Sábado, 21 de septiembre de 2019

Desde las alturas 

Siento en la distancia la llegada del-señor Manuel-, a la cita diaria de nuestra charla sobre lo divino y humano. Acude a ella bajando por “La Corredera”, y digo que lo oigo venir porque viene haciendo gala de su clásico “refunfuñar” cuando algo le incomoda y entonces emite: “voces confusas o palabras mal articuladas o entre dientes y que es señal de enojo o desagrado”. Está lejos, su andar es cansino; yo se que hace el camino en solitario y hablando consigo mismo, pues no “maneja” el móvil, así que puedo asegurar y aseguro que llegara muy cabreado…

Y ha llegado y le pregunto sin darle tiempo para sosegarse, eso sí, con cautela ¿Hoy que toca señor Manuel, para estar tan nervioso?

Pues muy sencillo (larga y enojosa pausa)… qué me he cruzado con Ramón “El Gurriato” y me ha preguntado en plan chulo ¿A quién vas a votar el próximo día 28? Se queda en su trasiego, lo cual me obliga preguntarle para su satisfacción, ¿Y qué le ha contestado usted?

Pues que le voy a contestar (indignado y con grandes aspavientos de sus brazos)… Pues que le voy a contestar ¡Qué a él que co…. le importa!

Me parece un poco brusco-señor Manuel-; seguro que tal como está la situación actual a este respecto, alguien añadiría con premura que también grosero y discriminatorio, suerte ha tenido de qué no han oído su expresión.

Eso, eso es lo que me cabrea, esta situación actual  llena de controversias y posverdades y la falta de valores. También tantos “mandangas” sueltos… ¡Qué desgaste de moral gane quien gane en las urnas!... Y sabes una cosa que te voy a pedir. Pues  que te ruego que no hablemos más de este tema ¡ya está bien! y como veo que ya tienes preparado el vermú rojo con anchoas de las redondas y algo más ¿Qué es?... Hornazo-señor Manuel- hornazo salmantino, rico, rico. Seguro que sí, pero te voy a pedir que hoy platiquemos de lo nuestro, del campo, de la falta de lluvias persistentes, de las estrellas, de la amistad; de lo que se tercie, menos de las dichosas urnas, que estoy de ellas hasta…

Estoy de acuerdo con usted, ya que los modos y maneras de la comunicación ahora son diferentes; son tiempos: “bastardos y de una perversión voraz, al menos en algunos de sus perfiles y que han llegado hasta convertirse en aristas de filos hirientes indiscriminados y vejatorios a más no poder”. Así que amigo-señor Manuel, hablemos de lo divino y de lo humano.

Y nos hemos subido (hipotéticamente, aunque muchas veces lo hicimos real), a lo alto de la Iglesia, al-Campanario- de nuestro pueblo y hemos desplegado la cometa asidos firmemente al hilo de nuestros recuerdos de juventud y que no son de hoy, si no de antes de ayer; y que vistos –desde las alturas-, se acrecientan mucho más aquí arriba: “El silencio  y la soledad siempre anidaron junto a los huecos de los nidos de las palomas y las chovas, juntamente con la tristeza y el olvido. Pero también podemos contemplar desde lo alto; un paisaje inaudito, un mar de hierba o un mar de llanuras, de cebadas doradas, trigos aun verdes, centenos y avenas y en los lindones amapolas mil. A lo lejos aún perdura el verde oscuro y perenne de los viejos pinares”.

 

Claro es; que alguien también lo verá con otros ojos y sentimientos y siempre tenderemos que acudir y volver  a lo que  nuestro buen amigo el poeta-Pepe Ledesma- desgrava en su-Ceremonial-: “La meseta, día a día, luchó con la esperanza, voltea su impotencia, entre tomillos y álamos, dibuja su oración en la campana vieja y el silencio de Dios se extiende entre los surcos”. Pues eso.

Y aquí estamos él-señor Manuel y yo en lo alto del viejo-Campanario-y rodeados de viejas campanas que mucho han volteado, tocado y repiqueteado en toques de alegría y tristeza, como sucede siempre en la vida misma… ¡Ah! Si las campanas hablasen en vez de tocar. De siempre me impresionó su tañido que además ha perdurado en mis recuerdos y que ahora muchas veces siento su ausencia y sus sonidos de misas, bodas, bautizos, fuego y muertos de las que siempre fueron fedatarias. Lo que no puedo ver, porque han desaparecido, son los vencejos bullidores que abundaban en demasía, las golondrinas, a la cigarra de caminar cansino y hasta me parece que el sol de esta primavera, es menos sol como para tener que buscar la sombra.

Señor Manuel (le he dado un buen susto ya que estaba ensimismado viendo a los pueblos de los alrededores diseminados en la distancia)-señor Manuel: Usted que fue toda la vida pastor de ovejas-¿Antes llovía más que ahora? Pronto ha reaccionado y contesta convencido… ¡Ya lo creo! Y era tanta su fuerza en el trascurrir en la vida del pueblo; que los-refranes- al respecto abundaban y  era importante su “influencia”, hasta el punto de que la experiencia, la filosofía y la sabiduría popular le han dedicado mucho espacio: “Rana que canta, agua cerca”, “Aguas y soles hacen labores”, “No hay señal de llover como ver el agua caer”, “En abril aguas mil”, “Con agua no hay tierra mala”, “Cada uno quiere llover el agua a su molino”, “Algo tenderá el agua cuando la bendicen” “Nadie diga de esta agua no beberé”, “Aunque nunca llueve a gusto de todos”.

Bajamos a la Plaza y en ella no se ven niños. Él seños Manuel, escueto me dice casi susurrando-Es que hay pocos-.En lo alto de la-Iglesia- las cigüeñas “machan” el ajo…. La vida sigue.

Apuramos el vermú, las anchoas de las redondas y el hornazo y  mi amigo no deja de sorprenderme… No ha estado mal esto de hoy con el hornazo y las anchoas y te voy a preguntar por cierto. Ese señor Revílla de Cantabria; si hombre –el de las anchoas-… ¿Es un sabio o un parlanchín?

Solamente he podido contestar: Por favor –señor Manuel- no empecemos otra vez…