Nómadas

Parece que me surge de dentro ir contra corriente. Siempre me gustaron las películas de aventuras y de ayuda a los demás, muy tipo Disney. A medida que me he implicado en realidades de injusticia y dolor en familias de exclusión social  o en países como Marruecos, Perú, etc. Quizá el contacto diario con los chicos y chicas de la casa escuela ha hecho que surjan inquietudes y éticas que cuando unos buscan seguridad otros pensamos que la respuesta está en la inseguridad solidaria, mientras otros buscan sedentarismo, nosotros somos cada vez más nómadas.

Ante la vida desordenada de estos chicos buscamos con ellos un equilibrio. Muchas veces son altibajos emocionales producidos por errores ajenos a ellos, su inestabilidad afectiva, su sensación de abandono, su inestabilidad en los estudios, en el trabajo, sus cambios de humor o su inconstancia.

Este ambiente crea un prototipo de nómadas urbanos, del “primer mundo”. Si comparamos con los nómadas del “tercer mundo”, estos que su casa es una haima que busca la supervivencia de sus dromedarios de los que depende una gran familia.

Se construyen personalidades fuertes y físicos imponentes para sobrevivir en el desierto, prácticamente en la nada, sin médicos, sin agua y sin cepillo de dientes.

En una ciudad como Salamanca también hay niños nómadas, de colegio a colegio, de centro en centro, de familia en familia, tampoco se lavan los dientes, no siguen los consejos médicos y están sin escuela reglada y sin familia de sangre. Algunos nómadas del desierto han venido en patera o debajo un camión y  están en el mismo centro o en la misma casa escuela que estos otros niños, nómadas urbanos.

Muchas veces he hablado de los educadores de Santiago Uno como mestizos, interdisciplinares, tenemos mucha diversidad como  los chicos. Pero corremos el peligro de las ideologías asépticas, de los consejos, de los juicios y de las firmas de horas. Por supuesto que cumplimos las leyes aunque sean estúpidas.

No somos el banco Santander, ni Zara. Los escolapios de aquí no sacan beneficios para los paraísos fiscales. Realmente es sin ánimo de lucro y de los chicos, el beneficio para la mejor educación de ellos, la mejor educación para los pobres, y tenemos mil auditorías y un cuatrocientos plus en gestión de calidad, jugamos con las mismas reglas de las empresas.

¿Os imagináis a los nómadas fichando, o a las madres, o a los hijos?. Es dignidad pública el aprovechamiento de algunos funcionarios de la administración, o los fracasados escolares que generan y los traumas que se crean en niños con problemas psiquiátricos presumiendo y justificando los suspensos y la falta de adaptaciones curriculares. ¿Cuántos fichan y se van a un café de dos horas o a leer el periódico?.

¿Cuántos se arrastran al trabajo para sobrevivir y cuántos juegan con las bajas?. Qué fácil es cambiar de bando. ¡ Bajar del pedestal !, viajar con los nómadas, aquí ahí talento, sentimiento y encuentro personal y espiritual. Es un legado que quiero dejar a mis hijas, el desprendimiento de lo material que se puede tener o no sin mayor trascendencia, su casa en una alfombra y un cielo estrellado.

No debemos atarnos ni a leyes hechas por los de arriba, ni a dogmas establecidas por los nuevos ricos.