Lunes, 9 de diciembre de 2019

Honrado pueblo soberano

Se nos olvida, pero en nuestro país el alcanzar y consolidar un sistema democrático ha sido un proceso muy costoso. De ahí lo importante que es protegerlo, defenderlo y consolidarlo. Porque es el sistema político que nos constituye en una sociedad abierta, en la que cabemos todos, en la que nada ni nadie queda excluido, porque la democracia es la casa de todos y también –a ello alude el término griego “demos”– es casa del pueblo.

Porque es el honrado pueblo soberano –un sintagma hermoso y dignificador– el que decide, con su voto, la orientación que desea lleven a cabo los gobernantes elegidos. Por ello, hoy, día de las elecciones generales, es un día de celebración democrática. Y, en un país como el nuestro, que ha sufrido décadas dictatoriales y en el que parecen renacer imposibles nostalgias en tal sentido, es bueno que siga siendo el honrado pueblo soberano el que decida con qué directrices quiere dotar a sus gobiernos.

Pese a que ya llevamos lustros de sistema democrático, aún no tenemos una democracia plenamente consolidada, como otros países europeos que, desde los inicios de la modernidad, tras la revolución francesa, se dotaron de democracias parlamentarias y que funcionan ya en ese sentido desde hace más de un siglo.

Nuestros engranajes democráticos han de ser más fluidos, nuestras instituciones democráticas han de ser plenamente transparentes y al servicio de la ciudadanía, y hemos de contar con mecanismos públicos para que nadie pueda utilizarlas para su beneficio, como, en ocasiones, se ha hecho, y no hay más que ver los escandalosos casos de corrupción que hemos sufrido.

El honrado pueblo soberano. Recuerdo haber leído escrita tal expresión por parte de mi admirado poeta José Ángel Valente, bajo los rostros poderosos y ancestrales de una fotografía de jornaleros del pueblo sevillano de Lebrija; en los que, efectivamente, se percibía de un modo luminoso esa soberanía popular que está en la raíz del ser humano, cuando está investido de dignidad.

Porque la democracia tiene, alberga un efecto civilizador que nos vuelve mejores a todos y a las sociedades en que vivimos. Por ello, hoy, cuando vamos a votar, hay una celebración implícita de carácter civilizador.

Y hemos de avanzar en ese sentido, de construir una casa en la que quepamos todos, sin exclusiones de ningún tipo, una casa del ‘demos’, esto es, casa del pueblo, del honrado pueblo soberano, en una sociedad abierta en la que estamos y que nos merecemos, de todos y para todos.