Martes, 16 de julio de 2019

Triunfo de la razón sobre las vísceras

Profesor de Derecho Penal de la Usal

El resultado de las elecciones generales celebradas el pasado domingo en España han servido de bálsamo para poner las cosas en su sitio. Los ciudadanos han apostado por el diálogo y no por la imposición, por la tolerancia y no por la intransigencia, por la solidaridad y no por el egoísmo y los intereses de las élites minoritarias, por un sistema democrático que respeta también los intereses de las minorías, por la moderación y el talante sosegado y no por la crispación, la discordia y el enfrentamiento, por la crítica constructiva y razonable y no por el insulto, la descalificación, la manipulación y la mentira.

El PP y sus aliados políticos naturales procedentes del mismo tronco ideológico conservador unieron sus fuerzas contra el PSOE, Podemos y el resto de formaciones políticas, únicamente por el triunfo de la moción de censura presentada contra M. Rajoy. El PP se sintió herido y Ciudadanos despechado y desbordado por una situación que nunca imaginó. El PSOE de Sánchez apostó por desbancar a un PP podrido de corrupción y lo consiguió. Esto nunca se lo perdonaría Rivera y Ciudadanos porque se percataron que a partir de entonces el PSOE, si gobernaba bien, tendría más posibilidades de ganar unas elecciones .

Heridos unos y despechados otros, tuvieron la osadía de unir sus fuerzas a la extrema derecha de Vox en las elecciones autonómicas andaluzas, rompiendo el criterio que hasta entonces defendían, cual era el de dejar gobernar a la lista más votada y condenando siempre las alianzas de perdedores para acceder al poder. Y accedieron al gobierno de la comunidad andaluza.

A partir de entonces algunos pensamos que tanto PP como Ciudadanos dieron un giro muy brusco y sin precedentes hacia la derecha política más reaccionaria. Desde ese momento sólo se escuchaba en ambos partidos que tenían que repetir esa unión para el gobierno de España. Casado ya había radicalizado su mensaje, porque, no olvidemos, que esa tendencia comenzó el mismo día que ganó las primarias, en segunda vuelta, a Sáenz de Santamaría. Rivera le siguió el juego y ambos desplazaron sus posiciones ideológicas hacia la extrema derecha. Lo que no advirtieron es que ese espacio estaba perfectamente representado por los ultramontanos de Vox.

Continuando con ese giro suicida hacia la derecha, volvieron a unirse (en este caso con foto histórica incluida) en la manifestación de Colón, de 10 de febrero de este año. Desde el primer momento se pudo comprobar que los organizadores no salieron demasiado satisfechos, porque no lograron aglutinar a los cientos de miles de ciudadanos que se manifestaron, en su día, contra las políticas progresistas de Zapatero. Fracasaron claramente y eso hizo que sus mensajes se radicalizaran aún más. Y se escucharon calificativos gruesos contra Pedro Sánchez; es bueno recordar algunos de ellos que salieron escupidos con odio de la boca de Pablo Casado: traidor, felón, ilegítimo, chantajeado, deslegitimado, mentiroso compulsivo, ridículo, adalid de la ruptura de España, irresponsable, incapaz, desleal, catástrofe, ególatra, chovinista del poder, rehén, escarnio para España, incompetente, mediocre, ocupa, cometer alta traición a España y un largo etcétera que no tienen desperdicio.

Pero Rivera no se quedó atrás en esos “cariñosos epítetos” y en una entrevista de televisión española manifestó que “Sánchez no es constitucionalista, es un relativista que todo le vale: pactar con Torra, insultar a los que llevan la bandera de España o llamarnos perros”.

Los resultados del 28-A han puesto las cosas en su sitio. Inmediatamente Casado ha presentado una enmienda a la totalidad de sus argumentos políticos mantenidos hasta la misma jornada electoral. Recordemos que en el último día de campaña tendió la mano a Vox para ir juntos y echar a Pedro Sánchez de la Moncloa. ¡Qué curioso! De aquélla luna de miel con Vox ha pasado a descalificar a sus líderes diciendo que “son de extrema derecha y han vivido de chiringuitos y mamandurrias”.  Por su parte, Rivera que ha conseguido para Ciudadanos 57 escaños (menos de la mitad que el PSOE, con 123 y 9 menos que el PP, 66) no tuvo la elegancia de felicitar al ganador, Sánchez, durante la noche electoral y el único mensaje que ha transmitido es que “tiene que ser el líder de la oposición porque han subido escaños”, obviando que son tercera fuerza política, no segunda y, por tanto, no puede ser el líder de la oposición. Demasiada ansiedad tiene el señor Rivera y mucha soberbia. Casado, al menos, ha sido honesto y ha reconocido que se ha estrellado (aunque todo hay que decirlo, su secretario general, García Egea, ha seguido mintiendo, porque dijo que España con Sánchez ha entrado en “recesión económica”; afirmación falsa, puesto que la economía española ha crecido con fuerza en el primer trimestre de 2019 (0,7 %), más aún que en el último trimestre de 2018 (0,6 %) y un país entra en recesión cuando su crecimiento es negativo durante, al menos, dos trimestres consecutivos). Rivera no lo ha hecho y sabe que sus expectativas se han desmoronado.

Y la mayor catástrofe de estos partidos (PP y Ciudadanos) la han sufrido en las nacionalidades históricas de Cataluña y País Vasco. En la primera, de 48 escaños, Ciudadanos sólo ha conseguido 5 y PP 1, mientras que en País Vasco, de 18 escaños, ni uno ni otro han conseguido representación en el Congreso de los Diputados. En el Senado ni PP ni Ciudadanos han conseguido representación en Cataluña y País Vasco. Difícilmente podrán gobernar España si la representación que tienen en estas comunidades es tan ridícula. Los partidos nacionalistas tienen que agradecerle a PP, Ciudadanos y Vox su alta representación en estas elecciones. El trío de Colón ha querido pisotearlos, anularlos e incluso proponer su ilegalización; pero los electores le han dado la respuesta adecuada, la que se merecen. Los ciudadanos, en su conjunto, ha elegido (como no podía ser de otra manera) para la gestión política a la razón sobre las vísceras.