Sábado, 21 de septiembre de 2019

Cita en El Bardo con Rubens Jardim

Rubens Jardim y Alfredo Pérez Alencart, a la entrada de El Bardo

 

Siempre he sido consciente y he pregonado que el mundo viene a Salamanca, que no hay necesidad de estar por aquí y por allá para sentirse universal, máxime en el ámbito de la Poesía, donde uno viaja más deprisa a través de los libros o de los múltiples soportes que hoy nos proporciona la tecnología. También donde uno recibe visitas presenciales o virtuales que lo mantienen informado de las escrituras que se van fraguando lejos, muy lejos de esta dorada Luciérnaga de Piedra que es la capital del Tormes.

Por ello me sigo estimando un humilde provinciano universal, sin orgullo o grandilocuencias, pero tampoco sin sentirme en lugar menor que otro escriba que more en capitales como Madrid, París o Nueva York: aquí me siento feliz y, de tanto en tanto, recibo a viajantes de otros continentes que solicitan conversar conmigo, entrevistarme, entregarme sus libros o, como es el caso que ahora comento, hacerme entrega de algún librito mío publicado en lejanía.

Así fue como contactó conmigo el destacado poeta paulista Rubens Jardim (1946). Me escribía desde el gran São Paulo, una de las ciudades más pobladas del mundo, con veintiún millones de habitantes, sólo después de Tokio, Nueva Delhi y Shanghai, y antes que Bombay, Ciudad de México, Pekín, Nueva York o Buenos Aires. Pasaría por Salamanca, donde pensaba quedarse un par de días y me anunciaba que traía consigo la plaqueta ‘Onde estão os outros?’, unos poemitas míos seleccionados y traducidos por un poetón llamado Álvaro Alves de Faria. Acababa de ser editado allí por RG Editores y el admirado traductor-poeta me enviaba con este heraldo un paquete con veinte ejemplares.

Rubens Jardim leyendo un poema de Alencart traducido por Álvaro Alves de Faria

 

Era principios de abril y hacía frío. La cita fue en El Bardo, ningún otro lugar mejor, en esta Salamanca que no llega a los ciento cincuenta mil habitantes empadronados, para encontrarme con un poeta jovencito que ya suma 73 mayos y que se curtió declamando poesía en las calles de su inmensa ciudad, primero formando parte del grupo Catequese Poética, liderado por Lindof Bell, luego con vuelo propio, en recitales y encuentros literarios en escuelas, parques… Al verlo me pareció conocerlo desde siempre: esa fue también su reacción, su emoción, su satisfacción por un mágico encuentro entre espíritus hermanos. Dos o tres minutos después de sentarnos me pidió permiso para declamar, en portugués, mi poema ‘Soy, seré’. Lo tenía todo marcado, tanto ese texto como los otros veinte de la plaqueta. Soy un hombre agradecido y, de inmediato, en directo, traduje un poema suyo del libro ‘Cantares da paixão’: “Para el testimonio/ convoca las fiebres// evidentes en tu cabeza./ Levanta los puños y la voz,// deja las piedras y los dedos:/ deja ese alocado e indescifrable espejismo// pero revélame tu silencio/ - esa palpable forma del cambio.// Y si ya no puedes revelar/ el mensaje cifrado,// empuja los velámenes/ y vete solo a velar el velero// en medio de las aguas/ que desaguan aquí// y aquí son guardadas”. Jacqueline, mi esposa y compañera en todo, fotografió y grabó esos instantes perdurables, y nos dejó a los dos hablando de nuestra pasión poética, de Catequésis Poética, de los poetas y profetas bíblicos y de tantas cosas más...

  1. Alencart y Jardim, con sus libros y en la Calle Compañía

 

Media hora tan sólo con Rubens Jardim, aunque me pareció toda una tarde o varios días de intercambio poético (libros propios incluidos), de respeto, de abrazos fraternos.. Jacqueline vólvió de hacer unas compras por el centro de nuestra ‘Luciérnaga de Piedra’ y salimos los tres de ese bar-restaurante que nos acoge desde hace más de treinta años.

Comenzamos a caminar por la enhechizante calle Compañía y, a la primera calle, giramos a la izquierda. Caminamos unos cien metros y lo dejamos en la calle Cervantes, donde estaba el hostal y donde le aguardaba su esposa para salir,  minutos después, hacia Cáceres.

La Poesía sabe ofrecer a sus elegidos ciertas compensaciones mágicas, milenarias, entrañables…

Alencart y Jardim en la Calle Cervantes

 

REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE JACQUELINE ALENCAR