Jueves, 1 de octubre de 2020

Mirando al Atlántico

El Atlántico es ese gran río que une oriente y occidente, el viejo y el nuevo mundo

Como los dos años anteriores, un grupo de sacerdotes y hermanas hemos pasado diez días en las playas de Chipiona (Cádiz), concretamente residiendo en la Casa de Espiritualidad de la Virgen de Regla, que rigen los padres franciscanos.

En cuanto al tiempo, no lo hemos tenido demasiado favorable. Ha habido mucho viento y poco sol, pero hemos podido pasear abundantemente por la larga playa (cerca de kilómetro y medio), con los pies en el agua salina que suavizaba y daba fortaleza a esos mismos débiles pies de gente más cerca de los ochenta que de los setenta.

Yo no conozco mucho las playas mediterráneas, que tienen fama de ser las más concurridas. Aunque también suelen ser concurridas estas playas atlánticas. Estamos aquí en las proximidades de las míticas “columnas de Hércules”, que marcaban el fin del mundo, algo así como en el norte de España se señala el “finis Terrae”. Aquí el lema era “Non plus ultra”, es decir: de aquí en adelante ya no hay nada.

Luego contradiría este dato el hecho del viaje de Colón para descubrir el Nuevo Mundo. Sí había algo más allá. Hasta el punto de que el “Non plus ultra” se cambió por “Plus ultra”: hay algo más allá. España ha descubierto y ha hermanado a otros mundos, y con razón el lema “plus ultra” pasó a formar parte del escudo nacional.

El mediterráneo constituía todo el mundo conocido en tiempos de los romanos, los griegos y los demás orientales. Unía Europa, Asia y África, es decir, todo el mundo conocido. Pero el Atlántico es ese gran río que une oriente y occidente, el viejo y el nuevo mundo.

Por eso, cuando venimos a gozar de las playas del sur atlántico de España, estamos de algún modo uniendo los mundos y abriendo nuestro país a esos pueblos nuevos y a esas iglesias nuevas, incluso a esas iglesias o religiones indígenas de América.

No podemos medir todas las playas del sur por lo que ocurre en las playas de Chipiona. Este año los fríos han retrasado el comienzo de la temporada playera. Pero hemos podido observar algunas novedades que yo no había contemplado en los dos años anteriores.

Esta vez hemos podido asistir a la apertura oficial de la temporada playera, con madrina y todo, con himnos de España y de Andalucía, y con banderas locales y otras meramente informativas, como la bandera azul de reconocimiento europeo de la calidad de estas playas.

Realmente el ayuntamiento saliente ha modernizado las playas y las ha dotado de todo tipo de servicios y utilidades: unos diez puntos de observación y vigilancia, con el personal adecuado de voluntarios y jóvenes becarios que vigilan, cuidan los servicios elementales y especiales, e incluso están dotados de servicios de salvamento, y de atención a personas de movimiento limitado físico y psíquico, como hemos podido contemplar en los pocos días que hemos gozado de estas hermosas playas.

Hay boyas amarillas y rojas señalando los espacios reservados para personas con limitaciones, pasos de uso libre para los servicios de salvamento, espacios para práctica deportiva incluso con barcos de recreo, etc., etc.

Hasta el día 15 no hubo servicios especiales. Con la apertura de temporada, se han puesto en marcha todos estos servicios, y hasta las banderas que señalan la fuerza y dirección de los vientos, la peligrosidad de las olas, que comenzaron con el color verde y que esta tarde se convirtieron en color amarillo.

Algún nuevo inconveniente ha disminuido el valor y limpieza de las playas: la abundancia en diversos lugares y espacios de abundancia de algas rojas, que no dañan pero resultan un tanto desagradables.

En cuanto a las personas que se observan en estas playas, se pueden ver en los días de entre semana a los propios del lugar o de cercanías, con colores de piel tendentes al obscuro, aunque sin llegar a ser negro. Pero los fines de semana las playas se llenan de visitantes, de los cuales la mayoría parecen ser sevillanos.

El Atlántico convoca gentes de cerca y de lejos, hasta de los países americanos. Las Españas, aunque no políticamente, sí religiosa y lingüísticamente, siguen unidas y cercanas. “Plus ultra”.