Lunes, 16 de diciembre de 2019

No se apaga la luz de uno de los mejores fotógrafos de Salamanca

Homenaje de SALAMANCA AL DÍA a un artista reflexivo, un lector atento, un apasionado del arte, un fotógrafo de lenta y cuidadosa preparación que, desde la armonía de la figuración, llega a una abstracción emocionada que deja un eco de conocimiento.
Hermenegildo Sánchez Tomé, durante la entrevista. Fotos: Carmen Borrego

El lienzo de piedra de la Cafetería del Casino de Salamanca se asoma a la calle con las imágenes de Fernando Pena. Cada muestra fotográfica, deja su eco en las bóvedas de barco invertido bajo el mecenazgo de Alberto Carreño y el empeño de H. S. Tomé por abrir el objetivo a la fotografía. Calma y quietud, el fotógrafo tiene la mirada clara y sosegada de quien sabe esperar, disparar y contestar en el momento decisivo, con el cuidado y la suave rotundidad de la sabiduría.

H.S.Tomé: En la Cafetería del Casino llevamos 38 exposiciones en tres años y tenemos una lista de artistas ya cerrada. Pero antes de que empecemos quiero decir una cosa: La fotografía para mí no es una afición, es un sentimiento.

Charo Alonso: ¿Un sentimiento de qué? ¿Belleza, técnica, amistad, emoción?

H.S. Tomé: Todo a la vez.

Ch.A. Tomé no es solo un referente de la fotografía salmantina. Es un artista reflexivo, un lector atento, un apasionado del arte, un fotógrafo de lenta y cuidadosa preparación que, desde la armonía de la figuración, llega a una abstracción emocionada que deja un eco de conocimiento. Encuadre meditativo, trayectoria entregada a la historia de una ciudad de fotógrafos, porque recorrer los carnets de Tomé es un paseo por la Salamanca de aquellos que fueron pioneros de la mirada iluminada.

H.S. Tomé: La Sociedad Fotográfica de Salamanca, iniciada en 1981, llegó a tener 400 asociados. Fue un momento de esplendor en la fotografía.

Ch.A.: ¿Qué hacíais en esa asociación?

H.S. Tomé: Exposiciones, charlas… muchas cosas. Por ejemplo, dábamos unos cursillos de iniciación que dirigía yo. En aquella época la mayoría de los proyectos se hacían con pocos medios, pero al alcance de la gente que mostraba mucho entusiasmo por aprender. No había los medios de ahora, claro. Yo aún guardo la cámara de baquelita que me regalaron con 16 años. Mi primera cámara.

Carmen Borrego: Yo he sido alumna de esos cursos, y guardo todas mis cámaras excepto la Zénit con la que empecé, que me la prestaron. Era un modelo ruso pesadísimo, de esas que te dejaban el cuello doblado.

H.S. Tomé: Las primeras cámaras eran muy pesadas, así estoy yo de las cervicales. En realidad todo el equipo lo es, en el fondo no ha cambiado nada… Se habla por ejemplo de photoshop, pero antes estaban los retocadores, que arreglaban la arruga aquí, el pliegue allá… y que ganaban tanto o más que los propios fotógrafos. 

Ch.A.: Pocos campos técnicos han cambiado tanto en tan poco tiempo como la fotografía.

H.S. Tomé: Estoy muy contento de haber conocido la fotografía analógica, muy contento de asistir a la transición a la digital. Enriquece mucho este bagaje cultural, toda esta parte de conocimiento técnico que necesitábamos para revelar las fotografías.

Carmen Borrego: Hablábamos con Alberto Prieto de lo necesario que es conocer ese proceso de laboratorio, haber vivido la historia de la evolución de la fotografía para hacer ahora buenas fotos con los medios digitales.

H.S. Tomé: Excelente fotógrafo Alberto Prieto. Mirad, un rollo de diapositivas costaba 600 pesetas, el revelado te salía por 500. Es decir, que salías a hacer fotos con mucho cuidado, o componías muy bien o te jugabas mucho dinero.

Ch.A.: ¿Cómo te iniciaste? ¿Alguien de tu familia fotografiaba?

H.S. Tomé: Yo me inicié por el cine, era muy cinéfilo. A los dieciséis años como os conté, me regalaron mi primera cámara. Luego en Madrid hice un curso de escaparatismo y ahí coincidí con una amiga que hacía fotografía, la vi revelar y me convertí de inmediato a la fotografía. Sigo siendo cinéfilo, pero me rendí a la magia del revelado.

Carmen Borrego: Revelar en el laboratorio es magia.

H.S. Tomé: Eso es lo que vi yo. Magia. Yo salía de trabajar a las 9 de la noche y me metía a trabajar en el laboratorio hasta las cuatro de la mañana, a veces dejaba la tira de pruebas y al día siguiente ya no era la misma, tenías que volver a empezar.

Ch.A.: Salamanca ha sido una ciudad de grandes fotógrafos que, además ha creado una escuela de gente muy entregada. Pienso en Núñez Larraz, entre otros.

H.S. Tomé: Sí, todo el mundo comunicaba sus experiencias, hacían escuela. Éramos buenos amigos, fue un gran fotógrafo. Yo participé en el homenaje que le hizo Victorino García Calderón en el Da2 con unas imágenes del Pico de Cervero porque habíamos ido allí Pepe y yo a hacer fotografías. Éramos un grupo que íbamos siempre juntos a hacer fotos. La Sociedad Fotográfica de Salamanca no pudo hacer un buen homenaje a Pepe Núñez, pero Victorino lo peleó y lo luchó hasta que lo consiguió. Sin embargo, en el olvido han quedado Isidoro Álvarez, Ildefonso Rivera, Ricardo Martín y Jesús Pérez, que era gran amigo de Pepe.

Ch.A.: Muchos pintores y fotógrafos se quejan de la falta de espacios para exponer actualmente en Salamanca.

H.S. Tomé: Es un problema, efectivamente falta espacio. Por suerte locales como La Platea o la Cafetería del Casino de Salamanca se prestan a dejar sus paredes a la fotografía. La gente está contenta de disponer de más espacios. Y no solo para la fotografía. A mí me ha interesado siempre el arte… dicen que detrás de cada fotógrafo hay un pintor frustrado, pero yo no siento ninguna frustración, aprendo de los pintores. De Fiedrich que es un referente en el romanticismo, de Caravaggio por el uso de la luz, por ejemplo.

Ch.A.: La luz es el referente de José Amador Martín, por él conocí la Sociedad Fotográfica de Salamanca. Quizás fue a finales de los ochenta, cuando había en la ciudad muchas, pero muchas muestras excelentes de fotografía.

H.S. Tomé: En esa época pasaron exposiciones por Salamanca de los mejores fotógrafos de España. También gracias al Servicio de Actividades Culturales de la Universidad que trajo a fotógrafos internacionales. Incluso se hizo la XVII Bienal Mundial de Diapositivas en Salamanca en el año 1992. Sí, era una época de gran efervescencia. Nosotros hacíamos concursos de diapositivas y premiábamos la audacia y el uso de la luz. En la fotografía lo principal es la luz, los conocimientos y una buena óptica. Amador se quedó con eso de la luz. Si no hay luz, el tema pasa desapercibido. Aunque decía un amigo que la luz es como los amantes caprichosos, que aparece y desaparece cuando le apetece.

Ch.A.: ¿Y cómo tiene que ser esa luz?

H.S. Tomé: Ya sabéis que fotografía es escritura con luz, una luz que no tiene que ser necesariamente fuerte, intensa, tiene que ser envolvente, que al motivo le dé su prestancia.

Ch.A.: Pero a ti no te gusta estar a la luz pública. Expones muy poco, no te dejas ver.

H.S. Tomé: Hice mi primera exposición colectiva en 1978. No soy partidario de exponer mucho, hace falta reflexionar. Creo en que lo menos es más, lo aprendí de Cartier-Bresson, yo busco una fotografía muy minimalista. Pensad en las fotografías de Chema Madoz, son poesía en imagen, y que conste que no es una frase mía. Cuántas cosas dicen sus fotos con tan poquito. Es como este checo, Saudek, hace unos poemas de foto. Me gustan también Isabel Muñoz y García Rodero.

Ch.A.: ¿Hay ahora voluntad de unirse, de aprender juntos? ¿De hacer grupos?

H.S. Tomé: Ahora es muy distinto, hay algunos cursos muy dispersos, y se utilizan mucho los tutoriales. Yo pertenezco a un grupo denominado AMIGOS FOTÓGRAFOS, salimos la mayoría de los domingos por la mañana, comentamos nuestros trabajos y las diversas técnicas

Ch.A.: Tomé, ¿cómo asumes tu papel de jurado en concursos de fotografía?

H.S. Tomé: Es muy complicado y muy duro porque hay que tomar decisiones después de hacer una primera o una segunda criba. Es un trabajo muy interesante porque nos enriquece a todos. Lo que no ve un miembro del jurado lo ve el otro, y eso es positivo. En el jurado del concurso del Museo del Comercio, por ejemplo, estoy con Vicente Sierra Puparelli, que tiene una opinión muy fundamentada. Él y yo fuimos seleccionados para las Fotos del Milenio, ahí se hizo un conjunto de 400 fotografías en el 2000. También tuve un premio importante en 1983, la ciudad alemana de Wüsburg hizo un concurso entre los fotógrafos de las ciudades hermanadas con ella y me eligieron a mí

Ch.A.: Te has convertido en el “comisario” de las muestras fotográficas de la Cafetería del Casino de Salamanca. Siempre estás pendiente de los otros en vez de hablar de tu fotografía.

H.S. Tomé: Es que Vicente es un gran fotógrafo. Y Amador es un peleón de la fotografía, lucha, lucha y lucha para hacer una fotografía muy personal. Con respecto al Casino, Alberto Carreño me encargó este trabajo y yo le insistí en que no habría ningún compromiso, que podría exponer todo el mundo, profesional, aficionado, que no se le pondría trabas a nadie. Solo hay que respetar el formato, recordar que es una cafetería y que las fotografías no pueden molestar a la gente… por lo demás, puede exponer todo el mundo y tenemos una larga lista de peticiones. Y mucha gente las ve.

Ch.A.: Mucha gente habla también de los problemas de los fotógrafos en la Semana Santa salmantina…

H.S. Tomé: La Semana Santa es un espectáculo que está en la calle, hay gente que está acreditada para fotografiar y gente que no respeta ni al profesional ni a nadie. Ese es el dilema y la controversia que hay en la Semana Santa. Yo siempre marco mi espacio y hago mis fotografías cuando los profesionales acaban su trabajo.

Carmen Borrego: Estás trabajando y te meten por medio un palo de selfie. Luego no sabes si quitar ciertas cosas o dejarlas en la foto.

H.S. Tomé: Es lo que hay, no entiendo esa obsesión por quitar cables, o signos de nuestro tiempo. Walter Evans incluía en sus fotografías los cables para hacer su composición. Lo que a veces parece un espanto hay que saber reflejarlo.

Ch.A.: ¿Qué hay que tener para componer bien? Es una de tus características aparte de la maestría técnica y de la gran preparación de las fotos.

H.S. Tomé: La composición es muy subjetiva e influye mucho el gusto, hay que analizar y reflexionar. Personalmente me ha servido mucho mi experiencia al diseñar y montar escaparates.

Ch. A.: ¿Te hubiera gustado hacer fotografía de moda?

H.S. Tomé: No, no me hubiera gustado, me gusta la de Javier Vallhonrat, pero te imponen mucho, en esas fotos mandan más el estilista, el cliente, la modelo… al final el fotógrafo en la mayoría de los casos pasa, mide la luz y dispara. Pocos deciden en ese campo. 

Ch.A.: Repito, eres un fotógrafo que expone a los otros pero que no expone mucha obra, Tomé. Por cierto ¿Automático o Manual?

H.S. Tomé: No, no me gusta exponer seguido, seguido. Dice F.J. Blázquez, que es amigo, que soy “un huidizo de la popularidad”. Todo digital, manual y medición puntual.

Ch.A.: ¿Canon, como Amador, o Nikon?

H.S. Tomé: Me declaro canonista, y últimamente, de Olimpus, la óptica de Olimpus es excelente.  Por cierto, Alberto Prieto tiene Fuji.

Ch.A.: ¿Sientes nostalgia de aquella época de grandes asociaciones de Fotógrafos?

H.S.Tomé: No. Salamanca ha tenido muchas y buenas asociaciones de fotógrafos. Federico Chico creó Foto9; Margareto, Formigo, Arranz… estaban en EXPLORA FOTO. Hubo muchos grupos muy buenos, temo olvidar alguno. Lo malo es que desaparecieron las subvenciones y fue todo más difícil, el auge de las Asociaciones de Fotógrafos se situó entre el 85 y el 90. Los charritos no somos mucho de asociaciones pero los fotógrafos hemos estado también en la AFS, la Agrupación Fotográfica Salmantina. Quizás el problema sea que los salmantinos no nos sabemos vender. Ahora bien, este es un momento de fotografía en Salamanca espléndido, dulce.

Ch.A.: ¿Qué faltaría? ¿Más apoyo institucional? ¿Más salas de exposición?

H.S. Tomé: Hay apoyo institucional, pero muy puntual. La política ha estado ahogando a la cultura en cierto modo. Por ejemplo, el archivo de Pepe Núñez está en la Filmoteca, pero hay otros archivos, los de la Sociedad, que se perdieron. No se sabe dónde están los archivos de los grandes fotógrafos de Salamanca, haría falta un Museo de la Fotografía Salmantina porque los grandes museos están ahora comprando más obra fotográfica que pintura.

Carmen Borrego: Ese momento dulce… ¿Cómo se une al hecho de que todo el mundo fotografía aunque sea con el móvil? ¿Cómo mira un fotógrafo?

H.S. Tomé: Aunque sea técnicamente mala, si la fotografía dice algo, nos sirve. Y no hay que tocarla… Cartier Bresson cuando mandaba sus fotografías de la Magnum a los periódicos no consentía que se los recortara nadie. La gente suele fotografiar cosas bonitas, pero el fotógrafo hace bonitas las cosas que fotografía. Y ve de otra manera, cierto, pero todo el mundo puede fotografiar.

Ch.A.: ¿Esa emoción de la que hablabas qué es? ¿Qué es la fotografía?

H.S. Tomé: Principalmente sensibilidad, la luz y la comunicación que hay, esa mirada. Ahora vosotras me miráis a los ojos, eso es lo que es. Una emoción.

La emoción que fija en la mirada de H.S. Tomé la belleza y la geometría de lo que el fotógrafo convierte en retrato de lo eterno. Trémula emoción en la que cristaliza el ritmo de nuestra ciudad de fotógrafos, gentes enamoradas de la alquimia, de la compañía del otro, de la pared en la que se fijan, nitrato de plata, los latidos de una Salamanca retratada. Historia de la fotografía salmantina. De la mirada letrada, de los poetas de la lente, de quienes siguen recorriendo los caminos siempre nuevos y siempre sorprendentes.