porque, según Ciudadanos y PP,  “era una correa de transmisión del sectarismo”, terminar con Madrid Central y seguir admitiendo coches y más coches en el centro de la urbe, sin importarles las exigencias medioambientales; total, para qué, porque siguen pensando que “eso del medio ambiente son paparruchadas de izquierdistas, perroflautas, independentistas y filoterroristas” y otras lindezas ultra conservadoras semejantes al mejor estilo de las políticas de Trump.

Pero la realidad social española, por suerte, es diferente a la que intentan dibujar día a día esta coalición de resentidos. Hurgan en argumentos manidos y fuera de contexto y se aferran a ellos como a un clavo ardiendo. Todo vale, con tal de seguir en el poder de las instituciones. Es el caso de la utilización perversa y malintencionada del terrorismo –paradójicamente en un escenario de paz en el que ETA ya no existe- sólo con la única intención de recuperar un crédito electoral que están perdiendo progresivamente. Desprecian, así mismo, la representación de las minorías periféricas pidiendo, incluso, la satanización e ilegalización de formaciones políticas nacionalistas, cuando son las opciones políticas mayoritarias en comunidades como Euskadi o Cataluña. Lo que les escuece –y mucho- en este aspecto es la escasa o nula representación que tienen en estas regiones. Partidos que son residuales en estas comunidades históricas no están legitimados para dirigir los destinos de España, que es, afortunadamente, desde el punto de vista social, un gran país, plural, divergente y solidario, aunque tenga una parte de la clase política que se alimenta de la carroña y vomita odio.