Martes, 16 de julio de 2019

¿Ese era el cambio, señor Igea?

Profesor de Derecho Penal de la Usal
Foto: El Norte de Castilla

Las negociaciones que ha llevado a cabo Ciudadanos con el PP y Vox en ayuntamientos y comunidades autónomas de todo el territorio nacional (menos en Cataluña y País Vasco, donde estos tres partidos son absolutamente residuales) han sido relevantes, sobre todo para que el PP siga conservando el poder que las urnas le habían quitado. Ciudadanos también se ha aprovechado de la situación y mediante escandalosos acuerdos ha conseguido acceder a alcaldías donde había conseguido una representación proporcional ridícula.

Así, en Castilla y León, Ciudadanos conseguirá gobernar en ayuntamientos como los de Burgos y Palencia, lugares donde ha sido una opción minoritaria (En Burgos ha conseguido 5 concejales sobre 27 y en Palencia 3 sobre 25 y en ambos ayuntamientos ganó el PSOE con 11 concejales). Y todo, gracias a los apoyos de PP y de Vox. Resulta esperpéntico escuchar, en campaña electoral,  al futuro alcalde de Burgos (de Ciudadanos), cuando decía que Vox era “una opción irresponsable e inútil” o al candidato de esta formación a la presidencia de la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, manifestar que con él llegaría el cambio político en esta región. No sólo no ha llegado ese cambio esperado, sino que han apuntalado al PP y a Mañueco como futuro presidente de la Junta, a pesar de los 32 años ininterrumpidos de gobierno en esta región y de las altas dosis de clientelismo político que han proliferado en estos años.

De los concejales electos por Ciudadanos en el ayuntamiento de Salamanca, ha dimitido María Mayoral, la número 2 de la lista y lo ha hecho por su oposición al “pacto de la vergüenza” al que la formación naranja ha llegado con el PP, en el que se reparten cargos y prebendas. Esta concejala electa ha declarado que es la única de los 4 ediles de Ciudadanos que tiene su propio salario proveniente de su actividad profesional, que no depende económicamente de los recursos que pueda ingresar por su actividad política y, por tanto, abandona la política incluso antes de tomar posesión. Esto sí es un ejemplo de ética personal y honestidad política y deja a las formaciones de PP y Ciudadanos en muy mal lugar.

Lo que está haciendo el ciudadano Rivera con los pactos post electorales es absolutamente irresponsable y está impregnado de un cinismo y de unas ansias de poder indescriptibles. Algunos ya vaticinábamos hace meses que este señor no era trigo limpio; sobre todo a partir del triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez, momento en el que el PSOE comenzó a subir en las encuestas y Ciudadanos a bajar. Desde ese instante cualquier argumento era válido, cualquier medio empleado era eficaz para acceder al gobierno. Incluso su lenguaje se volvió cruel e infame al utilizar epítetos más propios de los totalitarismos europeos del primer tercio del siglo XX que de un demócrata liberal e incluso progresista como él mismo definía a su formación política.

Y esto mismo es lo que están detectando algunos miembros de la formación naranja en los últimos días. Francesc de Carreras, fundador de Ciudadanos, ha llegado a decir de Rivera, -en un artículo de opinión publicado en El país- que “aquél joven maduro y responsable se ha convertido en un adolescente caprichoso que prioriza los supuestos intereses de partido a los de España”. También el economista Manuel Conthe ha calificado de “payasos” a los líderes de esta formación por estas maniobras en los pactos. Por el contrario, afirman que el único líder válido, sensato y coherente en Ciudadanos es Manuel Valls. También la prensa internacional se está haciendo eco de las prácticas caciquiles de Rivera. El prestigioso diario francés Le Monde, sobre el pacto de Ciudadanos con Vox dice que “sus intentos por esconderlo ya no engañan a nadie”.

Por su parte, desde el Elíseo ya se ha pronunciado el entorno del presidente de la republica francesa, Emmanuel Macron, quién se cuestiona la alianza europea de su partido con Ciudadanos porque, como bien ha manifestado la secretaria de estado de asuntos europeos del gobierno francés, Amèlie de Montchalin, “la alianza con la extrema derecha a nivel local, como hemos visto en España, no es una opción”. Más claro, imposible.  

Volviendo al análisis de nuestro caso concreto, el futuro gobierno de la Junta de Castilla y León, dejo en el aire algunas cuestiones para la reflexión del señor Francisco Igea, líder de Ciudadanos en la comunidad; cargo al que accedió después de destaparse un “pucherazo” de su partido en las primarias con su contrincante Silvia Clemente (trásfuga del PP y preferida de Albert Rivera) y al que ese “pucherazo” otorgaba el puesto de candidata a la presidencia de la Junta en detrimento de Francisco Igea: ¿Era ese el cambio que propugnaba para Castilla y León, señor Igea? ¿Puede usted mantener una ética política coherente con los planteamientos políticos que ha trasladado insistentemente a los ciudadanos de Castilla y León y por el que le apoyaron el 26 de mayo? ¿Qué regeneración política puede haber apoyando para el gobierno de la Junta de Castilla y León a un partido que lleva 32 años gobernando y sobre el que pesan acusaciones más que fundadas de clientelismo e implicación en presuntos casos de corrupción?