Miércoles, 21 de agosto de 2019

Retroceso social sin precedentes

Profesor de Derecho Penal de la Usal

La llegada de Trump a la Casa Blanca hace dos años y medio está afectando drásticamente a los derechos fundamentales y a las libertades públicas de los ciudadanos. Esta corriente ultraconservadora, además, está contagiando a buena parte de los países del planeta. Los mensajes que difunden son profundamente reaccionarios, xenófobos, racistas, machistas y excluyentes y lo estamos viendo con la irrupción de formaciones políticas de extrema derecha en países tan relevantes como Brasil, Hungría, Italia, Francia o Alemania y en nuestro país, las últimas elecciones generales dieron alas a un partido nuevo como Vox.

Las consecuencias del gobierno de Trump ya están dejando muñecos rotos por el camino y reformas legislativas tremendamente regresivas en algunos estados de USA que hace tan sólo unos años nunca nos hubiéramos imaginado. El ejemplo más cercano en el tiempo lo tenemos en Alabama, cuyo Senado ha aprobado una ley que castiga duramente la interrupción voluntaria del embarazo. El aborto consentido sólo estará permitido en casos en que corra peligro la vida de la embarazada. Ni la violación ni el incesto constituirán causa de justificación para poder abortar.

Esta reforma legislativa, además, ha sido adoptada exclusivamente por hombres, de raza blanca y pertenecientes al partido republicano. Por otra parte, en la nueva ley está previsto que los médicos que intervengan en el aborto de una mujer (esta quedaría exenta de pena) pueden ser condenados con pena de prisión de hasta 99 años o cadena perpetua. Es absolutamente sorprendente y que lesiona los principios que informan el Derecho Penal Moderno. Estas penas, absolutamente desproporcionadas, no tendrían cabida en los sistemas penales europeos (los más avanzados política y socialmente del mundo). Trump está intentando cambiar el criterio del Tribunal Supremo norteamericano, que en 1973 consideró, mediante una sentencia progresista y conforme a los criterios de los países socialmente más avanzados, que el aborto era un derecho de la mujer. Fue la famosa sentencia o “caso Roe versus Wade”, en la que se estableció claramente por el Tribunal Supremo que “la mujer, amparada en el derecho a la privacidad, puede elegir si continúa o no con el embarazo”. A partir de entonces ese derecho a la privacidad se consideró un derecho fundamental protegido por la constitución federal americana.  Para cambiar el criterio del Tribunal Supremo, Trump ha nombrado a nuevos jueces, y muy conservadores, que serán mayoría en este órgano jurisdiccional, con lo que es muy probable que el duro castigo al aborto consentido sea una realidad.

Debido a las peculiaridades del sistema jurídico norteamericano, lo que pretenden los movimientos pro vida es que las leyes de reforma se recurran a los Tribunales y que lleguen al Supremo, donde, debido a la mayoría conservadora, parece que estaría garantizada una sentencia favorable a esas tesis ultra conservadoras. Una sentencia que dejaría de considerar al aborto como un derecho de la mujer.

Estos movimientos de Trump son sólo la punta del iceberg de lo que realmente pretenden en todo el planeta: volver a los tiempos de los totalitarismos en los que se impongan los criterios de las élites de los poderosos sobre los del resto, donde se sustituya la democracia por la tiranía y donde se deroguen los convenios y tratados internacionales sobre Derechos Humanos. Trump. Bolsonaro, Salvini, Marine Le Pen y Santiago Abascal con su el coro mediático que está aglutinando sobre Vox, lo único que están haciendo actualmente es reivindicar aquéllos totalitarismos de principios del S XX que tan funestas consecuencias tuvieron para la humanidad.

Estamos a tiempo de pararlos en las urnas; no permitamos que la fuerza se imponga sobre la razón, el estado de guerra sobre el respeto a los derechos humanos proclamado en la normativa internacional e interna de los países democráticos más avanzados. No podemos permitir que vuelvan a resurgir regímenes como el nazimo, el fascismo, el franquismo o el stalinismo. Tenemos que seguir reivindicando los principios y valores que presiden el Estado Social y Democrático de Derecho: libertad, igualdad, justicia, tolerancia, solidaridad y pluralismo. Sólo mediante el ejercicio y respeto de los derechos y libertades de los ciudadanos es posible construir estados cada vez más civilizados, modernos y avanzados.

El gran jurista y politólogo italiano Norberto Bobbio decía que “es mejor siempre en peligro pero expansiva que una libertad protegida pero incapaz de desarrollarse. Sólo una libertad en peligro es capaz de renovarse. Una libertad incapaz de renovarse se transforma tarde o temprano en una nueva esclavitud”. No perdamos este referente ni caigamos en tentaciones populistas y reaccionarias, porque, como decía el también gran humanista Tomás y Valiente, siempre hay que “edificar con la razón, la experiencia histórica y la tolerancia, como instrumentos” .