Jueves, 22 de agosto de 2019

¿A qué se espera para una declaración de emergencia climática?

¿Cuántas catástrofes más tendremos que sufrir los españoles para que el gobierno decida declarar la emergencia climática, como muchos gobiernos europeos y americanos ya han hecho? ¿Cuántas inundaciones, sequías, cuántas especies desaparecidas, cuánta desertización del territorio tendremos que soportar para que el gobierno tome conciencia de que se está agotando el tiempo no ya de una imposible solución, sino de un freno en el deterioro catastrófico del planeta?

Si no creemos a los científicos ( que en estos tiempos de mentiras generalizadas y populismos ajenos a la realidad) son los únicos garantes de que sus afirmaciones se corresponden con la objetividad del cambio climático, si no creemos nuestras propias observaciones y experiencia en nosotros mismos y nuestro cercano prójimo, cómo a nuestro alrededor desaparecen especies animales, aumentan significativamente problemas respiratorios y alérgicos en grandes sectores de la población urbana, si no creemos a los cientos de miles de jóvenes que cada viernes se manifiestan, junto a cientos de grupos ecologistas, para que los gobiernos dejen esa actitud pasiva y suicida de minimizar el peligro, o de poner en marcha cuatro programas de fachada, para que nada cambie…

Es que no creemos a nadie. Un pueblo que ha perdido la confianza en los principios básicos de la vida y en los que saben objetivamente más de los temas que nos atañen a todos, no se puede salvar.

Seguiremos, por unas pocas décadas más utilizando aviones y coches contaminantes, cortando miles de árboles de los escasos grandes bosques que aún quedan, recibiendo a muchos más turistas que los que se pueden sosteniblemente acoger, hasta encontrarnos con el abismo que la mayoría de nuestros  gobernantes no quieren ver: que el planeta tierra, nuestra casa,  camina hacia su autodestrucción.

No es que la declaración de emergencia climática resuelva inmediatamente nada, pero hacerla, es la única manera de iniciar claramente los objetivos urgentes y los procedimientos que han de aplicarse para atajar mínimamente este primer y más grave problema que tenemos: es una cuestión de supervivencia.